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Troll: acción predecible sin identidad

Marta Sanchis
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La pantalla se llena con un primer plano de Nora Tidemann (Ine Marie Wilmann), su rostro iluminado por la tenue luz de una linterna mientras explora las montañas noruegas. Ese es el gancho visual de Troll (2022), dirigida por Roar Uthaug: una paleontóloga en medio de un paisaje desolado, a punto de despertar algo antiguo y peligroso. La imagen es potente, pero lo que sigue es un ejercicio de fantasía de acción con ambiciones modestas pero clara intención.

Roar Uthaug, conocido por su trabajo en The Wave (2015) y Tomb Raider (2018), demuestra aquí una capacidad para las imágenes épicas sin pretensiones. La secuencia del troll despertando es el punto álgido del film: la criatura, un coloso de piedra y músculo, emerge de las montañas con una mezcla de brutalidad primitiva y cierta torpeza cómica. Es en estos momentos donde Troll encuentra su identidad visual, aunque rápidamente se diluye en convenciones genéricas.

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El guión, escrito por Espen Aukan y Roar Uthaug, peca de predecible. La premisa —una paleontóloga reclutada para detener a un troll— tiene potencial, pero la ejecución adolece de una falta de originalidad. Las decisiones narrativas son poco audaces: el troll tiene «conciencia» y evita aplastar niños, una concesión al rating PG que resulta forzada y ridícula, como señalan en IMDb. La estructura es convencional, con un desarrollo lineal que carece de giros memorables.

Donde Troll sí destaca es en su diseño de producción. Los paisajes noruegos son impresionantes, y la criatura, aunque no revolucionaria, está bien integrada en el entorno. Sin embargo, la edición es errática: los cortes rápidos y las tomas temblorosas restan solidez a escenas que podrían haber sido más impactantes.

El reparto cumple sin sobresalir. Wilmann transmite determinación, pero su personaje carece de profundidad. Kim S. Falck-Jørgensen, como Andreas Isaksen, aporta un contrapunto humano, aunque su arco es demasiado convencional. Los actores secundarios, desde el primer ministro hasta los militares, son meros comparsas en una trama que prioriza la acción sobre el desarrollo de personajes.

La banda sonora, compuesta por Johan Söderqvist, es funcional pero olvidable. No logra elevar las emociones ni añadir capas de tensión a las secuencias clave. El sonido ambiental, sin embargo, es uno de los puntos fuertes: el rugido del troll, los crujidos de la tierra y el viento helado crean una atmósfera inmersiva.

El final es otro punto débil. Es abrupto y poco satisfactorio, como señalan en Metacritic. En lugar de cerrar arcos o ofrecer una reflexión sobre los temas planteados (como la naturaleza versus la tecnología), se conforma con un clímax espectacular pero vacío.

Troll es una película que intenta ser muchas cosas a la vez: un thriller de monstruos, una aventura épica y un comentario social. Pero al final, resulta ser un producto genérico que no logra destacar en ninguno de esos aspectos. La dirección de Uthaug es competente, pero carece del pulso narrativo para elevar el material. El guión es predecible y las actuaciones, aunque sólidas, no añaden capas de profundidad a los personajes.

Comparada con otras películas de monstruos recientes, como The Killer (2023) de David Fincher, que puntúa un 6.8 en MCM Score, Troll palidece. Donde Fincher ofrece una narrativa pulida y personajes memorables, Uthaug se conforma con lo convencional. Incluso películas como Maestro (2023), con un 5.6 en MCM Score, logran más coherencia temática.

El público al que va dirigida Troll es difícil de determinar. No es lo suficientemente inteligente para los amantes del cine de autor, ni lo suficientemente espectacular para los fans de la acción pura. Es una película para ver un domingo por la tarde en Netflix, pero no mucho más.

En resumen, Troll es un esfuerzo desigual que tiene momentos de brillantez visual pero carece de la profundidad narrativa y emocional necesaria para destacar. Uthaug demuestra habilidad técnica, pero el guión y las actuaciones no están a la altura.

La película explora temas como el choque entre la naturaleza y la tecnología, aunque de manera superficial. La idea de un troll antiguo despertado por la actividad humana podría haber sido una metáfora poderosa sobre los peligros del progreso descontrolado, pero Troll nunca profundiza en esta posibilidad. En cambio, se conforma con una trama de acción lineal que prioriza el espectáculo sobre el significado.

La dirección de Uthaug es competente, pero carece de la visión única que define a los grandes directores de fantasía y acción. Su enfoque es seguro, pero también predecible. Las escenas de acción están bien coreografiadas, pero faltan innovación y originalidad. La cámara tiende a ser demasiado errática, lo que dificulta seguir la acción en algunos momentos.

El diseño de producción es otro aspecto destacado. Los paisajes noruegos son impresionantes y aportan una sensación de escala épica a la película. El troll mismo es un diseño bien logrado, aunque su apariencia recuerda demasiado a otras criaturas similares en el cine reciente. La integración de la criatura en el entorno es notable, pero su caracterización adolece de la misma falta de originalidad que el resto del film.

El sonido ambiental es uno de los puntos fuertes de Troll. Los rugidos del troll, los crujidos de la tierra y el viento helado crean una atmósfera inmersiva que ayuda a transportar al espectador al mundo de la película. Sin embargo, la banda sonora compuesta por Johan Söderqvist es funcional pero olvidable, sin lograr elevar las emociones ni añadir capas de tensión a las secuencias clave.

El reparto cumple sin sobresalir. Ine Marie Wilmann transmite determinación y valentía como Nora Tidemann, aunque su personaje carece de profundidad. Kim S. Falck-Jørgensen aporta un contrapunto humano como Andreas Isaksen, pero su arco es demasiado convencional. Los actores secundarios, desde el primer ministro hasta los militares, son meros comparsas en una trama que prioriza la acción sobre el desarrollo de personajes.

En comparación con otras películas de monstruos recientes, Troll palidece. Donde The Killer (2023) de David Fincher ofrece una narrativa pulida y personajes memorables, Troll se conforma con lo convencional. Incluso películas como Maestro (2023), con un 5.6 en MCM Score, logran más coherencia temática y profundidad emocional.

El público al que va dirigida Troll es difícil de determinar. No es lo suficientemente inteligente para los amantes del cine de autor, ni lo suficientemente espectacular para los fans de la acción pura. Es una película para ver un domingo por la tarde en Netflix, pero no mucho más. Carece de la profundidad y originalidad necesarias para atraer a un público más exigente.

En resumen, Troll es un esfuerzo desigual que tiene momentos de brillantez visual pero carece de la profundidad narrativa y emocional necesaria para destacar. Uthaug demuestra habilidad técnica, pero el guión y las actuaciones no están a la altura.

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Fotos: The Movie Database (TMDB)

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