Arte

Agnes Gund: su colección de arte vuelve al mercado y reabre el debate sobre el valor cultural en el arte moderno

Las obras de Rothko, Twombly y Cornell que pertenecieron a la influyente coleccionista estadounidense regresan a subasta y reavivan la conversación sobre legado, poder cultural y el verdadero significado del valor en el arte contemporáneo.
Lisbeth Thalberg

La reaparición en el mercado de piezas clave de la colección de Agnes Gund, incluidas obras de Mark Rothko, Cy Twombly y Joseph Cornell, no es solo un acontecimiento del mundo del arte: es un momento que invita a repensar cómo se construye el valor cultural en la era contemporánea. Más allá de las cifras millonarias, la venta vuelve a poner el foco en el papel decisivo que desempeñan los coleccionistas en la creación de memoria pública y en la consolidación del legado artístico.

Agnes Gund, fallecida en 2023, ocupó un lugar excepcional dentro del ecosistema artístico estadounidense. Nacida en Cleveland en 1938, se convirtió en una figura central del Museum of Modern Art (MoMA) de Nueva York, donde combinó con coherencia poco común los roles de coleccionista, mecenas, gestora institucional y activista. A lo largo de décadas, influyó en la definición del canon del arte moderno y contemporáneo no solo mediante adquisiciones, sino también a través de su labor filantrópica y su compromiso con la gobernanza cultural.

Entre las obras que ahora regresan al mercado destaca No. 15 (Two Greens and Red Stripe), pintada por Mark Rothko en 1964, una pieza monumental realizada en un momento crucial de su trayectoria. A comienzos de los años sesenta, Rothko se había alejado de las paletas luminosas de sus primeras abstracciones para adentrarse en campos cromáticos más oscuros y meditativos, un giro que se acentuó tras el encargo de los murales Seagram en 1958. En este lienzo, amplias superficies verdes y casi negras se ven atravesadas por una intensa franja roja que introduce tensión y dramatismo en una composición sobria y cargada de energía contenida.

CY TWOMBLY
Untitled
signed, inscribed and dated 'Cy Twombly 1961 Rome'
CY TWOMBLY
Untitled
signed, inscribed and dated ‘Cy Twombly 1961 Rome’ (upper left); signed again, inscribed again, and dated again ‘Cy Twombly Roma 1961’ (lower center)
oil, graphite, wax crayon, and oil-based house paint on canvas
49 1/2 x 57 1/4 in. (125.7 x 145.4 cm.)
Executed in 1961.
Estimate: $40,000,000-60,000,000. Credit: CHRISTIE’S IMAGES LTD.

Gund adquirió la obra directamente del artista en 1967, tras visitar su estudio. Ese vínculo directo no es un detalle menor. Rothko defendía la contemplación íntima de sus pinturas y creía en su capacidad de provocar transformaciones emocionales profundas. Convivir con un cuadro de esa magnitud en un entorno doméstico —y no en un museo— sugiere una forma de coleccionismo basada en el diálogo prolongado con la obra, lejos de la mera especulación financiera.

Si Rothko encarna la solemnidad de la abstracción de posguerra, la pintura Untitled (1961) de Cy Twombly representa otra sensibilidad de la época: inquieta, erudita y gestual. Realizada en Roma, pertenece a una etapa en la que el artista fusionaba referencias clásicas con trazos que oscilan entre la escritura y el borrado. La superficie parece espontánea, casi improvisada, pero cada línea sinuosa está impregnada de historia del arte.

La identidad transatlántica de Twombly —estadounidense de origen y europeo por adopción— reflejaba el intenso intercambio cultural que definió los años sesenta. Para coleccionistas como Gund, estas obras no solo suponían una apuesta estética audaz, sino también una mirada cosmopolita. El hecho de que trabajos similares formen hoy parte de grandes museos demuestra hasta qué punto un lenguaje inicialmente radical terminó por integrarse en el discurso institucional dominante.

El tercer eje de la venta lo constituye Untitled (Medici Princess), de 1948, de Joseph Cornell. Sus célebres cajas ensambladas, construidas a partir de objetos encontrados e imágenes renacentistas, operan en una escala más íntima y poética. Son espacios teatrales frágiles donde memoria y deseo se entrelazan, y donde siglos de historia se condensan en vitrinas delicadas. Al reunir en una misma colección a Cornell, Rothko y Twombly, Gund trazó un recorrido que va del ensamblaje lírico a la abstracción monumental, de lo artesanal a lo sublime.

Sin embargo, la relevancia de Gund no puede medirse únicamente por las piezas que poseyó. Su prolongada relación con el Museum of Modern Art —al que se incorporó a finales de los años sesenta en el Comité de Pintura y Escultura, para luego asumir la presidencia y más tarde el título de presidenta emérita— la situó en el centro de las decisiones institucionales en un periodo de expansión y revisión crítica. Bajo su liderazgo en los años noventa y comienzos de los 2000, el museo acometió una ampliación significativa que reflejaba tanto el crecimiento de su colección como la nueva escala del arte contemporáneo.

A lo largo de su vida, también donó una parte sustancial de lo que adquirió. Más de mil obras ingresaron en el MoMA gracias a su generosidad, y cientos más en otras instituciones, con especial atención a artistas vivos. Sus vínculos con figuras como Louise Bourgeois, Jasper Johns y Kara Walker revelan que para ella coleccionar era, ante todo, establecer relaciones, apoyar trayectorias y fortalecer comunidades creativas.

Uno de los gestos que mejor ilustra su convicción sobre la función cívica del arte tuvo lugar en 2017, cuando vendió Masterpiece (1962) de Roy Lichtenstein por 165 millones de dólares. Los fondos se destinaron a Art for Justice, una iniciativa orientada a combatir el encarcelamiento masivo en Estados Unidos mediante acciones culturales y legales. En ese acto, el valor de mercado de una obra icónica del Pop Art se transformó en herramienta de reforma social, demostrando que el arte puede trascender su condición de objeto de lujo.

La próxima subasta de las obras de Rothko, Twombly y Cornell plantea inevitablemente preguntas sobre la circulación de obras maestras en un contexto de precios cada vez más elevados. Solo el Rothko se estima en torno a los 80 millones de dólares. Pero más allá de las cifras, lo que emerge es una reflexión más profunda sobre cómo la custodia privada influye en el patrimonio público. Muchas de las piezas fundamentales del siglo XX pasaron primero por hogares particulares antes de llegar a museos o de volver a salir al mercado.

Gund entendía bien esa trayectoria. En 1977 fundó Studio in a School como respuesta a los recortes en la educación artística en las escuelas públicas de Nueva York, convencida de que el acceso al arte comienza mucho antes de cualquier adquisición. Décadas después, la organización sigue trabajando con estudiantes, conectando el universo de la pintura de alto nivel con las aulas cotidianas.

En última instancia, la dispersión parcial de la colección de Agnes Gund no se reduce a un simple cambio de propietarios. Es un recordatorio de la tensión permanente entre intimidad e institución, entre precio y valor moral. Las obras de Rothko, Twombly y Cornell no solo encarnan la ambición de sus creadores, sino también la huella de una coleccionista que entendió el arte como experiencia estética y responsabilidad pública al mismo tiempo.

A medida que estas piezas abandonan paredes privadas para recorrer salas de subastas y, quizá, integrarse en nuevas colecciones, nos recuerdan que la historia del arte moderno también la escriben quienes deciden convivir con las obras —y, llegado el momento, dejarlas partir— tanto como los propios artistas.

MARK ROTHKO
No. 15 (Two Greens and Red Stripe)
MARK ROTHKO
No. 15 (Two Greens and Red Stripe)
signed, partially titled and dated ‘MARK ROTHKO 1964 #15’ (on the reverse)
oil on canvas
93 x 69 in. (236.2 x 175.3 cm.)
Painted in 1964.
Estimate: In the region of $80,000,000. Credit: CHRISTIE’S IMAGES LTD.

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