Arte

Brittany Nelson transforma un radiotelescopio en una poderosa reflexión sobre la memoria y el deseo

La artista reinterpreta el gigantesco instrumento del Green Bank Observatory como un espejo de las emociones humanas en plena era de exploración espacial
Lisbeth Thalberg

En un momento en que la exploración espacial vuelve a ocupar titulares y alimentar la imaginación colectiva, Brittany Nelson propone una mirada inesperada: convierte uno de los radiotelescopios más avanzados del mundo en una metáfora sobre la memoria, el deseo y la identidad. Su proyecto, centrado en el imponente instrumento del Green Bank Observatory, transforma la búsqueda de vida extraterrestre en una profunda meditación sobre lo que los seres humanos proyectamos en lo desconocido.

El renovado interés global por el espacio, impulsado tanto por agencias estatales como por empresas privadas, ha redefinido el significado cultural de mirar hacia el cosmos. Sin embargo, Nelson se distancia de los discursos de conquista o progreso tecnológico. En lugar de eso, aborda el radiotelescopio no como un símbolo de poder científico, sino como un objeto cargado de resonancias emocionales. Para ella, escuchar el universo también implica escuchar nuestras propias expectativas, ausencias y anhelos.

Formada como fotógrafa, la artista es conocida por recuperar y reinterpretar técnicas analógicas históricas como el mordançage, el bromóleo y el ferrotipo. Estos procesos, desarrollados entre los siglos XIX y XX, conservan una dimensión experimental marcada por el azar, la transformación química y la huella del tiempo. En su práctica, estas técnicas no son un gesto nostálgico, sino una forma de tender puentes entre épocas: los métodos fotográficos arcaicos dialogan con la investigación científica contemporánea, y el cuarto oscuro se convierte en un eco del observatorio.

En Green Bank, el gigantesco radiotelescopio —una proeza de ingeniería diseñada para captar emisiones cósmicas casi imperceptibles— aparece en sus fotografías como una presencia monumental y, al mismo tiempo, extrañamente vulnerable. Las estructuras metálicas se curvan en impresiones en gelatina de plata que enfatizan texturas, sombras y contrastes. La enorme antena, concebida para escuchar señales del universo profundo, se transforma en una superficie simbólica sobre la que el espectador inevitablemente proyecta sus propias narrativas.

Esa tensión entre precisión científica e imaginación alcanza un nuevo nivel en su obra audiovisual Rebecca (2026). Filmada en el propio observatorio, la pieza evoca ecos literarios y cinematográficos de la novela Rebecca de 1938 y su adaptación dirigida por Alfred Hitchcock. En aquellas historias, la ausencia y la memoria funcionan como fuerzas que modelan el presente. Nelson traslada esa atmósfera inquietante a un entorno tecnológico donde el silencio también pesa.

La banda sonora incorpora el zumbido agudo de las bombas de helio líquido del telescopio, un ritmo mecánico que por momentos recuerda a un latido. Visualmente, la película alterna imágenes estáticas en 35 mm con secuencias inestables de cámara en mano. Hay instantes en los que la cámara parece retroceder ante la estructura colosal, y otros en los que se aproxima a ella con una intensidad casi íntima.

El relato es contenido, pero emocionalmente denso. Nelson ha comparado el telescopio con un antiguo amor: un objeto de fascinación y frustración. Desde esta perspectiva, la búsqueda de contacto extraterrestre se convierte en metáfora de una relación fallida: se envían señales, se espera respuesta, se enfrenta el silencio. La escala cósmica no diluye la intimidad, la amplifica.

Con este enfoque, la artista se inscribe en una tradición de creadores que cuestionan el simbolismo cultural de las herramientas científicas. Telescopios, satélites y dispositivos de laboratorio han sido emblemas de progreso y racionalidad, pero también encarnan esperanza, ansiedad y el deseo de trascendencia. Al trabajar en un centro de investigación activo, Nelson evita idealizar la ciencia sin despojarla de su dimensión humana.

Su práctica también dialoga con la relación histórica entre fotografía y verdad. Desde sus orígenes, la imagen fotográfica ha sido asociada con la prueba y la verificación. Al recuperar técnicas antiguas y aceptar manchas químicas, variaciones tonales e imperfecciones deliberadas, Nelson subraya que toda imagen es una construcción: el resultado de procesos materiales y decisiones subjetivas.

En una época marcada por flujos masivos de datos y comunicación constante, la posibilidad de no ser escuchados —de lanzar señales al vacío— adquiere una resonancia particular. El radiotelescopio de Green Bank rastrea el cosmos en busca de patrones que indiquen vida inteligente. Nelson, en cambio, escucha al propio instrumento y lo interpreta como un índice del deseo humano.

La exposición podrá visitarse del 15 de enero al 29 de marzo de 2026 en Cambridge, Massachusetts.

Bratanny Neslon. Candle (still frame from Rebecca)
Candle (still frame from Rebecca), 2026

Gelatin silver print
28 x 45 in (unframed)
30 x 47 in (framed)

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