Arte

El valor de la imagen humana: legado e identidad en la Escuela de Londres

Obras icónicas de Francis Bacon, Lucian Freud y Leon Kossoff reabren el debate sobre memoria, cuerpo e identidad en el arte contemporáneo
Lisbeth Thalberg

Grandes pinturas de Francis Bacon, Lucian Freud y Leon Kossoff vuelven a exhibirse y circular en el mercado internacional, reavivando una discusión crucial para el arte contemporáneo: ¿qué lugar ocupa hoy la imagen humana? En un contexto marcado por la sobreexposición digital y la fragilidad de la identidad, estas obras reivindican el cuerpo como territorio de memoria, experiencia y verdad. Su renovada presencia no solo impacta al mercado, sino que invita a reconsiderar el peso cultural duradero de la pintura figurativa.

El conjunto reúne cuatro piezas fundamentales que abarcan cuatro décadas de creación en el Reino Unido: Self-Portrait de Francis Bacon, A Young Painter y Blond Girl on a Bed de Lucian Freud, y Children’s Swimming Pool, 11 O’Clock Saturday Morning, August 1969 de Leon Kossoff. Vistas en diálogo, trazan una historia emocional y material de la Gran Bretaña de posguerra a través de la carne, la pintura y la experiencia vivida.

La llamada Escuela de Londres nunca fue un movimiento programático ni redactó manifiestos. Se formó de manera orgánica, entre estudios, pubs del Soho, amistades intensas y rivalidades prolongadas. Bacon y Freud se veían casi a diario durante años, mientras Kossoff y Frank Auerbach desarrollaban investigaciones paralelas sobre la materia pictórica y el paisaje urbano. Más que un estilo común, compartían una convicción profunda.

En un momento en que el expresionismo abstracto estadounidense y el conceptualismo europeo redefinían el panorama artístico, ellos permanecieron fieles a la figura humana. Sus superficies eran densas, trabajadas hasta el límite. Sus modelos —amantes, amigos, niños jugando— aparecían sin idealización. Frente a la pureza formal o el distanciamiento intelectual, apostaron por la vulnerabilidad y la exposición directa.

LEON KOSSOFF
Children’s Swimming Pool,
11 O’Clock Saturday Morning,
LEON KOSSOFF
Children’s Swimming Pool,
11 O’Clock Saturday Morning,
August 1969
Estimate: £600,000–800,000

El Self-Portrait pintado por Bacon en 1972 ocupa el núcleo emocional del grupo. Ese año estuvo marcado por la muerte de su pareja, George Dyer, y el artista respondió con una serie de autorretratos implacables. En esta imagen, el rostro parece desfigurado, inestable, como si oscilara entre la disolución y la resistencia. Rosas intensos y azules amoratados atraviesan la carne; los ojos se desplazan, la boca se contrae en un gesto tenso. Más que observado, el retrato parece sufrido.

La historia expositiva de la obra consolidó su lugar como una de las miradas más incisivas que Bacon dirigió hacia sí mismo. El hecho de que pasara directamente del artista a su médico, en un momento de turbulencia personal, refuerza la estrecha relación entre biografía y pintura.

En A Young Painter, Freud captura otro punto de inflexión. El retrato de Ken Brazier marca la transición desde la línea precisa de sus primeros trabajos hacia una pintura más táctil y física. Influido en parte por la intensidad gestual que defendía Bacon, Freud abandonó los pinceles finos y comenzó a trabajar con cerdas gruesas, pintando de pie y acercándose al lienzo con mayor energía.

El resultado es un rostro que parece emerger desde la superficie. Los rasgos están cargados y densos, pero vibran con presencia. Freud logró que la pintura funcionara casi como piel, registrando cansancio, inseguridad y resistencia. En una época en la que el retrato era visto por muchos como un género conservador, amplió sus posibilidades psicológicas.

Décadas más tarde, Blond Girl on a Bed profundiza en esa exploración a través de la tradición del desnudo reclinado. Freud dialoga con una genealogía que va de Tiziano a Velázquez, pero el resultado se aleja de cualquier serenidad clásica. La modelo, Sophie de Stempel, aparece recostada y expuesta, su cuerpo construido con una acumulación espesa de pigmento que roza lo escultórico.

Freud prefería hablar de “pinturas desnudas” antes que de desnudos. En ellas, la vulnerabilidad y la conciencia del propio cuerpo son evidentes. La carne no está suavizada ni idealizada: pesa, ocupa espacio, reclama tiempo. En una era saturada de imágenes instantáneas del cuerpo, su insistencia en las largas sesiones y la observación prolongada adquiere un carácter casi contracultural.

Por su parte, Children’s Swimming Pool de Kossoff amplía la escena hacia un entorno social más amplio. La pintura representa una piscina pública del norte de Londres que el artista frecuentaba con sus hijos. A diferencia de la compresión dramática de Bacon o el aislamiento introspectivo de Freud, Kossoff expande el espacio. El lienzo vibra con cuerpos en movimiento, resueltos mediante capas densas de pintura y trazos enérgicos.

Sin embargo, la obra no busca el espectáculo. Lo esencial es la atmósfera: la luz que se refleja en el agua, la sensación sonora que parece atravesar la superficie pictórica. Kossoff, que anteriormente había representado solares bombardeados y obras de reconstrucción, convierte aquí una escena cotidiana en una experiencia cargada de memoria. Incluso lo ordinario adquiere una dimensión épica cuando pasa por el filtro del recuerdo.

La relevancia actual de este conjunto no radica únicamente en su visibilidad en el mercado, sino en lo que recuerda sobre la segunda mitad del siglo XX. Estos artistas reafirmaron el cuerpo como lugar de verdad en tiempos en que la guerra, la tecnología y la ideología habían puesto en duda su estabilidad.

También dejaron una huella decisiva en generaciones posteriores. Muchos pintores contemporáneos reconocen su deuda con la Escuela de Londres por su compromiso con la carne y la inmediatez psicológica. La persistencia de la figuración en la escena artística global tiene raíces profundas en aquella negativa a abandonar la forma humana.

Al regresar hoy a los circuitos de exhibición y coleccionismo, estas obras arrastran capas de tiempo: el Soho de los años cincuenta, las convulsiones sociales de los setenta, la transformación urbana de Londres. Recuerdan que el valor del arte no se mide solo en cifras o titulares de subastas, sino en la capacidad de la pintura para preservar la memoria y seguir transmitiendo, décadas después, la urgencia de estar vivos, desde 1957 hasta 1987 y 1972, con un punto clave en agosto de 1969.

LUCIAN FREUD
A Young Painter
LUCIAN FREUD
A Young Painter
Estimate: £4,000,000–6,000,000

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