Arte

Los robots de Hajime Sorayama y la memoria cultural de la era de las máquinas

La obra de Hajime Sorayama revela cómo las ideas de belleza, deseo y tecnología han moldeado la identidad cultural moderna.
Lisbeth Thalberg

A medida que los sistemas digitales y la inteligencia artificial reconfiguran la vida cotidiana, las imágenes a través de las cuales las sociedades imaginan la tecnología adquieren un peso creciente. El arte de Hajime Sorayama ha habitado desde hace décadas este territorio, examinando cómo las máquinas reflejan valores humanos, fantasías y temores. Su trabajo, que abarca la ilustración, la escultura y los entornos inmersivos, ofrece una lente para observar cómo la cultura moderna ha aprendido a verse a sí misma a través de superficies pulidas y cuerpos mecánicos.

Una gran retrospectiva que se inaugura en el Creative Museum Tokyo recorre la carrera de Sorayama desde finales de la década de 1970 hasta la actualidad, presentando su obra no como una sucesión de imágenes icónicas, sino como una investigación sostenida sobre la luz, el reflejo y la transparencia como fuerzas culturales HS_CMT_press release_en. La exposición llega en un momento en que el lenguaje visual que Sorayama ayudó a configurar —superficies hiperbrillantes, máquinas antropomórficas, tecnología erotizada— se ha vuelto omnipresente, desde el diseño de productos hasta los avatares digitales.

Sorayama llamó la atención por primera vez en 1978 con una ilustración de un robot creada para un anuncio de whisky. Lo que podría haber quedado como un encargo comercial se convirtió en la base de un proyecto de toda una vida: la invención de un cuerpo metálico que no era ni completamente humano ni completamente mecánico. Sus figuras de “Sexy Robot”, representadas con una precisión técnica obsesiva, introdujeron un nuevo vocabulario estético en el que la piel de cromo reflejaba no solo la luz, sino el propio deseo.

Hajime Sorayama
Untitled
2025
Acrylic, digital print on canvas
H197 x W139.4 × D4 cm
Hajime Sorayama
Untitled
2025
Acrylic, digital print on canvas
H197 x W139.4 × D4 cm

Durante la década de 1980, a medida que se expandían las ambiciones tecnológicas de Japón y la cultura popular global adoptaba la imaginería de la ciencia ficción, la obra de Sorayama circuló ampliamente más allá del mundo del arte. Sus ilustraciones aparecieron en portadas de discos, revistas y campañas publicitarias, moldeando silenciosamente una imaginación visual compartida. A diferencia de muchos artistas que transitaron entre el arte y el comercio con reticencia, Sorayama consideró esa frontera como permeable. La exposición deja claro que no se trataba de una concesión, sino de una postura: la convicción de que la cultura visual, dondequiera que se manifieste, participa en la formación de valores.

Al recorrer el arco cronológico de la muestra, los primeros dibujos conviven con lienzos de gran formato y obras escultóricas posteriores. La evolución no es tanto temática como técnica. La preocupación constante de Sorayama ha sido cómo representar la propia luz: cómo se curvan los reflejos, cómo se disuelven las superficies, cómo la transparencia sugiere profundidad sin revelar sustancia. Sus máquinas parecen impecables, pero nunca inertes. Su pulido implica movimiento, tiempo y una transformación latente.

Varias instalaciones trasladan esta obsesión al espacio físico. Los entornos espejados multiplican las figuras en regresiones infinitas, desestabilizando la orientación del espectador. Las obras en vídeo sitúan cuerpos robóticos en paisajes cósmicos a la deriva, donde la escala y la gravedad pierden significado. Estas experiencias tienen menos que ver con el espectáculo que con la percepción: lo fácil que es seducir al ojo, lo rápido que se disuelve la certeza cuando se enfrenta al reflejo.

Los robots de Sorayama suelen analizarse en términos de sexualidad, y la exposición no elude este aspecto. Cuerpos de código femenino, desnudos o semidesnudos, reaparecen a lo largo de su obra, con poses que evocan tanto la escultura clásica como la ilustración pin-up. Lo que emerge con el tiempo no es la provocación por sí misma, sino una interrogación sostenida sobre cómo se construye el deseo. Al representar los cuerpos como máquinas, Sorayama expone la lógica mecánica que ya gobierna los ideales de belleza, simetría y perfección.

Al mismo tiempo, la retrospectiva complica cualquier lectura simplista de su obra como fantasía futurista. Junto a los robots humanoides aparecen dinosaurios, tiburones y unicornios metálicos: criaturas extraídas del mito, la memoria infantil y el tiempo profundo. Estas figuras sugieren que la visión del futuro de Sorayama es inseparable de la nostalgia. La tecnología, en su trabajo, no reemplaza a la historia; la absorbe, preservando símbolos antiguos en nuevas superficies.

Las secciones de archivo de la exposición subrayan esta continuidad. Los dibujos originales para el robot AIBO de Sony se presentan junto a colaboraciones con la moda y proyectos vinculados a la música, revelando cómo la imaginería de Sorayama ha circulado con fluidez entre industrias sin perder sus preocupaciones centrales. Lejos de diluir su práctica, estos cruces han ampliado su alcance, incrustando su lenguaje visual en la vida cotidiana.

Vistas en conjunto, las obras componen el retrato de un artista menos interesado en la predicción que en la reflexión. Sorayama no dice a los espectadores cómo será el futuro; muestra cómo ya lo imaginamos. Sus superficies espejadas devuelven nuestra mirada y preguntan qué proyectamos sobre las máquinas y por qué.

Mientras las sociedades afrontan una aceleración constante del cambio tecnológico, la obra de Sorayama adquiere una relevancia renovada. Nos recuerda que las imágenes no solo ilustran el progreso; configuran los marcos emocionales y éticos a través de los cuales ese progreso se comprende. En el brillo del metal pulido, sugiere la exposición, no solo vislumbramos el futuro de las máquinas, sino los valores que llevamos con ellas.

Hajime Sorayama
Untitled
1978
Acrylic on illustration board
H51.5 x W72.8 cm
Hajime Sorayama
Untitled
1978
Acrylic on illustration board
H51.5 x W72.8 cm

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