Cine

53 domingos: cuando el padre envejece y los hermanos llevan la cuenta de todo lo que nadie ha dicho

La reunión que ninguna familia quiere tener, con los cuatro mejores actores del cine español en la misma habitación
Martha Lucas

Hay una conversación que tarde o temprano todas las familias tienen que mantener. No es la que aparece en el orden del día. La que figura en el orden del día es práctica, logística, urgente: ¿qué hacemos con papá? La real es otra. La real lleva años esperando en el fondo de cada sobremesa, de cada llamada acortada con una excusa, de cada visita apresurada. Cesc Gay lleva toda su carrera cinematográfica preparándose para filmar esa conversación.

En 53 domingos, un padre de ochenta y seis años ha empezado a comportarse de manera extraña. Sus tres hijos adultos quedan para decidir qué se hace con él: ¿residencia o casa de uno de ellos? La reunión empieza con toda la corrección que puede fabricar una familia que lleva tiempo sin verse de verdad. Y entonces alguien dice la palabra equivocada. O la correcta, que en una familia viene a ser lo mismo.

La arquitectura familiar que Gay construye es de una fertilidad dramática y cómica extrema. Los dos hermanos y la hermana que se sientan a la mesa no son simplemente personajes: son arquetipos de un sistema que cualquier familia española reconocerá con una precisión que puede resultar incómoda. El hermano exitoso que confunde el éxito económico con la autoridad moral. El que cargó con más sin haber pedido cargar. La que dice la verdad porque ya no encuentra razones para no decirla. Y la cuñada, Alexandra Jiménez, que lo ha visto todo desde dentro durante suficientes años como para saber exactamente dónde están todos los cables, y exactamente cuáles no hay que tocar.

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Javier Cámara, el actor con el que Gay ha construido su imaginario más personal desde Truman, trae a su papel esa cualidad que define su mejor trabajo: la de un hombre de inteligencia y sensibilidad genuinas que no puede evitar que ambas se conviertan en una forma de agresión. Carmen Machi opera en la frecuencia que la hace única en el cine español: la de alguien que tiene tanta capacidad para la comedia como para el dolor, y que no distingue entre los dos porque, en el fondo, tampoco los distingue la vida. Javier Gutiérrez acomete el papel más técnicamente exigente del conjunto: el hermano que ha llegado lejos y que por eso cree que lleva razón en todo. Gay ha reconocido que fue el personaje que más trabajo le costó calibrar. Lo que la mirada de Gutiérrez hace con ese hombre, esa mezcla precisa de certeza y obcecación que resulta simultáneamente irritante y entrañable, es la clase de trabajo actoral que no se ve.

El tono en el que trabaja Gay no tiene una etiqueta limpia. No es comedia dramática en el sentido de que haya momentos cómicos y momentos dramáticos que se alternan con educación. En sus películas, el humor y el dolor ocupan el mismo espacio al mismo tiempo. Se ríe porque no se puede hacer otra cosa, y lo que no se puede hacer tampoco es llorar. Los personajes de Gay son graciosos con exactamente la misma frecuencia que son incapaces de decir lo que sienten, lo cual no es una coincidencia. El chiste es el escudo, la interrupción, el aplazamiento. La carcajada que llega en mitad de una tensión insoportable en 53 domingos no la alivia: la complica, la hace más humana, más reconocible.

La película fue rodada en treinta días, principalmente en el centro de producción de Netflix en Tres Cantos, con exteriores en Madrid. El director de fotografía Andreu Rebés trabajó con una Arri Alexa 35 y ópticas Leica Summilux C, una elección que produce imágenes de una calidez específica: rostros bien iluminados sin ser embellecidos, espacios domésticos que respiran sin volverse pintorescos, la luz de una tarde de domingo en un piso de Madrid que podría ser cualquier piso de Madrid. El lenguaje visual es el de la contención teatral vuelta cine: Gay no utiliza la cámara para abrir el espacio de su obra de teatro original, sino para penetrar más adentro de él, para acercarse más a las caras en el momento en que dicen lo que no deberían.

53 domingos se inscribe en una tradición que en España tiene raíces muy concretas: la del sainete como disección social, la del humor como única forma de sobrevivir a la familia. Del teatro de Mihura y Jardiel Poncela, que sabían que la mejor forma de decir algo insoportable era hacer reír primero, hasta las comedias de Berlanga, que usaban la familia como microscopio de todo lo que la sociedad española prefería no ver. Gay pertenece a esa estirpe, aunque su tono sea más intimista, más amable, y, en el fondo, más esperanzador: sus familias no se destruyen. Sobreviven. Lo que se dice en la reunión no se puede no haber dicho, pero tampoco hace desaparecer los cuarenta años de amor torpe y obstinado que hay debajo.

53 Sundays
53 Sundays – Courtesy of Netflix

La película se adapta de la obra de teatro 53 diumenges, que Gay estrenó en el Teatre Romea de Barcelona en 2020, con Pere Arquillué, Marta Marco, Àgata Roca y Lluís Villanueva. Para la versión cinematográfica, el director reunió el reparto que había imaginado desde el principio: Cámara, Machi, Gutiérrez y Jiménez. El rodaje se extendió entre junio y julio de 2025. 53 domingos llega a Netflix el 27 de marzo de 2026, producida por Imposible Films, la productora barcelonesa que ha acompañado a Gay en toda su trayectoria, con Marta Esteban y Laia Bosch como productoras ejecutivas.

Lo que Gay lleva preguntando toda su carrera es esto: ¿qué hacemos con el amor cuando no sabemos cómo expresarlo? Sus personajes llevan años sin decir lo que sienten, y cuando finalmente se ven obligados a decirlo, lo dicen mal, en el peor momento, con demasiada fuerza o con demasiada ironía. Pero lo dicen. Y ese decirlo imperfecto, torpe, a veces hiriente, es lo más cerca que una familia puede estar de la verdad. 53 domingos es una película sobre los hijos que se sientan a hablar del padre y descubren que llevan décadas hablando de sí mismos. Y sobre cómo ese descubrimiento, que podría ser una ruptura, resulta ser lo más parecido a un abrazo que esta familia ha conseguido en mucho tiempo.

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