Música

Carla Maxwell y el desafío del liderazgo artístico después del fundador

Un homenaje en The Joyce Theater reflexiona sobre cómo una directora redefinió el legado, la custodia y la continuidad más allá de la figura fundacional de una compañía.
Alice Lange

La Limón Dance Company se reúne en The Joyce Theater para rendir homenaje a Carla Maxwell, la directora artística que guio al conjunto durante casi cuatro décadas. La ocasión destaca algo más que una trayectoria distinguida. Plantea una cuestión central en la vida cultural: cómo una institución artística sostiene su identidad cuando la fuerza que la creó ya no está.

Maxwell, fallecida en 2025 a los 79 años, se incorporó a la compañía en 1965 bajo la dirección de José Limón. Rápidamente se convirtió en una intérprete principal de su obra, estrenando roles en piezas como Dances for Isadora y Carlota, y dando forma al personaje de Emilia en The Moor’s Pavane con una inteligencia dramática que pasó a ser esencial en la identidad de la compañía.

Sin embargo, fue su liderazgo tras la muerte de Limón lo que resultó decisivo. En 1978, después de un período como directora artística asociada bajo la dirección de Ruth Currier, Maxwell asumió el cargo de directora artística. En ese momento, la pregunta que enfrentaba la compañía era una que sigue resonando en las artes escénicas: cómo puede continuar un grupo construido en torno a una voz creativa singular cuando esa voz desaparece.

La respuesta de Maxwell no fue ni la preservación estricta ni la reinvención por sí misma. En cambio, trató el repertorio como una práctica viva. El programa conmemorativo refleja esta filosofía al entrelazar material de archivo —incluidas grabaciones recientemente redescubiertas de sus años como estudiante en Juilliard— con fragmentos en vivo de There is a Time y Missa Brevis de Limón, junto con Sonata y Etude de la propia Maxwell y Figura de Murray Louis. La estructura sugiere continuidad más que clausura.

Su gestión coincidió con transformaciones más amplias en la danza estadounidense. La generación de coreógrafos de la posguerra había consolidado la danza moderna como una forma teatral seria, arraigada en la expresión psicológica y en temas humanistas. A finales de los años setenta y durante los ochenta, sin embargo, cambiaron tanto el público como las estructuras de financiación. Las compañías construidas en torno a figuras fundadoras —ya fuera en la danza, el teatro o la música— comenzaron a enfrentar la sostenibilidad como una cuestión artística. Maxwell se convirtió en una de las primeras líderes en demostrar que el repertorio de un fundador podía mantenerse vigente sin convertirse en pieza de museo.

Los reconocimientos que recibió, entre ellos un Dance Magazine Award y la Medalla Nacional de las Artes otorgada en 2008 en nombre de la fundación, reconocieron no solo un logro personal, sino la resiliencia institucional. Bajo su dirección, el repertorio de Limón se amplió con cautela, incorporando voces contemporáneas sin perder la claridad dramática y técnica asociada a los orígenes de la compañía.

El homenaje incluirá intervenciones del actual director artístico Dante Puleio, la directora artística asociada Logan Frances Kruger, el ex presidente del consejo Robert A. Meister, el historiador de Jacob’s Pillow Norton Owen, y colaboradores de larga trayectoria como Daniel Lewis, Clay Taliaferro, Gary Masters, Roxane D’Orleans Juste y Nina Watt. Su presencia subraya el tejido intergeneracional que Maxwell cultivó.

Este tipo de encuentros no son solo actos de recuerdo. En la danza, donde el cuerpo es a la vez archivo e instrumento, el legado depende de la transmisión. Las clases técnicas, los procesos de ensayo y la mentoría informal suelen moldear el futuro de una compañía más que cualquier estreno aislado. La influencia de Maxwell se extendió a esos espacios más silenciosos donde se forma la cultura institucional.

En 2026, mientras la compañía celebra su 80º aniversario, también inaugura el Fondo Legado Carla Maxwell para apoyar el desarrollo de bailarines, la formación en liderazgo y las iniciativas de bienestar. La decisión refleja el reconocimiento de que la continuidad artística depende tanto de la infraestructura humana como del repertorio. En un ámbito marcado con frecuencia por la precariedad financiera y el riesgo físico, este tipo de compromisos apunta hacia modelos de cuidado en evolución dentro de la cultura escénica.

La historia de la danza moderna en Estados Unidos suele narrarse a través de fundadores carismáticos: Limón, Graham, Ailey, Taylor. La contribución de Maxwell complejiza ese relato. Demostró que la segunda generación puede ser tan formativa como la primera, no eclipsando la voz del fundador, sino asegurando su resonancia a lo largo del tiempo.

Cuando el público se reúna en The Joyce Theater, no solo encontrará material de archivo y fragmentos de obras canónicas, sino también un argumento sobre la continuidad misma. Al sostener un repertorio nacido a mediados del siglo XX hasta bien entrado el XXI, Maxwell reformuló el significado del legado en la interpretación: no una preservación inmóvil, sino una práctica sostenida por artistas vivos.

En ese sentido, el homenaje pasa a formar parte de la coreografía en curso. Sitúa una vida individual dentro del arco más amplio de la danza moderna estadounidense, donde memoria, encarnación y comunidad siguen siendo inseparables.

Carlota (1972. Carla Maxwell.  Carlos Orta Photographer
Carlota (1972. Carla Maxwell. Carlos Orta Photographer

Debate

Hay 0 comentarios.

```