Música

El concierto para violonchelo de Jessie Montgomery y la cuestión del legado musical

Una nueva obra orquestal de Jessie Montgomery sitúa la memoria personal dentro de una conversación más amplia sobre identidad, herencia y liderazgo en la música contemporánea. Escrita para el violonchelista Abel Selaocoe, la pieza reflexiona sobre cómo los artistas dan forma a la tradición al elegir qué elementos llevar consigo hacia el futuro.
Alice Lange

A medida que la música orquestal continúa replanteándose qué relatos cuenta y cómo se expresa la autoridad a través del sonido, These Righteous Paths entra en el repertorio como una obra modelada por el recuerdo más que por el monumento. El concierto de Montgomery aborda el legado no como algo fijo ni recibido intacto, sino como una práctica viva, formada mediante la colaboración, la escucha y el acto deliberado de mirar atrás para poder avanzar.

El concierto surge del diálogo de Montgomery con la escritura de su madre, Robbie McCauley, dramaturga e intérprete vinculada al movimiento de teatro negro posterior a la era de los Derechos Civiles en Estados Unidos. En lugar de adaptar textos concretos, Montgomery trata el lenguaje de su madre como un reservorio de ritmo, gesto y contorno emocional. El resultado es una música que escucha hacia atrás sin caer en la nostalgia, y que concibe el recuerdo como un proceso activo y continuo.

Esta orientación hacia el pasado se articula a través del concepto de Sankofa, un símbolo de África occidental que expresa la necesidad de regresar a lo que se ha dejado atrás para poder avanzar. En términos musicales, el concierto traza formas familiares —melodías de carácter vocal, figuras repetitivas, ecos de danza y de procesión— solo para estirarlas y reconfigurarlas. La forma rehúye un cierre ordenado y se despliega, en cambio, como una serie de cruces entre reflexión e impulso.

En el centro de ese movimiento se encuentra la presencia del violonchelista Abel Selaocoe, para quien fue concebida la obra. La práctica de Selaocoe va más allá de los roles instrumentales convencionales e incorpora la voz, la improvisación y patrones rítmicos procedentes de múltiples tradiciones. La partitura de Montgomery no trata estos elementos como mero color superficial, sino que los integra en la estructura del concierto, permitiendo que convivan, sin jerarquías, transiciones entre texturas de continuo con resonancias barrocas, pasajes basados en el groove y una escritura orquestal expansiva.

Las primeras interpretaciones sitúan la obra en diálogo con el repertorio orquestal establecido, desde Leonard Bernstein hasta Richard Wagner. Este contexto importa. Al programar These Righteous Paths junto a obras canónicas, los responsables no la presentan como una excepción temática ni como un gesto conmemorativo, sino como parte de un continuo vivo de la expresión musical a gran escala. Los temas del concierto —migración, ascendencia y renovación— resuenan de otro modo cuando se escuchan frente al peso heredado de la propia tradición sinfónica.

El conjunto de la obra de Montgomery ha abordado de forma constante cuestiones de comunidad y presencia social, a menudo difuminando las fronteras entre la música de concierto, las formas vernáculas y la práctica colaborativa. Sus recientes trabajos orquestales y de cámara apuntan a un esfuerzo sostenido por ampliar aquello que la música orquestal puede albergar, tanto en lo sonoro como en lo cultural, sin renunciar a sus ambiciones formales.

A medida que These Righteous Paths viaja de Berlín a Bruselas, Wrocław, Toronto y otros destinos, ofrece un modelo de cómo la composición contemporánea puede enfrentarse a la pérdida sin replegarse en un simbolismo privado. En su lugar, Montgomery propone la escucha como un acto colectivo: una forma de reconocer lo que se ha transmitido, manteniéndose a la vez abierta a lo que aún está por formarse.

En ese sentido, el concierto no se dirige solo a las particularidades de una historia familiar, sino a un momento más amplio en la creación musical, en el que la tradición deja de ser una herencia fija para convertirse en un conjunto de caminos que se recorren una y otra vez, se revisan y se hacen sonar de nuevo.

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