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La reina del ajedrez: el documental de Netflix que recorre el camino pionero de Judit Polgár

La gran maestra húngara Judit Polgár, considerada la mejor jugadora de la historia, protagoniza el nuevo documental de Netflix La reina del ajedrez. La película recorre cómo rompió las barreras de un deporte dominado por hombres y se abrió paso entre la élite mundial.
Jack T. Taylor

La reina del ajedrez llega en un momento de renovado interés global por el ajedrez y pone el foco en una historia real extraordinaria, poco conocida fuera del ámbito especializado. Presentado con una acogida positiva en el Festival de Sundance, el documental explora por qué la trayectoria de Polgár sigue siendo relevante en debates actuales sobre igualdad de género y expectativas sociales.

La gran maestra húngara Judit Polgár, la mejor jugadora de todos los tiempos, es el centro del nuevo documental de Netflix La reina del ajedrez. La película relata cómo Polgár logró abrirse paso en las filas masculinas del ajedrez competitivo —enfrentándose a escépticos, barreras sociales e incluso al campeón mundial Garry Kasparov— para consolidar su lugar entre las grandes figuras históricas del juego.

La reina del ajedrez surge en un contexto de renovado auge del interés por el ajedrez a escala mundial y arroja luz sobre una historia real extraordinaria, en gran medida desconocida fuera de la comunidad ajedrecística. Tras su debut con una recepción favorable en el Festival de Sundance, el documental se abre camino hacia el público de Netflix. En su núcleo, examina por qué el recorrido de Polgár importa hoy: en una época que aún lidia con la igualdad de género en el deporte y más allá, su vida se presenta como un ejemplo contundente de cómo desafiar expectativas y reescribir las reglas del juego.

La película encuentra un equilibrio entre el drama deportivo de alto nivel y la biografía íntima. A través de entrevistas sinceras y material de archivo, La reina del ajedrez se despliega con un tono inspirador pero lúcido, celebrando los triunfos de Polgár al tiempo que analiza los obstáculos que enfrentó. Entre los temas centrales aparecen el sexismo explícito y el escepticismo que recibió una joven decidida a competir en lo que había sido un club masculino, así como la intensa presión asociada a ser etiquetada como prodigio. El relato no elude el coste humano de la excelencia: muestra a una competidora decidida que tuvo que navegar tanto las exigencias del ajedrez de élite como el peso de las expectativas ajenas desde la infancia. Pese a esas tensiones, el tono se mantiene esperanzador y se centra en la resiliencia y la pasión de Polgár por el juego, sin retratarla como una víctima.

La dirección corre a cargo de Rory Kennedy, documentalista nominada al Óscar conocida por abordar cuestiones sociales en filmes como Last Days in Vietnam y Downfall: The Case Against Boeing. Kennedy aporta una mirada matizada que sitúa la saga personal de Polgár en un contexto más amplio de cambio cultural. Bajo su guía, el ascenso de Polgár no es solo una historia deportiva, sino también un estudio sobre la ruptura de barreras, un enfoque alineado con el interés de la directora por los perfiles de coraje y resiliencia. La producción reunió de nuevo a Kennedy con sus socios habituales, Mark Bailey y Keven McAlester, y su estreno en Sundance supuso un momento de cierre de ciclo para la cineasta, cuya carrera se vio impulsada en sus inicios por ese festival. Ahora, con la plataforma global de Netflix, La reina del ajedrez se dispone a llevar la historia de Polgár a una audiencia internacional amplia.

La historia comienza en el Budapest de finales de los años ochenta, donde Judit Polgár y sus dos hermanas mayores crecieron en un diminuto apartamento como parte de un ambicioso experimento educativo. Su padre, László Polgár, era un pedagogo convencido de que los genios se forman, no nacen, y se propuso demostrarlo convirtiendo a sus hijas en campeonas de ajedrez. El documental se adentra en esta crianza poco convencional: educación en casa, horas diarias de práctica y un enfoque exclusivo en el dominio desde edades tempranas. Fue un método que generó controversia —algunos lo consideraban excesivo—, pero que produjo resultados evidentes. Judit, la menor, fue una niña prodigio: a los 12 años ya era la mejor jugadora del mundo y a los 15 obtuvo el título de gran maestra, superando el récord previo de Bobby Fischer como el gran maestro más joven. La reina del ajedrez muestra cómo estos hitos fueron solo el inicio de un recorrido destinado a poner a prueba los límites de lo que una mujer podía lograr en el ajedrez.

A medida que avanza la carrera de Polgár, la película la sigue hasta los bastiones masculinos del ajedrez internacional, donde a menudo era la única mujer al nivel de gran maestra. Los realizadores capturan la atmósfera de los grandes torneos de los años noventa y dos mil: la intensidad silenciosa de la sala de juego, los duelos analíticos detrás de cada movimiento y las fricciones ocasionales fuera del tablero. Una figura recurrente es Garry Kasparov, campeón mundial durante buena parte de los primeros años de Polgár y símbolo del establishment al que ella apuntaba. La reina del ajedrez construye el relato hacia sus enfrentamientos más intensos: Kasparov había expresado públicamente dudas sobre las capacidades de las mujeres en el ajedrez, y Polgár estaba decidida a rebatir esa idea de frente. El documental repasa su duelo más célebre, incluido el momento decisivo en el que Polgár derrotó por fin a Kasparov en una partida de torneo en 2002, una victoria que resonó en todo el mundo ajedrecístico. En estas escenas, la película retrata la tensión y la relevancia del enfrentamiento no solo como un triunfo personal, sino como un avance con un significado más amplio para quienes presenciaban cómo se hacía historia.

Aunque la rivalidad impulsa el relato, La reina del ajedrez también encuentra matices en las relaciones y el respeto que se forjaron con el tiempo. El filme incluye entrevistas con colegas de Polgár e incluso con el propio Kasparov, que hoy reflexiona sobre el legado de una jugadora que obligó a la élite a replantearse prejuicios arraigados. También intervienen miembros de la familia de Polgár —sus hermanas Susan y Sofia, jugadoras destacadas por derecho propio, y sus padres—, ofreciendo una visión del entorno familiar, solidario pero a veces exigente, que la moldeó. Estas perspectivas completan el retrato de Judit Polgár no solo como una figura solitaria frente al patriarcado del ajedrez, sino como alguien arraigada en una familia dispuesta a hacer las cosas de otra manera. El documental subraya asimismo momentos de camaradería y admiración mutua, mostrando que su camino, aunque combativo, también le granjeó un respeto genuino en un ámbito que inicialmente la resistió.

En términos de género, La reina del ajedrez se inscribe en la reciente oleada de documentales deportivos que buscan conectar con un público amplio. Al igual que la serie de ficción The Queen’s Gambit cautivó a los espectadores al dramatizar el ajedrez, este documental traslada el ajedrez real a la pantalla de forma atractiva, sin recurrir a licencias ficticias. En su lugar, se apoya en la realidad: la tensión de los campeonatos, la estrategia y la psicología de la competición y las apuestas emocionales detrás de cada jugada. Los cineastas emplean recursos visuales creativos y explicaciones claras para hacer comprensibles las complejidades del juego, de modo que incluso quienes no juegan puedan seguir la historia con interés. Al mismo tiempo, los aficionados reconocerán la autenticidad del material, desde partidas reales hasta recreaciones de momentos clave de la carrera de Polgár. El resultado es una película que funciona en varios niveles: como biografía de una figura excepcional, como relato deportivo de superación y como examen de las dinámicas de género en un ámbito tradicional.

Desde el punto de vista cultural, el impacto de Judit Polgár va mucho más allá de su palmarés, y La reina del ajedrez sitúa ese legado en primer plano. Polgár se retiró de la competición en 2014, pero sigue siendo una figura respetada y un referente, especialmente para jóvenes mujeres en campos intelectuales y competitivos. El filme señala cómo su éxito resquebrajó un techo de cristal implícito en el ajedrez: tras abrir camino, el deporte ha visto un aumento gradual, aunque aún desafiante, de la participación y visibilidad femenina. (A día de hoy, sigue siendo la única mujer que ha alcanzado el top ten mundial, lo que subraya tanto la magnitud de su logro como la escasez de mujeres en la élite.) Al presentar su historia ahora, el documental se inserta en conversaciones vigentes sobre inclusión, ya sea en el deporte, la tecnología, la ciencia o cualquier ámbito donde históricamente se ha dicho a las mujeres que no pertenecen. Su recorrido conecta con públicos más allá de Hungría y habla a cualquiera que haya enfrentado barreras al perseguir sus aspiraciones.

En su tramo final, La reina del ajedrez adopta un tono reflexivo y examina qué significa hoy la historia de Polgár. Vemos a Judit Polgár en la actualidad —segura, elocuente— ya volcada en roles de entrenadora, comentarista y embajadora del ajedrez, y se hace evidente que su influencia perdura. La película invita a considerar no solo cómo Polgár cambió un juego, sino cómo figuras pioneras como ella pueden transformar percepciones en cualquier campo. Es un mensaje alineado con tendencias más amplias del documental contemporáneo, en el que plataformas como Netflix amplifican relatos de pioneros y derribadores de barreras. Al llevar la saga de Polgár a una audiencia global, La reina del ajedrez ofrece algo más que una biografía deportiva: funciona como inspiración y como documento histórico, la crónica de cómo una niña desafió convenciones y cómo su legado sigue impulsando nuevos movimientos hacia la igualdad dentro y fuera del tablero.

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