Netflix estrena el documental “Fotógrafo de guerra: El hombre que captó la imagen”, la historia del hombre invisible tras la foto más visible del mundo

The Stringer The Man Who Took The Photo
Martha O'Hara

Hay imágenes que no necesitan presentación. Se tatúan en la retina colectiva y definen épocas enteras. Una niña, desnuda, aterrorizada, corre con los brazos abiertos por una carretera de asfalto caliente mientras el humo negro del napalm devora el cielo a su espalda. Esa fotografía no solo ayudó a terminar una guerra; definió lo que entendemos por dolor, inocencia y fotoperiodismo.

Durante medio siglo, la historia detrás de esa imagen ha sido monolítica, intocable. Nos contaron que un joven y valiente fotógrafo de la Associated Press (AP), Nick Ut, estaba allí, disparó su cámara y luego salvó a la niña. Es una historia perfecta de heroísmo y oportunidad. Pero, ¿y si esa historia fuera, en realidad, una construcción corporativa? ¿Y si el ojo que realmente vio ese horror pertenecía a alguien cuyo nombre fue borrado por un puñado de dólares y la burocracia occidental?

El documental «Fotógrafo de guerra: El hombre que captó la imagen» llega para dinamitar el mito. No es solo una película; es una autopsia forense a la memoria histórica. Y lo que encuentra entre los huesos del pasado es incómodo, doloroso y profundamente humano.1

El correo electrónico que lo cambió todo

Las grandes revelaciones rara vez empiezan con fuegos artificiales; suelen empezar con un susurro. En este caso, fue un correo electrónico. El remitente era Carl Robinson, un veterano editor de fotos que trabajó en la oficina de Saigón durante los años más duros del conflicto. El asunto del mensaje ya presagiaba la tormenta: «Parte 2: ¿Quién disparó realmente la foto de la ‘niña del napalm’? Un encubrimiento de 50 años».

Robinson, cargando con el peso de una conciencia intranquila durante décadas, decidió confesarle un secreto a Gary Knight, un reconocido fotógrafo de conflictos. Su relato era simple y devastador: la foto no era de Nick Ut. Según Robinson, la orden vino de arriba, del legendario editor Horst Faas. Había que atribuir la imagen a Ut. ¿Por qué? Porque Ut era plantilla, era «uno de los suyos», el hermano de otro fotógrafo caído. La agencia necesitaba un héroe propio, no un colaborador externo, no un stringer.3

Los fantasmas de la guerra

Para entender el drama, hay que entender qué es un stringer. En el ecosistema del periodismo de guerra, ellos son el plancton que alimenta a las ballenas. Fotógrafos locales, conductores, buscavidas que arriesgan el pellejo sin seguro médico, sin salario fijo y, a menudo, sin crédito.

La investigación del documental nos lleva hasta California, a una casa modesta donde vive un anciano llamado Nguyen Thanh Nghe. Nghe no es famoso. No ha dado discursos ante el Papa ni ha recibido el Pulitzer. Pero él asegura, con una tranquilidad pasmosa, que él estaba allí. Que él tomó la foto.

Su relato es desgarrador por su banalidad burocrática. Cuenta que aquel día, tras el bombardeo, regresó a la ciudad y entregó su rollo de película a la oficina de la agencia. Un editor occidental revisó las imágenes, seleccionó una, se quedó con el negativo y le pagó por su trabajo. El precio de pasar a la historia y luego ser borrado de ella: veinte dólares y dos rollos de película virgen. «Trabajé duro por ello, pero ese tipo se lo llevó todo», dice Nghe ante la cámara, no con rabia, sino con la resignación de quien ha vivido toda su vida sabiendo una verdad que nadie más le creía.

CSI: Vietnam

Lo fascinante de este documental es que no se queda en la palabra de un hombre contra la de otro. Se convierte en un thriller tecnológico. Los cineastas contrataron a INDEX, un grupo de expertos forenses con sede en París, para reconstruir digitalmente aquel día.

Gary Knight describe el proceso como si la película «Blow-Up» se encontrara con «CSI». Utilizando todas las fotos y metraje de archivo disponibles, crearon un modelo en tres dimensiones de la carretera, los soldados, los niños y los fotógrafos. Calcularon las sombras, las líneas de visión y los ángulos.2

El resultado del análisis forense es un mazazo a la historia oficial. El modelo sitúa a Nick Ut en una posición desde la cual, según los cálculos, no pudo haber tomado esa imagen específica. El ángulo, la perspectiva, todo se alinea con la posición de Nghe. Además, está la cuestión de la cámara. El negativo original muestra características técnicas propias de una cámara Pentax. Nghe usaba una Pentax. La agencia argumenta que Ut también tenía una, pero la coincidencia de la posición y el equipo inclina la balanza de la duda de forma alarmante.6

El terremoto institucional

La repercusión de estas revelaciones ha sido sísmica. La Associated Press, guardiana celosa de su legado, ha cerrado filas, defendiendo su versión y la autoría de Ut tras realizar su propia investigación interna. Para ellos, la falta de un recibo de hace medio siglo o de pruebas absolutas es motivo suficiente para no reescribir la historia.8

Sin embargo, la fundación World Press Photo, la misma que premió la imagen en su día, ha tomado una decisión histórica y radical. Ante la «duda significativa» y la imposibilidad de certeza, han decidido suspender la atribución del premio a Nick Ut. No se lo han dado a Nghe todavía, pero han retirado la certeza oficial. Es un reconocimiento tácito de que la historia que nos contaron podría ser falsa.6

La redención de un hombre invisible

Más allá de la técnica y la polémica, Fotógrafo de guerra es una historia sobre la dignidad. El director Bao Nguyen habla de dar voz a una generación de vietnamitas que fueron marginados, cuyas historias fueron absorbidas por la maquinaria narrativa occidental. Nghe es el rostro de todos esos colaboradores anónimos.

El momento cumbre de esta historia no ocurrió en la selva, sino recientemente, en un festival de cine en las montañas de Utah. Tras la proyección del documental, Nguyen Thanh Nghe, el hombre invisible, subió al escenario. Frente a una ovación de pie, con la fragilidad de los años pero la firmeza de la verdad, dijo simplemente: «Yo tomé la foto». Fue el cierre de un ciclo de silencio que ha durado toda una vida.

Este documental no solo nos pide que cuestionemos una foto; nos pide que miremos a los márgenes de la historia, donde habitan los verdaderos protagonistas que nunca salieron en los créditos.

Netflix

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