Televisión

Hellbound: un thriller sobrenatural que no equilibra lo grotesco y lo filosófico

Martin Cid

La primera vez que vemos a los demonios de Hellbound, escupiendo fuego y condenando a un hombre en las calles de Seúl, es una imagen que se clava en la retina: violenta, teatral y profundamente perturbadora. No es casualidad que esta escena, con su coreografía casi danzante de destrucción, sea el eje sobre el que gira toda la serie. Creada por Yeon Sang-ho (el mismo detrás del éxito Train to Busan) junto a Choi Gyu-seok, Hellbound (2021-2024) es un thriller sobrenatural que no teme mezclar lo grotesco con lo filosófico, aunque no siempre logre equilibrar ambos elementos.

Qué es: Una distopía futurista donde seres demoníacos aparecen para condenar a individuos al infierno, desatando una ola de pánico y dando paso a un culto religioso que explota el miedo colectivo. Con dos temporadas (la primera en 2021 y la segunda en 2024), la serie sigue múltiples personajes—desde un detective obsesionado hasta un líder carismático del culto New Truth—mientras intentan entender o aprovecharse de estos eventos apocalípticos.

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Qué funciona: La premisa es audaz, y los primeros episodios brillan por su capacidad para crear tensión. Las «demostraciones» de los demonios son escenas memorables, filmadas con una mezcla de grandiosidad y crudeza que recuerda al cine de Guillermo del Toro. Yoo Ah-in (en la primera temporada) roba cada escena como Jung Jin-su, el líder del culto: su sonrisa fría y su capacidad para manipular a las masas son hipnóticas. Kim Hyun-joo también destaca como Min Hye-jin, una abogada que intenta mantener la cordura en medio del caos.

La serie no solo se conforma con el horror: explora temas profundos sobre la fe, la moralidad y cómo los sistemas de poder manipulan el miedo. La estructura narrativa, que salta cinco años entre temporadas, añade capas de complejidad.

Qué falla: Sin embargo, Hellbound tropieza en su propia ambición. La segunda temporada introduce nuevos personajes (como Bae Young-jae, un productor de TV interpretado por Park Jeong-min) y tramas secundarias que diluyen el impacto inicial. El ritmo se vuelve irregular, y algunas subtramas—como la del bebé condenado al infierno—resultan más melodramáticas que conmovedoras.

Además, aunque la serie quiere ser una reflexión sobre la religión y la justicia, a veces cae en lugares comunes. Los diálogos filosóficos pueden sentirse forzados, como si los creadores intentaran meter con calzador una tesis sobre el libre albedrío sin desarrollarla del todo.

El veredicto: Hellbound tiene momentos de genuina grandeza—las escenas de los demonios son inolvidables, y la actuación de Yoo Ah-in es un punto alto—but is held back by uneven pacing and a second season that struggles to match the impact of its first.

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