Ciencia

Físicos captan por primera vez cómo los átomos de un cristal invierten su giro

Peter Finch

Empuja los átomos de un cristal a girar en un sentido, cede ese movimiento a una segunda vibración interna y la rotación puede salir girando al revés. Unos físicos han observado por primera vez cómo ocurre directamente dentro de un sólido, capturando el momento en que el momento angular de la red se invirtió al transferirse entre dos de las propias vibraciones del cristal.

El equipo describe el resultado con una aritmética deliberadamente extraña: 1 + 1 = −1. Dos rotaciones que apuntaban en la misma dirección se combinaron y produjeron una que giraba en sentido contrario. Nada se rompió en realidad en las cuentas, porque el giro que faltaba se lo llevó otra parte del sistema, pero el efecto local es la clase de inversión que la intuición no permite.

El objeto en cuestión es el seleniuro de bismuto, un cristal ya valorado en física por su inusual comportamiento superficial. Lo que cuenta aquí es su maquinaria interna. Los átomos de un sólido no están fijos: se agitan en patrones coordinados llamados vibraciones de la red, y algunos de esos patrones pueden cargar rotación, un diminuto momento angular almacenado que normalmente queda bien contabilizado.

Para verlo moverse, el equipo tuvo que empujar fuerte y mirar rápido. Dispararon pulsos láser de terahercios ultraintensos para forzar una vibración a un movimiento circular y rotatorio, y luego usaron un segundo pulso ultrarrápido para observar qué ocurría cuando esa rotación se acoplaba a una vibración vecina. La inversión apareció en la forma en que regresaba el segundo pulso.

El interés no está en el truco en sí, sino en lo que abre. El momento angular atrapado en las vibraciones es uno de los hilos ocultos detrás del magnetismo, y seguirlo mientras salta entre vibraciones da a los investigadores un asidero directo sobre un proceso que hasta ahora había que inferir. Dominar ese asidero podría convertirse en una vía para dirigir los materiales exóticos de los que dependen las tecnologías cuánticas.

El hallazgo conviene leerlo con cautela por ahora. Se produjo en un cristal concreto, bajo campos láser mucho más fuertes que cualquier cosa de la electrónica cotidiana, y el giro que se invierte es la rotación colectiva de la red, no átomos sueltos volteándose hacia atrás como canicas. Si la misma inversión aparece en otros materiales, y si puede aprovecharse en vez de solo observarse, son preguntas abiertas.

El trabajo, llevado a cabo por una colaboración que abarca el Instituto Fritz Haber de la Sociedad Max Planck, el Helmholtz-Zentrum Dresden-Rossendorf y la TU Dresden, con socios en Jülich y Eindhoven, se publicó en Nature Physics en mayo de 2026. La misma técnica láser que reveló la inversión es la herramienta que los grupos planean ahora apuntar a otros cristales, para averiguar cuán común es de verdad el giro invertido.

Debate

Hay 0 comentarios.