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«15 pruebas de amor»: Alice Douard y el papeleo que niega a una madre

Veronica Loop

Viene una hija en camino y, en el momento en que nazca, solo una de sus dos madres contará como tal. Ese es el motor silencioso y exasperante de 15 pruebas de amor, la ópera prima de la guionista y directora francesa Alice Douard. Céline está casada con Nadia. Nadia está embarazada. Y Céline, a ojos del Estado, no es nada para la hija que planearon juntas hasta que complete la adopción de su propia hija.

El título original francés, Des preuves d’amour, lo dice sin rodeos: pruebas de amor. Para convertirse en madre legal, Céline debe montar un expediente —cartas, declaraciones, testimonios— que documente la autenticidad de un vínculo que a ningún padre de un matrimonio heterosexual se le pide demostrar. El título español convierte esa exigencia en una cuenta: pruebas que aportar, una a una, ante una administración con plazos y una trabajadora social.

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Ella Rumpf interpreta a Céline con una vigilancia contenida que convierte la espera en la verdadera acción de la película. Rumpf, que se dio a conocer en Crudo de Julia Ducournau, mantiene el tono bajo y preciso, y deja que el absurdo de la situación se note en la mandíbula tensa más que en un discurso. Frente a ella, la cineasta y actriz quebequesa Monia Chokri da a Nadia la autoridad tranquila de la mujer cuyo cuerpo sí reconoce la ley. El reparto es el argumento: dos mujeres en la misma cocina, una visible para el Estado y otra no.

Douard escribió la película a partir de su propia experiencia —adoptó a la hija biológica de su esposa— y esa especificidad se ve en pantalla. No es un panfleto montado con titulares, sino un procedimiento construido con formularios que alguien rellenó de verdad. Lo más punzante es la escena en que Céline debe conseguir el respaldo por escrito de su propia madre, interpretada por Noémie Lvovsky: la prueba que exige el título resulta ser, al final, las palabras de los demás.

Esa contención es también su techo. 15 pruebas de amor se queda deliberadamente pequeña, doméstica, a la escala de la sala de espera de una pareja, y quien busque un ajuste de cuentas más amplio con el derecho de familia francés la encontrará poco curiosa por la política que hay fuera del piso de Céline. Dramatiza una injusticia sin discutir demasiado cómo repararla, y su amabilidad a veces lima aristas que la situación tendría todo el derecho de mantener afiladas.

Con 97 minutos, la película es un drama en clave de comedia, sostenido por Rumpf y Chokri y completado por Lvovsky, Félix Kysyl y Anne Le Ny. Se estrenó en la Semana de la Crítica de Cannes y después sumó una mención especial en el Festival de Zúrich y el premio del público en el de Hamburgo. La Aventura la estrena en cines españoles el 19 de junio. Es un debut preciso y, sobre todo, justo en su indignación.

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