Cine

Ah, Belinda desperdicia una premisa brillante en una ejecución tibia

El remake de Deniz Yorulmazer del clásico de 1986 de Atıf Yılmaz nunca termina de comprometerse con su propia idea.
Martha O'Hara
Añádenos en Google

La escena de apertura de Ah, Belinda es un espejismo de glamour: Neslihan Atagül, en la piel de Dilara, una actriz de éxito, sonríe ante las cámaras mientras rueda un anuncio de champú. El verdadero espectáculo empieza después, cuando un giro fantástico hace que su personaje se materialice en otro mundo. La premisa es prometedora: una actriz vanidosa obligada a vivir, literalmente, dentro del papel que interpreta. La ejecución, en cambio, tropieza entre la comedia ligera y el drama fantástico sin encontrar nunca un equilibrio sólido.

Dirigida por Deniz Yorulmazer, Ah, Belinda (2023) es un remake del clásico turco de 1986 Aaahh Belinda, que arrasó en el Festival de Antalya con los premios a Mejor Película, Mejor Director y Mejor Actriz para Müjde Ar en el papel de Serap. La original, dirigida por Atıf Yılmaz, supo equilibrar comedia y fantasía con un pulso que este remake persigue sin alcanzar del todo. Como recuerda su propia ficha de género, Ah, Belinda se anuncia como una mezcla equilibrada de drama, comedia y fantasía; en la pantalla, esas tres etiquetas casi nunca conviven con comodidad.

YouTube video

La trama sigue a Dilara Basaran, una actriz mimada cuya vida cómoda se desmorona cuando acepta protagonizar un comercial y termina atrapada en la piel de su personaje: Handan, una ama de casa tradicional. Ahí está el conflicto central de la película, y también su mayor problema estructural: el salto del mundo real al fantástico ocurre sin el peso narrativo necesario para justificarlo, como un truco de guion que nunca termina de pagarse emocionalmente.

Lo que sí funciona es la química entre Atagül y Necip Memili, que interpreta a Necati, uno de los personajes con los que Dilara debe convivir en su nueva vida como Handan. Sus escenas juntos tienen chispa, sobre todo cuando intentan convencer a los demás de quiénes son en realidad. Serkan Çayoğlu, como Serkan, aporta un contrapunto más serio, aunque su personaje queda claramente desaprovechado. Alrededor de ellos, Gamze Karaduman como Feride, Sacide Taşaner como Elmas, Kamil Güler como Levent y Anıl Çelik como Cem completan la familia en la que Dilara despierta atrapada, aunque el guion rara vez les da más de un rasgo con el que trabajar.

El problema de fondo es que la película nunca decide qué quiere ser. Comedia romántica, sátira social, drama de redención: la respuesta, aquí, es ninguna de las tres del todo. La dirección de arte sí acierta: Tolga Cetin firma una fotografía pulida que contrasta, de forma casi demasiado limpia, con el caos narrativo de fondo.

Las actuaciones son desiguales. Atagül transmite bien la arrogancia inicial de Dilara, pero cuando el guion exige algo más hondo, su interpretación se queda corta. Meral Çetinkaya, como Bilge Kadin, y Beril Pozam, como Arzu, tienen momentos que se recuerdan, aunque sus personajes carecen del desarrollo necesario para escapar del cliché.

El desenlace, previsible, fuerza la reconciliación de las tramas. La idea de que Dilara deba aceptar su nuevo papel para poder escapar de él no acaba de resonar, porque la película nunca se detiene lo suficiente en las consecuencias emocionales de su transformación.

La recepción crítica en el extranjero ha sido desigual. Decider la describió como decentemente entretenida. Rotten Tomatoes recogió opiniones atraídas por sus elementos turcos pero decepcionadas con cómo resuelve sus pretensiones de tragedia griega. The Fandomentals la acusó de no encontrar nunca una identidad propia, mientras que High On Films avisó a quien esperara una trama de multiverso que se llevaría un chasco.

El tema de fondo (la identidad, la clase social, la actuación impuesta por los roles de género tradicionales) tiene potencial de sobra. La transformación de Dilara podría haber sido un viaje emocionalmente denso; en cambio, se queda en una sucesión de situaciones cómicas sin demasiado peso real.

Comparada con el original de 1986, Ah, Belinda pierde buena parte del encanto y la coherencia que hicieron destacar al clásico. Aquella película supo equilibrar comedia y drama; este remake, en cambio, nunca termina de decidir qué historia quiere contar. Con todo, no es un desastre: es un intento fallido, pero no vergonzante, de mezclar géneros que exigían mucho más pulso del que Yorulmazer logra imponerles.

Reparto

Fotos: The Movie Database (TMDB)

Etiquetas: , , , , ,

Añádenos en Google

Debate

Hay 0 comentarios.