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Angèle: Un retrato honesto pero convencional

Martin Cid Magazine

La cámara se cierra en el rostro de Angèle mientras canta «Balance ton quoi», sus ojos reflejan una mezcla de vulnerabilidad y fuerza que define este documental. Dirigido por Brice VDH y Sébastien Rensonnet, Angèle (2021) es un retrato íntimo de la estrella belga del pop, donde la música y la introspección chocan contra los espejos rotos de la fama.

La película sigue a Angèle Van Laeken mientras navega por el torbellino emocional de su carrera, desde las lágrimas hasta los éxitos estridentes. El documental se sustenta en su voz narrativa, revelando fragmentos de su vida personal y profesional con una honestidad que, aunque admirable, a veces cae en lo predecible. La elección de mostrar su proceso creativo—desde garabatos en servilletas hasta sesiones de grabación—es fascinante, pero la estructura lineal del relato evita cualquier riesgo narrativo.

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Donde el filme brilla es en los momentos musicales. La secuencia de «What You Want» (feat. Justice), filmada con un iPhone por (LA)HORDE, captura una energía cruda y visceral que contrasta con los planos más pulidos de sus conciertos. Estas escenas demuestran la capacidad de Angèle para transformar el dolor en melodías contagiosas, como destaca Pitchfork al describir su álbum Nonante-Cinq como «una exploración de pop dance lleno de emociones agridulces». Sin embargo, las canciones no siempre logran destacar por sí mismas, un problema que también afecta al documental cuando prioriza la intimidad sobre el impacto musical.

El mayor defecto de Angèle es su tono ocasionalmente autocomplaciente. Algunas reflexiones sobre su bisexualidad o su activismo social—como señalan reseñas en IMDb—pandan a moralina, especialmente cuando el guion repite frases como «literally every girl I know is bi» sin profundizar en por qué estas ideas importan dentro de su narrativa personal. La película también pecaría de superficial al no explorar con suficiente profundidad los desafíos reales de ser una mujer joven en la industria musical.

A nivel técnico, el documental es competente pero no innovador. Las transiciones entre escenas íntimas y conciertos masivos son fluidas, pero carecen del impacto visual de otros retratos musicales como Miss Americana (2020). La fotografía, aunque bien iluminada, a veces parece más preocupada por capturar la estética perfecta que por revelar emociones complejas.

En el balance final, Angèle es un documental sincero pero desigual. Funciona mejor cuando se centra en lo que hace única a su protagonista—su música y su vulnerabilidad—pero tropieza al caer en clichés del género.

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