Música

Fatoumata Diawara abandona el crossover y regresa a Mali con Massa

Doce canciones en bambara sobre duelo, memoria y transmisión generacional, coproducidas con Matthieu Chedid
Alice Lange

Fatoumata Diawara ha construido su carrera sobre colisiones de géneros: la tradición wassoulou de su Mali natal, las inflexiones afrobeat acumuladas en años de giras internacionales, el color electrónico que llevó hasta las nominaciones al Grammy con su colaboración con Disclosure. Massa, su nuevo trabajo con Matthieu Chedid, es el disco que deja de pedir prestado. Regresa al bambara, la lengua de sus raíces malianas, y a temas tan íntimos que parecen una carta dirigida a quien de su familia no ha muerto aún.

Massa significa «ló eterno» en bambara, y el álbum justifica esa palabra. La producción de Chedid, construida en torno al donso ngoni, el arpa de los cazadores del Mali, sintetizadores y percusiones en capas, no moderniza a Diawara sino que da a sus materiales tradicionales un espacio iluminado donde moverse. Las doce canciones se extienden a lo largo de poco más de cuarenta minutos y llegan sin urgencia: duelo, memoria, fe y transmisión entre generaciones en una lengua que no cree que el tiempo sea el asunto.

YouTube video

La colaboración con Chedid, que actúa y graba como -M- y es uno de los artistas más experimentales de Francia, responde a una pregunta concreta: ¿qué ocurre cuando la música maliana deja de adaptarse para el mercado global? Diawara ha recibido dos nominaciones al Grammy, una por Mejor Álbum de World Music y otra por Mejor Grabación Dance por su trabajo con Disclosure. Las dos nominaciones contaban la misma historia: una artista brillante que tendía la mano hacia un gran público que le tendía la mano. Massa no tiende la mano. Se detiene. Espera.

El eje emocional del álbum es Tati Bakary, un homenaje a su padre fallecido situado en la décima pista, pasado el ecuador del disco, donde el peso emocional puede aterrizar sin necesidad de explicación. La voz de Diawara lleva allí una paciencia nueva, la de alguien que ya no compite por espacio. La tradición wassoulou de la que se nutre, arraigada en la región occidental del Mali de la que es originaria su familia, siempre tuvo esa cualidad; Massa es la primera vez que ella la deja ocupar todo el álbum sin ofrecer salida.

El argumento escéptico es legítimo. Diawara ha construido su reputación internacional precisamente sobre las colisiones de géneros: es la artista que llevó la tradición guitarística del Mali a circuitos de festivales que normalmente no se detienen para eso, que demostró que el bambara podía convivir con la producción electrónica. Un disco que retrocede de esa síntesis arriesga el público que ha construido. Si Massa profundiza en un público más pequeño y comprometido, o encuentra uno nuevo, es una pregunta abierta.

El álbum fue editado a través de NØ FØRMAT! el 5 de junio y está disponible en plataformas digitales y en vinilo. La pregunta que Massa plantea a quienes descubrieron a Diawara con Fenfo es si quieren a la artista que los buscaba, o a la que se detuvo.

Debate

Hay 0 comentarios.