Tecnología

Nueva York congela los centros de datos masivos y obliga a los próximos a generar su propia energía

Adrian Kessler

Nueva York es ya el único estado del país donde obtener un permiso para un gran centro de datos depende de un cálculo sobre la capacidad de la red eléctrica, el suministro de agua y qué barrios asumen las consecuencias. La gobernadora Kathy Hochul ha firmado una orden ejecutiva que impone una moratoria sobre los permisos discrecionales para nuevas instalaciones que consuman 50 megavatios o más, un umbral que apunta directamente a la clase de infraestructura que impulsa el actual despliegue de la inteligencia artificial.

Cincuenta megavatios equivalen al consumo eléctrico anual de unos 40.000 hogares. Una sola instalación grande de entrenamiento de IA puede requerir esa cantidad, y los mayores complejos previstos multiplican varias veces esa cifra. Meta, Amazon, Microsoft, Google y OpenAI planean gastar juntos alrededor de 700.000 millones de dólares en infraestructura de IA este año. Estas empresas necesitan exactamente este tipo de instalaciones, y no pueden construirlas en Nueva York durante este periodo sin pasar antes por una nueva evaluación medioambiental.

La pausa de un año y lo que exige

La orden concede al Departamento de Servicio Público aproximadamente un año para completar esa revisión. El alcance incluye la demanda energética, el consumo de agua, la calidad del aire y del agua, el ruido y la distribución de esos costes entre las comunidades, con especial atención a las más desfavorecidas.

«A medida que el desarrollo de centros de datos amenaza con disparar las facturas de los servicios públicos, agotar nuestros recursos naturales y generar incertidumbre entre los neoyorquinos, es mi responsabilidad actuar y liderar», declaró Hochul.

Una versión más estricta de esta política avanza en la legislatura estatal: un proyecto de ley que rebajaría el umbral de los 50 a los 20 megavatios, abarcando así una categoría mucho más amplia de instalaciones. Otra medida independiente pretende eliminar las exenciones del impuesto sobre las ventas de las que se benefician actualmente los grandes centros de datos. La orden ejecutiva establece también un marco para negociar compromisos locales (contratación, formación de aprendices, inversión en infraestructuras) con las empresas que quieran construir una vez concluya la revisión.

Lo que la orden deja intacto

Lo que la moratoria no alcanza importa tanto como lo que sí alcanza. Los centros de datos existentes siguen operando sin restricciones. La pausa se aplica únicamente a las nuevas instalaciones y a las ampliaciones que no hubieran llegado a completarse en la fecha de la firma. Es una orden ejecutiva del estado de Nueva York, no una política federal, y no es aplicable fuera de las fronteras del estado.

La postura federal va justo en dirección contraria. La Administración estadounidense ha hecho de la rápida expansión de la infraestructura de IA una prioridad, planteándola como una cuestión de seguridad nacional y competitividad económica frente a China. Varias grandes empresas de IA han firmado un compromiso en la Casa Blanca en el que se obligan a financiar su propia generación de electricidad y mejoras en la red.

La pregunta de fondo que saca a la luz la moratoria es una que la industria ha eludido en su mayor parte: quién decide cuánta electricidad de una región puede consumir una sola clase tecnológica, y mediante qué proceso. La respuesta de la industria, hasta ahora, han sido las fuerzas del mercado y los acuerdos bilaterales entre empresas y compañías eléctricas. Nueva York decidió que esa respuesta no era suficiente.

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