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«50 segundos: El caso Fernando Báez Sosa»: la nueva docuserie de Netflix

La brutalidad en 50 segundos: el caso de Fernando Báez Sosa
Martha O'Hara

El título de un true crime es su primera tesis. Y en el caso de la nueva serie documental de Netflix sobre el crimen que paralizó a Argentina, el título es un cronómetro. «50 segundos» no es una elección poética; es una restricción temporal brutal. Cincuenta segundos es «el tiempo exacto que duró la brutal golpiza que terminó con la vida de Fernando Báez Sosa».

Esta elección narrativa, obra del director Martín Rocca y la productora Fabula, no es casual. No se titula «El crimen de Villa Gesell» ni «Justicia por Fernando». Al llamarse «50 segundos», la serie enfoca al espectador en el horror microscópico del evento, no en los años del proceso judicial que vendrían después. Es un dispositivo que genera claustrofobia.

Más importante aún, el título encapsula el argumento legal central que definiría el juicio. ¿Qué puede pasar en cincuenta segundos? Para la defensa de los acusados, cincuenta segundos es el epítome del caos: una «riña», una pelea trágica pero sin intención, un acto de violencia grupal espontáneo. Pero para la fiscalía, y finalmente para el tribunal, cincuenta segundos es una eternidad. Es tiempo suficiente para la coordinación, la selección de un objetivo y una ejecución deliberada. Es tiempo suficiente para lo que la ley llama «alevosía».

El documental, por lo tanto, no invita a un debate legal abstracto desde el principio; invita al espectador a vivir dentro de ese minuto inescapable y a confrontar la rapidez con la que se puede extinguir una vida.

Crónica de una Madrugada en Villa Gesell

Para entender el impacto del caso, primero hay que entender el escenario. La tragedia no ocurre en un callejón oscuro y anónimo. Ocurre en Villa Gesell, un epicentro del veraneo argentino, un lugar sinónimo de playa, juventud y rito de paso adolescente. El crimen fue la profanación de un espacio social considerado seguro.

Los hechos, que la serie se propone reconstruir «minuto a minuto», son tan simples como devastadores. Fernando Báez Sosa, un joven de 18 años, está de vacaciones. A la salida de un boliche, LeBric, es atacado. Sus agresores no son extraños en la noche; son «un grupo de chicos de su misma edad».

Aquí entra el término que se volvió central para el análisis social del caso: «rugbiers». En el contexto argentino, esta palabra no es un descriptor deportivo neutral. Está cargada de connotaciones sociales que apuntan a una cultura de masculinidad tóxica, espíritu de cuerpo mal entendido y, en algunos círculos, un sentido de privilegio e impunidad.

El ataque no fue una pelea uno a uno. Fue un acto grupal. La violencia fue tan abrumadora que no solo se centró en Fernando; el juicio posterior también debatió las «lesiones sufridas por cinco amigos de Fernando» que estaban con él en ese momento. Fue la dinámica de la «manada» contra el individuo lo que transformó un homicidio en un símbolo de horror nacional.

El Eco Social: La Verdad Incómoda

El asesinato de Fernando Báez Sosa «marcó a la sociedad argentina» y «conmocionó a todo el país». El documental de Netflix subtitula su exploración con una frase clave: «Una verdad incómoda».

La pregunta obvia es: ¿cuál es esa verdad?

La respuesta más fácil sería que la verdad incómoda es el clasismo o la violencia inherente al deporte. Pero la realidad que expone el caso es más profunda y desalentadora. El caso Báez Sosa no fue un evento aislado que sirvió como una lección brutal para la sociedad. Fue, en cambio, la manifestación más visible de «un calvario sin resolver».

La «verdad incómoda» es que, a pesar del «gran peso social y mediático» del caso de Fernando y de las condenas a prisión perpetua que eventualmente se dictaron, la violencia juvenil grupal en entornos nocturnos no se detuvo. Ni siquiera disminuyó. El caso no parece haber servido como elemento disuasorio.

La evidencia es un patrón trágico de repetición. Después del crimen de Villa Gesell, otros jóvenes murieron en circunstancias escalofriantemente similares:

  • Brian Cuitino, golpeado y asesinado con un ladrillo fuera de un boliche en Pilar.
  • Agustín Ávila, de 16 años, muerto a golpes por una «patota» (pandilla) en un festival.
  • Lautaro Alvaredo, de 19 años, atacado por cuatro jóvenes a la salida de un boliche, falleciendo tras días en estado de muerte cerebral.
  • Tomás Telio, perseguido y asesinado por un grupo de más de nueve personas en una costanera.

Estos casos, todos ocurridos después del shock nacional por Fernando, evidencian una «tendencia de violencia en entornos nocturnos sin límite».

El documental de Netflix, por lo tanto, no llega como un epílogo o un «caso cerrado». Llega en medio de una crisis activa. La pregunta retórica que flota sobre el caso es «¿quién va a frenar esta problemática?».

Existe otra capa de esta verdad incómoda, una que la sociedad es aún más reacia a discutir: el racismo. El caso de Fernando, se argumenta, es el «último eslabón de esta cadena de racismo». El documental y el caso obligan a la sociedad a «mirarse para adentro» y preguntarse «qué monstruo creamos nosotros todos al no hablar de esto». La «verdad incómoda» no es solo que existen jóvenes violentos, sino que esa violencia es producto de una sociedad que la alimenta, ya sea a través del clasismo, el racismo o la glorificación de la agresión.

La Anatomía de la Justicia (y su Reconstrucción)

El corazón del true crime es el proceso judicial. En este caso, el juicio fue un campo de batalla narrativo. La defensa de los ocho jóvenes acusados intentó instalar la idea del caos. Pidieron que el caso fuera tratado como un «homicidio en riña», un crimen que, con una pena máxima de seis años, sugiere un descontrol mutuo, una pelea trágica donde la muerte es casi un accidente.

El Tribunal Oral de Dolores rechazó categóricamente esa narrativa. El veredicto fue por «homicidio doblemente agravado por su comisión por alevosía y por el concurso premeditado».

Desglosemos esto. «Concurso premeditado» significa que el grupo se puso de acuerdo para atacar. «Alevosía» es un término legal clave: significa que el ataque fue sobre seguro, eliminando cualquier posibilidad de defensa por parte de la víctima. Para el tribunal, esos 50 segundos no fueron una «riña». Fueron una ejecución coordinada.

Sin embargo, el tribunal no trató al grupo como un ente monolítico. La ley no puede condenar a una «manada»; debe asignar responsabilidad individual. Y aquí es donde el veredicto se vuelve fascinante. Los ocho acusados fueron condenados, pero no de la misma manera. El tribunal desmanteló el grupo y asignó dos niveles de culpabilidad:

  • Cinco de los jóvenes fueron condenados a prisión perpetua como «coautores» del homicidio: Máximo Thomsen, Ciro Pertossi, Enzo Comelli, Matías Benicelli y Luciano Pertossi.
  • Tres de ellos fueron condenados a 15 años de prisión como «partícipes secundarios»: Ayrton Viollaz, Blas Cinalli y Lucas Pertossi.

Esta división es la anatomía legal del ataque: demuestra que, incluso dentro de un acto grupal de 50 segundos, el sistema de justicia identificó un núcleo de ejecutores y un anillo de facilitadores.

El documental de Netflix reconstruye esta batalla legal utilizando «testimonios exclusivos» y «material de archivo inédito». De manera significativa, cuenta con la participación de dos figuras centrales en la narrativa de la acusación: Graciela Sosa, la madre de Fernando, y Fernando Burlando, el abogado de la familia.

Al centrar sus voces, la serie no pretende ser una exploración neutral. Se posiciona como la crónica definitiva de la lucha de la víctima por la justicia, validando la narrativa de la «alevosía» y contando la historia desde el epicentro del dolor y la estrategia legal que condujo a las condenas de perpetua.

El Calendario

El cuándo de esta tragedia y sus secuelas es el siguiente. El asesinato de Fernando Báez Sosa ocurrió el 18 de enero de 2020. El juicio se llevó a cabo en el Tribunal Oral en lo Criminal N° 1 de Dolores, y el veredicto fue dictado el 6 de febrero de 2023. Los otros incidentes de violencia similar que siguieron este patrón ocurrieron en los años siguientes, incluyendo el caso de Brian Cuitino en 2022, Agustín Ávila en 2023, Lautaro Alvaredo en 2023, y Tomás Telio en 2024. «50 segundos: el caso Fernando Báez Sosa», la serie documental que revive el crimen y sus secuelas, se estrena en Netflix el 13 de noviembre.

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