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Alexander: The Making of a God: ambición visual sin narrativa sólida

Martin Cid

La escena inicial de Alexander: The Making of a God es un golpe de teatro visual: el joven Alejandro, ensangrentado y con los ojos desorbitados tras asesinar a su rival, se corona rey de Macedonia. Es una imagen poderosa, pero también reveladora del tono desigual que definirá esta serie. Creada por Christopher Bell y Jane McLean para Netflix en 2024, la producción combina entrevistas con expertos y reconstrucciones dramáticas para retratar la vida del conquistador macedonio.

Donde la serie triunfa es en su ambición visual. Los planos épicos de las batallas —especialmente el sitio de Tiro— utilizan efectos digitales convincentes y coreografías de masas que recuerdan al Troy de Wolfgang Petersen, aunque con un presupuesto evidentemente más modesto. El diseño de producción también destaca: los palacios persas, recreados en localizaciones marroquíes, transmiten la opulencia del imperio de Darío III (Mido Hamada, convincente en su papel). La inclusión de la egiptóloga Salima Ikram como comentarista añade autenticidad a las secuencias ambientadas en Egipto.

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Sin embargo, el guión cojea cuando intenta equilibrar rigor histórico y ritmo narrativo. El avance desde la muerte de Filipo hasta la conquista del imperio aqueménida se siente precipitado, como señalaron usuarios de Reddit, con momentos clave —como la batalla de Gaugamela— reducidos a montajes acelerados que sacrifican claridad dramática por espectacularidad superficial. La serie también pecha en su tratamiento de las relaciones personales: el conflicto entre Alejandro (Buck Braithwaite) y su madre Olympias (Kosha Engler), aunque bien interpretado, carece del peso emocional necesario para justificar su relevancia histórica.

Las actuaciones son otro punto flaco. Braithwaite, elegido por su parecido físico con las representaciones clásicas de Alejandro, carece del carisma necesario para sostener el papel protagónico. Su interpretación resulta plana en momentos cruciales, como el discurso ante sus tropas antes de la batalla de Issos. En cambio, Souad Faress roba escenas como el Oráculo de Delfos, aportando una presencia teatral que contrasta con el resto del elenco.

La serie intenta innovar al mezclar género documental y drama histórico, pero su estructura fragmentada —alternando entrevistas académicas con secuencias dramáticas— crea un ritmo desconcertante. Las transiciones entre ambos formatos son torpes, como si los creadores no hubieran decidido si priorizar el entretenimiento o la educación histórica.

Alexander: The Making of a God funciona mejor cuando se limita a ser una espectacularización de las campañas militares, pero falla al intentar profundizar en la psicología del personaje titular.

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