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Alexander: The Making of a God falla en originalidad

Martin Cid
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La primera toma nos confronta con un Alejandro joven, interpretado por Buck Braithwaite, sosteniendo una carta de su padre Filipo II mientras el viento azota violentamente las cortinas de su tienda de campaña. La cámara se acerca lentamente a sus ojos, revelando una mezcla de determinación y ansiedad que promete ser el motor emocional de la serie. Esta imagen inaugural de Alexander: The Making of a God (2024), dirigida por Tony Mitchell, resume tanto las virtudes como los límites del proyecto: una ambición visual clara, pero una ejecución narrativa que nunca alcanza su potencial.

La serie combina entrevistas con expertos y reconstrucciones dramáticas para explorar la vida de Alejandro Magno, un enfoque que podría haber sido revolucionario en otras manos. Sin embargo, Mitchell se inclina demasiado hacia lo seguro, optando por una estructura convencional que oscila entre el documental académico y el drama histórico tradicional. Las entrevistas, aunque informativas, carecen del enfoque fresco que las distancie de los numerosos documentales existentes sobre el tema. La presencia de la egiptóloga Salima Ikram, por ejemplo, aporta autenticidad, pero sus comentarios se pierden en medio de un montaje que prioriza la acción sobre el análisis.

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Donde la serie brilla es en su representación visual de las batallas. La recreación de Gaugamela es particularmente destacable: los planos aéreos que muestran el movimiento estratégico de las tropas crean un sentido de escala y urgencia que pocas producciones televisivas logran. Aquí, Mitchell demuestra una comprensión intuitiva del lenguaje cinematográfico, utilizando ángulos dinámicos y edición rápida para sumergir al espectador en el caos de la batalla. Sin embargo, incluso estos momentos están limitados por la dirección de arte, que opta por decorados grandiosos pero artificiales, recordando a veces los sets de películas de bajo presupuesto más que a la épica histórica que se intenta conseguir.

El mayor problema de Alexander: The Making of a God es su enfoque sobre el personaje principal. Braithwaite, un actor físico imponente, carece del matiz necesario para transmitir la complejidad psicológica de Alejandro. Su interpretación se reduce a una serie de poses heroicas y miradas intensas, sin explorar las contradicciones internas que hacen del conquistador macedonio una figura tan fascinante. La relación entre Alejandro y Hefestião, interpretada por Dino Kelly, es particularmente decepcionante. Las escenas entre ellos carecen de la química necesaria para vender su amistad como uno de los ejes emocionales centrales de la serie.

La dirección de Mitchell también tropieza en su manejo del ritmo narrativo. La serie intenta abarcar demasiado, saltando de un evento histórico a otro sin permitir que el espectador se sumerja completamente en ninguna de las historias. Las transiciones entre escenas son abruptas, y la estructura lineal, aunque cronológicamente precisa, carece del ritmo necesario para mantener el interés durante sus seis horas de duración. La serie parece dirigida más a un público académico que a uno popular, asumiendo un conocimiento previo de los eventos que no siempre se justifica.

A pesar de estos problemas, Alexander: The Making of a God tiene momentos brillantes. Las actuaciones femeninas, en particular las de Agni Scott como Stateira y Kosha Engler como Olympias, aportan una profundidad emocional necesaria. Scott, en particular, logra transmitir la complejidad de su personaje con solo miradas y gestos sutiles, recordando al espectador que detrás de cada gran hombre hay una red de influencias femeninas a menudo ignoradas por la historia tradicional.

La serie también se beneficia de un elenco internacional que aporta autenticidad cultural. Mido Hamada como el rey Darío y Souad Faress como el Oráculo son particularmente notables, aportando un sentido de realidad histórica que a veces falta en otras producciones. Sin embargo, incluso estas actuaciones están limitadas por un guion que prioriza la acción sobre el desarrollo del personaje.

En última instancia, Alexander: The Making of a God es una serie desigual. Sus mejores momentos—como las batallas épicas o las intervenciones de los expertos—son memorables, pero no compensan sus deficiencias en el desarrollo del personaje y la narrativa.

Reparto

Fotos: The Movie Database (TMDB)

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