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ARA San Juan: un testimonio desgarrador que no resuelve el misterio

Alice Lange

El último mensaje de audio del submarino ARA San Juan, grabado segundos antes de su desaparición en el Atlántico Sur, es un golpe directo al estómago. «Nos estamos yendo al fondo», dice una voz entrecortada mientras los sonidos metálicos de la estructura colapsando bajo presión llenan el silencio. Este fragmento, reproducido en la apertura de ARA San Juan: The Submarine that Disappeared, establece un tono inmediato de urgencia y tragedia que la serie documental de Mauricio Albornoz Iniesta logra mantener —aunque no siempre con la misma intensidad.

La desaparición del submarino argentino el 15 de noviembre de 2017, con sus 44 tripulantes a bordo, es un misterio que esta producción se propone desentrañar mediante entrevistas con expertos y familiares. El material más conmovedor surge de estos últimos: los testimonios de las esposas, hijos y padres de los desaparecidos, cuyas lágrimas y voces quebradas humanizan la catástrofe técnica. La serie no solo reconstruye los hechos, sino que también expone el dolor persistente de quienes aún esperan respuestas concretas.

Donde ARA San Juan triunfa es en su capacidad para transformar datos fríos —presiones hidrostáticas, fallos eléctricos, comunicaciones satelitales— en una narrativa accesible sin perder rigor. Los expertos, desde ingenieros navales hasta analistas de seguridad, aportan perspectivas técnicas cruciales, aunque a veces la edición podría haber sido más audaz al alternar sus intervenciones con imágenes de archivo o recreaciones visuales (algo que series como Chernobyl lograron con maestría). La ausencia de un hilo narrativo más dinámico hace que ciertos episodios se sientan repetitivos, especialmente cuando el mismo punto técnico se aborda desde múltiples ángulos sin avanzar significativamente la trama.

El mayor defecto de la serie es su estructura. Aunque cada episodio profundiza en aspectos distintos del caso —desde la investigación inicial hasta las teorías conspirativas—, la falta de un arco claro o un enfoque innovador (como seguir a una familia específica, por ejemplo) diluye el impacto emocional. Algunos momentos, como cuando se muestra el rescate del submarino años después, podrían haber sido más potentes si se hubieran vinculado mejor con los testimonios humanos.

En términos visuales, la serie es funcional pero no destacable. La fotografía de las profundidades marinas y las entrevistas son competentes, aunque carecen del estilo distintivo que elevaría el material por encima de otros documentales similares. El sonido merece mención aparte: los audios recuperados del submarino —desde los pitidos de alarma hasta las voces desesperadas— se integran con precisión quirúrgica para crear momentos de tensión insoportable.

ARA San Juan: The Submarine that Disappeared cumple su objetivo de informar y conmover, pero no alcanza la excelencia narrativa que justificaría un lugar entre los documentales esenciales del año.

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