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**Love of My Life: una pasión atrapada por su propia estructura débil.**

Veronica Loop
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La escena que abre Love of My Life es inolvidable: Mariana Azcárate, la heredera rebelde de un latifundio algodonero, mira fijamente a Joaquín Mosquera, el jornalero afrocolombiano cuya sonrisa desafía el peso de siglos de desigualdad. Es 1953 en Colombia, y ese cruce de miradas no solo enciende una pasión prohibida, sino que también expone las heridas raciales y de clase que Asier Aguilar, creador de la serie, se propone explorar.

La producción es impecable: los paisajes verdes del Valle del Cauca, el diseño de vestuario meticuloso (desde los trajes de lino de los terratenientes hasta los harapos polvorientos de los trabajadores), y una banda sonora que oscila entre el vallenato tradicional y el jazz urbano. La escena en la que Joaquín toca un acordeón en una fiesta clandestina, mientras Mariana baila desafiando a su padre, es un ejemplo perfecto de cómo Love of My Life usa el sonido para construir tensión y deseo.

Pero donde la serie tropieza es en su estructura. Aunque los primeros episodios enganchan con un ritmo ágil, la trama se extiende demasiado al intentar abarcar décadas enteras. El salto de los jóvenes Mariana (María José Camacho) y Joaquín (Jair Romero) a sus versiones adultas (Carlos-Manuel Vesga y Luis Gerónimo Abreu) pierde fuerza narrativa. La química inicial entre los actores principales se diluye en un melodrama predecible, lleno de giros forzados: la enfermedad, el exilio, las reconciliaciones imposibles.

Los personajes secundarios, sin embargo, roban escenas. Sergio Herrera como Joe, el hermano leal pero conflictivo de Joaquín, y Melanie Dell’Olmo como Sara Azcárate, la madre de Mariana, aportan matices que la trama principal no alcanza. La escena en la que Sara confronta a su esposo sobre la hipocresía de su fe católica mientras sirve café en una vajilla de plata es uno de los pocos momentos donde el diálogo supera al cliché.

El mayor problema de Love of My Life es su ambición desmedida. Intenta ser todo a la vez: un romance épico, una crítica social, una saga familiar y una crónica histórica. Pero al querer abarcar tanto, termina siendo superficial en todas sus capas. Aguilar parece más interesado en recrear el escenario de una telenovela clásica que en profundizar en los conflictos internos de sus personajes.

La serie también adolece de un ritmo irregular. Los primeros episodios, ambientados en la década de 1950, están cargados de energía y tensión, con diálogos afilados y un uso inteligente del paisaje colombiano como personaje secundario. Sin embargo, a medida que avanza hacia las décadas siguientes, la narrativa se vuelve repetitiva y predecible. Los saltos temporales, aunque necesarios para abarcar el arco de vida de los protagonistas, carecen de cohesión.

En cuanto a las actuaciones, María José Camacho y Jair Romero logran transmitir la pasión y el conflicto de sus personajes jóvenes, pero su química se desvanece en los episodios posteriores. Carlos-Manuel Vesga y Luis Gerónimo Abreu, que interpretan a Mariana y Joaquín en su vejez, no logran capturar la misma intensidad emocional. Sergio Herrera, sin embargo, destaca como Joe, aportando una capa de complejidad que falta en otros personajes.

Love of My Life también falla en su intento de abordar temas profundos como el racismo y la desigualdad social. Aunque la premisa es prometedora, la serie se queda en la superficie, utilizando estos temas como telón de fondo para un drama familiar convencional. Las discusiones sobre raza y clase son superficiales y a menudo reducidas a diálogos expositivos.

En comparación con otras producciones similares, Love of My Life palidece. Series como El Reino (2021) o La Reina del Flow (2018) lograron combinar drama familiar con crítica social de manera más efectiva. Aguilar tiene el potencial para crear una narrativa rica y matizada, pero en esta ocasión se conforma con lo seguro.

La dirección de Aguilar es competente, pero carece de la visión innovadora que podría haber elevado la serie por encima del género telenovela. Las tomas son convencionales, y aunque hay algunos planos destacados—como los primeros planos de Mariana y Joaquín en su encuentro inicial—, no logran compensar la falta de originalidad en la narrativa.

Love of My Life está dirigida a un público que disfruta de las telenovelas tradicionales, con sus dramas familiares exagerados y sus giros emocionales predecibles. Sin embargo, para aquellos que buscan una narrativa más profunda y matizada, la serie puede resultar decepcionante.

Reparto

Fotos: The Movie Database (TMDB)

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