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Sleeping Dog: un thriller que se pierde en su propia trama

Veronica Loop
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La lluvia azota las calles de Berlín como un recordatorio implacable del pasado que persigue a Mike Atlas. Esta es la imagen inicial de Sleeping Dog (2023), la serie alemana creada por Franziska Meletzky y Stephan Lacant, un thriller crudo que promete adentrarse en los rincones más oscuros de la mente humana. Con Max Riemelt en el papel protagónico, la serie intenta explorar temas como la salud mental, la corrupción policial y la búsqueda obsesiva de la verdad. Sin embargo, a pesar de sus ambiciosas pretensiones, Sleeping Dog termina siendo un viaje desigual que, aunque tiene momentos brillantes, se pierde en su propio laberinto narrativo.

La serie sigue a Mike Atlas (Max Riemelt), un exdetective convertido en vagabundo tras ser diagnosticado con estrés postraumático. Cuando un nuevo asesinato lo obliga a reabrir un caso que creía resuelto, Atlas se ve arrastrado de vuelta a un mundo del que intentó escapar. La premisa es intrigante y el primer episodio logra crear una atmósfera opresiva que recuerda al mejor cine noir alemán. Los planos cerrados y la fotografía oscura contribuyen a esta sensación de claustrofobia, pero es Riemelt quien realmente destaca en estos primeros momentos. Su interpretación es cruda y visceral, capaz de transmitir la desesperación y la confusión de su personaje con solo una mirada.

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Sin embargo, el resto del reparto no logra mantener ese nivel de intensidad. Luise von Finckh como Jule Andergast y Carlo Ljubek como Luka Zaric quedan relegados a roles secundarios que nunca llegan a despegar. Peri Baumeister, Melodie Simina y el resto del elenco cumplen, pero sus personajes carecen de la profundidad necesaria para generar empatía o interés. Antonio Wannek, en el papel de Roland Sokowski, tiene algunos momentos destacados, especialmente en las escenas donde interactúa con Atlas, pero incluso él parece perdido en medio de un guión que no sabe qué hacer con los personajes secundarios.

Uno de los pocos aciertos de la serie es su uso del sonido. La banda sonora, con sus tonos sombríos y leves toques electrónicos, refuerza la sensación de paranoia y desconfianza que Atlas experimenta. Las escenas silenciosas, donde solo se escucha el crujir de las hojas o el eco de los pasos en un callejón vacío, son particularmente efectivas. Sin embargo, esto no compensa las deficiencias en la estructura narrativa.

La serie se basa en The Exchange Principle, un éxito israelí, pero pierde parte de su esencia en el trasplante. La trama gira en torno a Atlas, quien investiga un asesinato que creía resuelto, solo para descubrir que hay más capas de verdad ocultas bajo la superficie. El primer episodio es prometedor: la fotografía oscura y los planos cerrados crean una atmósfera opresiva que recuerda al mejor cine noir alemán. Pero a medida que avanza la narrativa, se vuelve predecible, llena de giros forzados y diálogos que intentan sonar profundos pero terminan siendo melodramáticos.

Uno de los mayores problemas de Sleeping Dog es su ritmo. Los episodios se sienten demasiado largos, con escenas repetitivas que no avanzan la trama. La serie también sufre de un exceso de flashbacks mal integrados, que interrumpen el flujo narrativo sin aportar claridad. En lugar de ayudarnos a entender mejor a Atlas y sus motivaciones, estos saltos temporales solo generan confusión.

En cuanto a la originalidad, Sleeping Dog intenta destacar al explorar temas como la salud mental y la corrupción policial, pero lo hace de manera superficial. La serie nunca se adentra lo suficiente en estos temas para ofrecer una crítica contundente o una reflexión profunda. Es más, algunos giros argumentales parecen sacados de un manual de clichés del género.

El mayor problema es que, aunque la premisa es interesante, la ejecución falla. La serie promete desvelar secretos impactantes, pero cuando llega el momento de las revelaciones, todo parece anticlimático. Las escenas clave, aquellas en las que se supone que debemos quedarnos sin aliento, carecen del impacto emocional necesario para justificar la espera.

A pesar de sus defectos, Sleeping Dog no es una serie completamente fallida. Tiene momentos de tensión bien construidos y una atmósfera que, en ocasiones, logra sumergirnos en el mundo oscuro y desesperado de Mike Atlas. Max Riemelt ofrece una interpretación memorable, capaz de elevar incluso los diálogos más débiles. Y aunque la banda sonora y la fotografía contribuyen a crear una atmósfera envolvente, no son suficientes para salvar a la serie de sus propias inconsistencias.

Sleeping Dog es una serie dirigida a los amantes del thriller psicológico y el cine noir, aquellos dispuestos a perdonar algunos defectos en nombre de una atmósfera bien construida.

Reparto

Fotos: The Movie Database (TMDB)

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