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La sangre en los zapatos blancos expone a un príncipe culpable

Lisbeth Thalberg

La sangre en los zapatos blancos de Vittorio Emanuele

El primer plano es revelador: unos zapatos blancos, impecables, manchados de sangre seca. Son las pruebas materiales que vinculan al príncipe Vittorio Emanuele di Savoia con el asesinato de un adolescente alemán en 1978. The King Who Never Was (2023), la docuserie de Beatrice Borromeo para Netflix, abre con esta imagen contundente y no suelta el gancho hasta el último episodio.

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La serie investiga el crimen que convirtió a Vittorio Emanuele —último heredero al trono italiano— en el primer miembro de una familia real europea arrestado desde hace siglos. El enfoque es dual: por un lado, la reconstrucción meticulosa del homicidio de Wilfried von Hohenlohe; por otro, el retrato de una aristocracia decadente que cree estar por encima de las leyes. Borromeo logra equilibrar ambos ejes con planos cercanos a los entrevistados (como la hermana de la víctima) y archivos gráficos que muestran la opulencia del príncipe.

Donde la serie destaca es en su estructura narrativa. Cada episodio avanza como un thriller, usando testimonios contradictorios para mantener el suspenso. El momento cumbre llega cuando se revela cómo las influencias políticas retrasaron el juicio durante años. La dirección de Borromeo evita caer en sensacionalismo: los cortes entre declaraciones legales y entrevistas personales refuerzan la tensión sin necesidad de música dramática.

Sin embargo, The King Who Never Was tropieza con su propio material. El tercer episodio se extiende demasiado en detalles genealógicos de la familia Savoia, perdiendo el foco en el crimen central. Además, aunque la inclusión del príncipe Emanuele Filiberto (hijo de Vittorio) aporta perspectiva familiar, sus intervenciones son demasiado benignas hacia el acusado, restando credibilidad al relato.

La mayor debilidad está en su tratamiento del contexto histórico. La serie menciona tangencialmente los vínculos de Vittorio con la mafia, pero no explora cómo ese poder paralelo influyó en el caso. Un análisis más profundo habría elevado el debate sobre impunidad y privilegios.

Verdict:

The King Who Never Was es un documental bien construido que aprovecha su formato serial para mantener al espectador enganchado. Su mayor logro es humanizar a las víctimas sin caer en victimización fácil, algo raro en el género true crime.

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