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Oddballs: humor absurdo pero personajes inconsistentes

Liv Altman

Imagina un chiquillo con forma de pompa de jabón gritando sobre tostadoras malignas mientras su mejor amigo, un cocodrilo con problemas cognitivos, intenta mantener el ritmo. Así empieza Oddballs, la serie animada que Netflix nos sirvió en bandeja en 2022. Creada por James Rallison (aka TheOdd1sOut) y Ethan Banville, esta comedia animada para todas las edades se sumerge de cabeza en un absurdo tan denso como el personaje principal.

El gancho de Oddballs es su premisa: James, un adolescente esférico que vive en Dirt, Arizona, cuestiona todo lo que le molesta, desde colas hasta trofeos, desencadenando catástrofes cósmicas. Su compañero de fechorías, Max (un cocodrilo con cerebro humano), aporta el contrapunto perfecto: es tan tonto como entrañable, y su dinámica con James roza lo genial en momentos puntuales. La llegada de Echo, una chica viajera del tiempo que aparece en el cuarto episodio, añade capas interesantes, aunque su egocentrismo la convierte en un personaje difícil de querer.

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Donde Oddballs brilla es en su animación descaradamente barata pero efectiva (producto de los confinamientos por COVID-19) y algunos diálogos afilados. La voz de Rallison como James funciona, aunque a veces suena más como un youtuber monologando que como un personaje con peso dramático. Julian Gant, sin embargo, roba escenas como Max: su entrega es tan exagerada que resulta divertida incluso cuando la trama se hunde en el caos.

El problema es que Oddballs nunca sabe qué quiere ser. Los episodios oscilan entre gags absurdos (el malvado toaster Toasty/Declan es un acierto) y intentos fallidos de profundidad emocional. La estructura es errática: algunos capítulos funcionan como comedias autoconclusivas, mientras que otros intentan tejer arcos argumentales sin éxito. El episodio «Emo Like the Wolfstank» destaca por su tono coherente, pero es una excepción.

La serie también tropieza con su propio humor. Las bromas sobre tostadoras sentientes o un bully hecho de babas (Stuart) tienen potencial, pero se repiten hasta la saciedad. La música temática, aunque pegadiza, suena más como un filler que como un elemento orgánico.

En el fondo, Oddballs es una serie sobre la amistad y la aceptación, pero ese mensaje se pierde en medio de chistes fáciles y una dirección inconsistente.

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