Ciencia

Bajo anestesia, el cerebro siguió descifrando el habla y anticipando la palabra siguiente

Peter Finch

Mientras los pacientes yacían inconscientes bajo anestesia general, neuronas individuales de su cerebro seguían analizando el lenguaje. Al sonar un relato grabado en el quirófano, células del hipocampo seguían las categorías gramaticales y se inclinaban hacia la palabra que debía venir después, el mismo trabajo predictivo que hace un cerebro despierto al escuchar. El registro es de las primeras pruebas directas de que el procesamiento profundo y estructurado del lenguaje sobrevive a la pérdida de conciencia.

Eso choca con una premisa básica de la anestesia. Los fármacos deben borrar la conciencia, y la idea de trabajo era que acallaban con ella al cerebro superior. Si las neuronas siguen las frases, la frontera entre un cerebro inconsciente y uno atento es más borrosa de lo que el quirófano ha supuesto.

La evidencia es inusualmente directa. Los pacientes se operaban para tratar una epilepsia grave, con electrodos ya colocados en lo profundo del cerebro para mapear las crisis. Eso dio a los investigadores algo que casi ningún estudio tiene, ver neuronas individuales disparándose dentro de un hipocampo humano vivo, y escucharon mientras sonaba un pódcast y la anestesia hacía efecto.

Las células hicieron más que registrar sonido. Distinguían un sustantivo de un verbo y cambiaban su disparo según se desplegaba la gramática del relato, y sus respuestas a tonos inusuales se afinaban con el tiempo, señal de un cerebro que aprende en silencio incluso con las luces apagadas. Sea lo que sea lo que quita la anestesia, no parece quitar la maquinaria que convierte un flujo de sonido en lenguaje estructurado.

Nada de esto significa que los pacientes fueran conscientes, ni que recordaran una sola palabra. Procesar una frase, ser consciente de ella y almacenarla son tres cosas distintas, y el estudio solo habla de la primera. El cerebro puede correr la gramática a oscuras sin que la persona llegue a saberlo.

Los límites son reales y el equipo es franco al respecto. Siete pacientes es un grupo pequeño, los registros vienen de una sola región y no de todo el cerebro, y el trabajo capta un único tipo de anestesia, así que aún no puede hablar por el sueño, el coma u otros estados inconscientes. Muestra una posibilidad, no una regla universal, y necesitará una réplica mayor y más amplia antes de reescribir nada en el quirófano.

El estudio, de un equipo del Baylor College of Medicine, apareció en Nature a comienzos de mayo. Los investigadores quieren saber hasta dónde llega ese procesamiento oculto, si alcanza al significado y no solo a la gramática, y qué implica para el reducido número de pacientes que recuerdan fragmentos de una cirugía, las próximas preguntas para un cerebro que se daba por apagado.

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