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Morgan Matthews lleva a dos hermanos fugados hasta Bill Nighy en ‘A 500 millas de casa’

Veronica Loop

Una familia que ha dejado de hablarse es el verdadero asunto de ‘A 500 millas de casa’, y no el viaje que da título a la película. Dos hermanos —Finn, de dieciséis años, y Charlie, el pequeño y más lenguaraz— salen de una casa de Yorkshire cargada de silencios adultos y se dirigen hacia un abuelo en la costa oeste de Irlanda, un hombre del que la ruptura de sus padres los ha mantenido alejados.

Lo que sigue es una fuga por carretera con un motor emocional muy firme por debajo. Los niños avanzan por tierra y mar hacia un litoral que la película trata a la vez como destino y como desafío, y la pregunta que Morgan Matthews mantiene siempre delante del espectador no es si llegarán, sino qué les espera cuando lo hagan, y si una familia rota puede ser devuelta a la misma habitación a fuerza de palabras.

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El reparto explica qué clase de película quiere ser esta. Bill Nighy es el abuelo distanciado, y su registro particular —calidez con un filo seco y reservado— funciona como el mecanismo de control que impide que el reencuentro se desborde en sentimentalismo de tarjeta de felicitación. Roman Griffin Davis, el niño que se dio a conocer como protagonista de ‘Jojo Rabbit’, sostiene a Finn como el hermano mayor empujado a una responsabilidad de adulto, mientras que el debutante Dexter Sol Ansell aporta como Charlie la energía eléctrica que mueve el viaje. Maisie Williams y Clare Dunne completan el mundo adulto del que los niños huyen y al que se dirigen.

Matthews llega aquí desde el documental, donde se hizo un nombre observando a jóvenes dotados y frágiles sometidos a presión, y su debut en la ficción trasladó ese instinto a la historia de un adolescente prodigio de las matemáticas. ‘A 500 millas de casa’ se inscribe de lleno en esa línea: un director más interesado en cómo los niños absorben el fracaso de los adultos que en la mecánica de una aventura. El guion, que Malcolm Campbell adaptó de la novela infantil de Mark Lowery sobre dos hermanos y un largo viaje no autorizado, le ofrece una estructura hecha justo para ese interés.

La forma de road movie cumple aquí una función concreta. Cada etapa del trayecto retira otra capa del relato familiar oficial que les han entregado a los niños, y la película usa el movimiento —trenes, un ferry, la larga carretera frente al Atlántico— para impedir que un hogar en duelo se quede quieto el tiempo suficiente como para dejar de hablar. Es una maquinaria conocida, la del viaje que repara lo que una casa no pudo, pero Matthews la conduce con paciencia documental en lugar de atajos de montaje, y deja que el paisaje haga tanto trabajo emocional como los diálogos.

Lo que ‘A 500 millas de casa’ no hace es esconder su mano sentimental. El arco de reconciliación se ve venir desde el primer rollo, y la película se apoya con fuerza en el encanto de Nighy y en la simpatía de los niños para sostener momentos que un guion más escéptico habría ganado de otro modo; las primeras reseñas de festival señalaron el resultado como almibarado. La premisa pide además aceptar una buena dosis de conveniencia logística para dos menores que cruzan un país y un mar sin compañía. Que eso se lea como fábula o como evasión dependerá de la tolerancia de cada espectador ante una película que quiere, abiertamente, emocionar.

La lógica comercial es tan legible como la emocional. Es un drama británico-irlandés de presupuesto medio, sin franquicia detrás, que aprovecha el favor del festival y un nombre de cartel para encarar un estreno territorio por territorio en lugar de un lanzamiento global y amplio: primero Irlanda, después el Reino Unido y, escalonadas tras ellos, las fechas continentales y norteamericanas. El alcance de Beta Cinema en las ventas internacionales y la fiabilidad de Nighy como reclamo para el público adulto son los verdaderos activos, y la apuesta es que la calidez y el boca a boca, no el espectáculo, sostengan la película. Es de esas que el calendario del cine de autor todavía acoge, siempre que las críticas acompañen.

Junto a Nighy, Davis y Ansell, el reparto principal incluye a Maisie Williams, Clare Dunne, Michael Socha y Loré Adewusi. Matthews dirige a partir del guion de Campbell, Beta Cinema gestiona las ventas internacionales y True Brit Entertainment estrena la película en los cines del Reino Unido. El drama dura 102 minutos.

‘A 500 millas de casa’ tuvo su estreno mundial en el Festival de Cine de Dublín y llegó a los cines irlandeses a mediados de mayo, antes de su estreno británico el 26 de junio. En España se estrena el 10 de julio. A juzgar por su paso por el festival, es un drama modesto y bien repartido que sabe exactamente a qué público busca y va a por él sin disculpas: de esos que viven o mueren según uno confíe en que Bill Nighy logre emocionarle. Lo consigue.

Reparto

  • Dexter Sol Ansell — Charlie

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