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*Code 8*: una distopía sin héroes ni esperanza

Martin Cid
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El primer plano de Code 8 (2019) es un rostro desfigurado por el dolor: Connor Reed (Robbie Amell), sudoroso y con los ojos desorbitados, intenta robar un paquete de galletas en una tienda de conveniencia mientras su cuerpo se retuerce como si lo atravesara una corriente eléctrica. No hay música épica ni lente gran angular que glorifique el momento; solo el sonido áspero de un detector de metales activándose y la mirada de pánico de los transeúntes. Esta secuencia, que dura apenas dos minutos, resume toda la película: una distopía urbana donde los superpoderes no son un ticket al estrellato, sino una condena a la marginación.

Dirigida por Jeff Chan —cuyo debut con el cortometraje Code 8 (2016) demostró una habilidad para mezclar ciencia ficción social con acción cruda—, esta versión ampliada mantiene la esencia del original pero escala el conflicto. Lincoln City, ahora retratada como una metrópolis canadiense deprimida, es un escenario donde el 4% de la población nace con habilidades sobrenaturales. Sin embargo, en lugar de convertirles en héroes o villanos icónicos, estos poderes los encasillan en la pobreza y bajo la mirada vigilante de un Estado policial hipermilitarizado.

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El guion, escrito también por Chan junto a Michael Ross, evita el cliché del «poderoso que no quiere sus habilidades». Connor —un constructor con capacidades eléctricas— no sueña con redimir a los oprimidos ni vengar a los caídos. Su motivación es pragmática: necesita dinero para pagar el tratamiento de su madre (Kari Matchett), enferma terminal. Este enfoque terrenal, alejado del heroísmo clásico, permite que la película critique temas como la gentrificación, la medicalización de la pobreza y el abuso policial sin caer en moralinas.

Donde Code 8 brilla es en su dirección de actores. Robbie Amell, conocido por roles televisivos como The Flash, sorprende con una interpretación física y emocional. Sus escenas de crisis —como cuando sus poderes se descontrolan en medio de un atraco— son brutales, casi documentales. Stephen Amell, su primo en la vida real, interpreta a Garrett, el líder de una banda de criminales con habilidades similares. La dinámica entre ambos —una mezcla de hermandad y tensión por lealtades divididas— es el corazón narrativo del filme.

La fotografía de Mark Irvin merece mención especial. Lincoln City se siente como un personaje más: sus calles grises, iluminadas por neones anaranjados que contrastan con el cielo perpetuamente encapotado, transmiten una sensación de asfixia. La película juega con la escala: los planos cerrados sobre los rostros de Connor y Garrett resaltan su humanidad, mientras que las tomas aéreas de la ciudad —con sus torres de vigilancia y patrullas blindadas— refuerzan el ambiente opresivo.

No todo funciona. El tercer acto, aunque visualmente impactante (la secuencia del estacionamiento, donde Connor enfrenta a un escuadrón antidisturbios, es técnicamente impecable), recurre a fórmulas genéricas: persecuciones en coche, explosiones y giros de última hora que diluyen el mensaje social inicial. Además, los antagonistas —desde los policías corruptos hasta el magnate sin escrúpulos (Lawrence Bayne)— son arquetípicos, carentes del matiz que tendría un villano más complejo.

El diseño de sonido es otro acierto. La ausencia casi total de música en escenas clave —como los robos o las confrontaciones— obliga al espectador a enfocarse en detalles sonoros: el crujir de huesos cuando Connor activa sus poderes, el zumbido de drones de vigilancia, incluso la respiración entrecortada de los personajes. Este minimalismo auditivo refuerza la sensación de realidad.

Code 8 no es una película para todos los públicos. Su tono sombrío y su ritmo pausado en el primer acto pueden frustrar a quienes esperen un Deadpool con superpoderes eléctricos. Pero quien sepa apreciar su enfoque realista —y su crítica mordaz al capitalismo tardío— encontrará una experiencia fascinante.

El filme se dirige principalmente a fans del cine de ciencia ficción social (Children of Men, Chronicle) y del thriller urbano de bajo presupuesto (A Prophet). También atraerá a quienes disfruten de historias donde los héroes son moralmente ambiguos, como en Logan o The Killer. Sin embargo, su mensaje político explícito —y la falta de resolución satisfactoria para algunos arcos— puede alejar a espectadores más conservadores.

Una comparación inevitable es con el cortometraje original. La versión extendida mantiene la crudeza visual y emocional del corto, pero añade capas de narrativa que, aunque necesarias para una trama completa, en ocasiones ralentizan el ritmo. Escenas como el encuentro entre Connor y Travis (Jai Jai Jones), un joven con habilidades similares, aportan profundidad temática —la película explora cómo los poderes afectan a diferentes clases sociales—, pero también introducen subtramas que no siempre llegan a buen puerto.

El diseño de producción merece elogios. Los efectos prácticos, aunque limitados por el presupuesto, son más convincentes que muchos generados por computadora. La secuencia en la que Connor manipula cables eléctricos con las manos desnudas —sin protección alguna— es un ejemplo de cómo la película prioriza la verosimilitud sobre el espectáculo.

Donde Code 8 tropieza es en su originalidad. A pesar de su premisa fresca, la trama sigue una estructura familiar: el héroe reacio que debe unirse a criminales para salvar a un ser querido. El final, aunque emocionalmente satisfactorio —la escena entre Connor y su madre en el hospital es conmovedora—, carece del impacto narrativo que promete.

En resumen, Code 8 es una película de ciencia ficción con ambiciones sociales, lograda en su dirección de actores y diseño visual pero desigual en su desarrollo narrativo. Su mayor virtud es retratar un mundo donde los superpoderes no son una bendición, sino una maldición genética que perpetúa la pobreza. Eso sí: quienes busquen acción frenética o héroes carismáticos encontrarán aquí un relato más cercano a District 9 que a The Avengers.

MCM Score: 6.3/10 — craft 2 / story 1 / performances 2 / originality 1 / genre_fit 2

(Nota: La puntuación refleja una película competente pero desigual, con momentos brillantes opacados por decisiones convencionales).

Reparto

Fotos: The Movie Database (TMDB)

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