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Code 8 Part II: promesa fallida por guion torpe

Alice Lange
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El primer plano de Code 8 Part II es revelador: una adolescente corriendo bajo la lluvia de neón azul mientras drones patrulleros zumbando sobre ella. La escena promete un thriller futurista visceral, pero la película nunca logra cumplir esa promesa.

Dirigida por Jeff Chan —quien coescribe el guion con Chris Paré, Sherren Lee y Jesse LaVercombe—, esta secuela del éxito de culto Code 8 (2019) amplía su universo distópico donde los «ocho» (personas con poderes psíquicos) son perseguidos por robots policiales. La trama sigue a Connor (Robbie Amell), un exconvicto con habilidades eléctricas, que se une a Garrett (Stephen Amell, su primo en la vida real), un traficante de drogas, para proteger a Maev (Natalie Liconti), una joven con poderes peligrosos, del corrupto detective Davis (Aaron Abrams). El problema es que el guion confunde «alta idea» con «alta pretensión». La crítica social al estado policial militarizado —un tema relevante— se ahoga en un guión torpe, lleno de diálogos que suenan a borrador y personajes que carecen de profundidad emocional.

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La actuación de Robbie Amell como Connor es el único punto brillante. Su interpretación fisica del personaje, con gestos nerviosos y una mirada perpetuamente cansada, transmite la agotadora vida de un hombre atrapado entre dos mundos. Stephen Amell, en cambio, parece perdido en su papel de villano/antiheroe: su Garrett oscila entre lo ridículo y lo siniestro sin nunca encontrar un tono coherente. Natalie Liconti, como Maev, tiene momentos de vulnerabilidad que podrían haber sido explotados mejor; pero el guion la reduce a una víctima pasiva.

Chan muestra destellos de habilidad técnica en las escenas de acción —especialmente en una secuencia donde Connor usa sus poderes para derribar drones— pero su dirección carece de coherencia visual. Los planos son funcionales, pero rara vez evocadores. La fotografía es competente, pero nunca impresiona; los efectos especiales, aunque mejorados respecto a la primera entrega, siguen siendo genéricos.

El mayor defecto de Code 8 Part II es su estructura narrativa. El primer acto introduce un mundo fascinante y personajes intrigantes, pero el segundo acto se derrumba en una serie de persecuciones predecibles y diálogos expositivos. La película intenta equilibrar acción, drama y crítica social, pero termina siendo un pastiche confuso.

MCM Score: 4.9/10 — craft 1 / story 2 / performances 2 / originality 1 / genre_fit 3

La secuela de Code 8 es una oportunidad desperdiciada. Tiene ideas interesantes, actores con potencial y un mundo que merece más exploración, pero el resultado final es una película mediocre que no logra conectar sus piezas.

—

El primer plano de Code 8 Part II es revelador: una adolescente corriendo bajo la lluvia de neón azul mientras drones patrulleros zumbando sobre ella. La escena promete un thriller futurista visceral, pero la película nunca logra cumplir esa promesa.

Dirigida por Jeff Chan —quien coescribe el guion con Chris Paré, Sherren Lee y Jesse LaVercombe—, esta secuela del éxito de culto Code 8 (2019) amplía su universo distópico donde los «ocho» (personas con poderes psíquicos) son perseguidos por robots policiales. La trama sigue a Connor (Robbie Amell), un exconvicto con habilidades eléctricas, que se une a Garrett (Stephen Amell, su primo en la vida real), un traficante de drogas, para proteger a Maev (Natalie Liconti), una joven con poderes peligrosos, del corrupto detective Davis (Aaron Abrams). El problema es que el guion confunde «alta idea» con «alta pretensión». La crítica social al estado policial militarizado —un tema relevante— se ahoga en un guión torpe, lleno de diálogos que suenan a borrador y personajes que carecen de profundidad emocional.

La actuación de Robbie Amell como Connor es el único punto brillante. Su interpretación fisica del personaje, con gestos nerviosos y una mirada perpetuamente cansada, transmite la agotadora vida de un hombre atrapado entre dos mundos. Stephen Amell, en cambio, parece perdido en su papel de villano/antiheroe: su Garrett oscila entre lo ridículo y lo siniestro sin nunca encontrar un tono coherente. Natalie Liconti, como Maev, tiene momentos de vulnerabilidad que podrían haber sido explotados mejor; pero el guion la reduce a una víctima pasiva.

Chan muestra destellos de habilidad técnica en las escenas de acción —especialmente en una secuencia donde Connor usa sus poderes para derribar drones— pero su dirección carece de coherencia visual. Los planos son funcionales, pero rara vez evocadores. La fotografía es competente, pero nunca impresiona; los efectos especiales, aunque mejorados respecto a la primera entrega, siguen siendo genéricos.

El mayor defecto de Code 8 Part II es su estructura narrativa. El primer acto introduce un mundo fascinante y personajes intrigantes, pero el segundo acto se derrumba en una serie de persecuciones predecibles y diálogos expositivos. La película intenta equilibrar acción, drama y crítica social, pero termina siendo un pastiche confuso.

MCM Score: 4.9/10 — craft 1 / story 2 / performances 2 / originality 1 / genre_fit 3

La secuela de Code 8 es una oportunidad desperdiciada. Tiene ideas interesantes, actores con potencial y un mundo que merece más exploración, pero el resultado final es una película mediocre que no logra conectar sus piezas.

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El primer plano de Code 8 Part II es revelador: una adolescente corriendo bajo la lluvia de neón azul mientras drones patrulleros zumbando sobre ella. La escena promete un thriller futurista visceral, pero la película nunca logra cumplir esa promesa.

Dirigida por Jeff Chan —quien coescribe el guion con Chris Paré, Sherren Lee y Jesse LaVercombe—, esta secuela del éxito de culto Code 8 (2019) amplía su universo distópico donde los «ocho» (personas con poderes psíquicos) son perseguidos por robots policiales. La trama sigue a Connor (Robbie Amell), un exconvicto con habilidades eléctricas, que se une a Garrett (Stephen Amell, su primo en la vida real), un traficante de drogas, para proteger a Maev (Natalie Liconti), una joven con poderes peligrosos, del corrupto detective Davis (Aaron Abrams). El problema es que el guion confunde «alta idea» con «alta pretensión». La crítica social al estado policial militarizado —un tema relevante— se ahoga en un guión torpe, lleno de diálogos que suenan a borrador y personajes que carecen de profundidad emocional.

La actuación de Robbie Amell como Connor es el único punto brillante. Su interpretación fisica del personaje, con gestos nerviosos y una mirada perpetuamente cansada, transmite la agotadora vida de un hombre atrapado entre dos mundos. Stephen Amell, en cambio, parece perdido en su papel de villano/antiheroe: su Garrett oscila entre lo ridículo y lo siniestro sin nunca encontrar un tono coherente. Natalie Liconti, como Maev, tiene momentos de vulnerabilidad que podrían haber sido explotados mejor; pero el guion la reduce a una víctima pasiva.

Chan muestra destellos de habilidad técnica en las escenas de acción —especialmente en una secuencia donde Connor usa sus poderes para derribar drones— pero su dirección carece de coherencia visual. Los planos son funcionales, pero rara vez evocadores. La fotografía es competente, pero nunca impresiona; los efectos especiales, aunque mejorados respecto a la primera entrega, siguen siendo genéricos.

El mayor defecto de Code 8 Part II es su estructura narrativa. El primer acto introduce un mundo fascinante y personajes intrigantes, pero el segundo acto se derrumba en una serie de persecuciones predecibles y diálogos expositivos. La película intenta equilibrar acción, drama y crítica social, pero termina siendo un pastiche confuso.

MCM Score: 4.9/10 — craft 1 / story 2 / performances 2 / originality 1 / genre_fit 3

La secuela de Code 8 es una oportunidad desperdiciada. Tiene ideas interesantes, actores con potencial y un mundo que merece más exploración, pero el resultado final es una película mediocre que no logra conectar sus piezas.

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El primer plano de Code 8 Part II es revelador: una adolescente corriendo bajo la lluvia de neón azul mientras drones patrulleros zumbando sobre ella. La escena promete un thriller futurista visceral, pero la película nunca logra cumplir esa promesa.

Dirigida por Jeff Chan —quien coescribe el guion con Chris Paré, Sherren Lee y Jesse LaVercombe—, esta secuela del éxito de culto Code 8 (2019) amplía su universo distópico donde los «ocho» (personas con poderes psíquicos) son perseguidos por robots policiales. La trama sigue a Connor (Robbie Amell), un exconvicto con habilidades eléctricas, que se une a Garrett (Stephen Amell, su primo en la vida real), un traficante de drogas, para proteger a Maev (Natalie Liconti), una joven con poderes peligrosos, del corrupto detective Davis (Aaron Abrams). El problema es que el guion confunde «alta idea» con «alta pretensión». La crítica social al estado policial militarizado —un tema relevante— se ahoga en un guión torpe, lleno de diálogos que suenan a borrador y personajes que carecen de profundidad emocional.

La actuación de Robbie Amell como Connor es el único punto brillante. Su interpretación fisica del personaje, con gestos nerviosos y una mirada perpetuamente cansada, transmite la agotadora vida de un hombre atrapado entre dos mundos. Stephen Amell, en cambio, parece perdido en su papel de villano/antiheroe: su Garrett oscila entre lo ridículo y lo siniestro sin nunca encontrar un tono coherente. Natalie Liconti, como Maev, tiene momentos de vulnerabilidad que podrían haber sido explotados mejor; pero el guion la reduce a una víctima pasiva.

Chan muestra destellos de habilidad técnica en las escenas de acción —especialmente en una secuencia donde Connor usa sus poderes para derribar drones— pero su dirección carece de coherencia visual. Los planos son funcionales, pero rara vez evocadores. La fotografía es competente, pero nunca impresiona; los efectos especiales, aunque mejorados respecto a la primera entrega, siguen siendo genéricos.

El mayor defecto de Code 8 Part II es su estructura narrativa. El primer acto introduce un mundo fascinante y personajes intrigantes, pero el segundo acto se derrumba en una serie de persecuciones predecibles y diálogos expositivos. La película intenta equilibrar acción, drama y crítica social, pero termina siendo un pastiche confuso.

MCM Score: 4.9/10 — craft 1 / story 2 / performances 2 / originality 1 / genre_fit 3

La secuela de Code 8 es una oportunidad desperdiciada. Tiene ideas interesantes, actores con potencial y un mundo que merece más exploración, pero el resultado final es una película mediocre que no logra conectar sus piezas.

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El primer plano de Code 8 Part II es revelador: una adolescente corriendo bajo la lluvia de neón azul mientras drones patrulleros zumbando sobre ella.

Reparto

Fotos: The Movie Database (TMDB)

  • Sirena Gulamgaus — Pavani

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