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El amor fugaz: una belleza cruelmente efímera

Martin Cid
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La escena que define Love Like the Falling Petals: Haruto, el fotógrafo en ciernes, no reconoce a Misaki cuando ella colapsa frente a su estudio, transformada por la enfermedad. Es un momento desgarrador, cargado de ironía y crueldad narrativa.

Dirigida por Yoshihiro Fukagawa en 2022, esta adaptación de la novela homónima de Keisuke Uyama (2017) es un drama romántico que navega entre lo efímero y lo eterno. La historia sigue a Haruto Asakura (Kento Nakajima), un aspirante a fotógrafo que se enamora de Misaki Ariake (Honoka Matsumoto), una talentosa peluquera. Lo que podría ser un romance juvenil convencional se transforma en una reflexión sobre el amor, la pérdida y la redención cuando Misaki es diagnosticada con una enfermedad progeroide que acelera su envejecimiento.

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Un romance fotografiado:

Fukagawa utiliza el oficio de Haruto como fotógrafo para estructurar visualmente la película. Las tomas de paisajes urbanos en Tokio, especialmente los planos detallados de los cerezos en flor, no son meros adornos: funcionan como metáforas del tiempo efímero y la belleza transitoria. La secuencia inicial, donde Misaki accidentalmente corta el lóbulo de la oreja de Haruto mientras le corta el pelo, es un ejemplo perfecto de cómo detalles cotidianos ganan peso simbólico sin necesidad de forzarlos. El primer plano del corte, seguido por el sangre que gotea sobre las tijeras, no solo introduce el conflicto inicial entre los dos personajes, sino que también sienta las bases para la relación de Haruto con la fotografía: como un testigo silencioso de momentos cruciales.

Un amor contra reloj:

El film evita cuidadosamente el melodrama barato. Cuando Misaki recibe su diagnóstico, el cambio en el tono es abrupto pero necesario. Fukagawa no se demora en el suspenso médico ni en los detalles gráficos de la enfermedad. En cambio, se centra en cómo esta noticia afecta a ambos personajes. La escena del diagnóstico, filmada con planos cerrados y un sonido casi ausente, transmite la sensación de claustrofobia y desesperanza que sienten Misaki y Haruto. Honoka Matsumoto brilla en estas escenas, especialmente cuando Misaki decide alejarse de Haruto para «protegerlo». Su mirada, llena de resignación y rabia contenida, transmite más que cualquier monólogo.

El hermano protector: un personaje fallido:

Kento Nagayama como Takashi Ariake, el hermano de Misaki, es el punto débil del film. Su oposición al romance entre Haruto y Misaki parece más un dispositivo narrativo para crear conflicto que una personalidad desarrollada. Las escenas donde intenta «proteger» a su hermana carecen de la sutileza del resto de la película. En lugar de explorar sus motivaciones o matices, el guion lo reduce a un estereotipo del hermano sobreprotector.

El final predecible:

La resolución final también deja algo que desear. Después de la muerte de Misaki, Haruto decide honrar su memoria cada primavera, simbolizada por los pétalos de cerezo que caen. Es una conclusión emotiva pero predecible. El film podría haber explorado más a fondo el proceso de duelo de Haruto en lugar de optar por un cierre tan convencional.

¿A quién va dirigida?

Love Like the Falling Petals no es una película para todos los públicos. Su ritmo pausado y su enfoque en detalles íntimos la hacen más adecuada para un público adulto que busque algo más que entretenimiento ligero. Es una historia sobre el amor, sí, pero también sobre la aceptación de la muerte y la importancia de vivir plenamente.

Comparación con otras obras:

Si bien no alcanza la profundidad temática de Past Lives (8.7) o la originalidad visual de The Killer (6.8), Love Like the Falling Petals se sitúa en un nivel similar a Maestro (5.6).

El arte como consuelo:

Uno de los aspectos más interesantes del film es su exploración del arte como medio de curación. Haruto encuentra refugio en la fotografía, usando su cámara para capturar la belleza del mundo incluso cuando este se desmorona a su alrededor. Las secuencias donde trabaja en el estudio son algunas de las más tranquilas y evocadoras de la película, destacando cómo el arte puede ser un escape emocional. Sin embargo, el film no profundiza lo suficiente en esta idea. Podría haber explorado más sobre cómo el proceso creativo de Haruto evoluciona a lo largo de la historia, especialmente después de la muerte de Misaki.

La dirección de Fukagawa:

Yoshihiro Fukagawa demuestra un control seguro del lenguaje cinematográfico. Sus planos son cuidadosamente compuestos, y su uso de la luz natural—especialmente en las escenas al aire libre—añade una capa adicional de realismo a la historia. Sin embargo, hay momentos en los que su dirección se siente demasiado estática. La película podría haber beneficiado de más variedad en los ángulos de cámara para mantener el ritmo y la tensión dramática.

El sonido y la música:

La banda sonora es otro elemento que merece mención. Las piezas musicales, aunque discretas, complementan perfectamente las emociones en pantalla. Las melodías suaves y melancólicas durante las escenas más íntimas entre Haruto y Misaki crean una atmósfera de ternura y tristeza que resuena profundamente.

El reparto:

Kento Nakajima ofrece una actuación sólida como Haruto, capturando tanto la vulnerabilidad como la determinación del personaje. Su evolución desde un joven indeciso hasta un fotógrafo comprometido es convincente. Honoka Matsumoto, sin embargo, roba cada escena en la que aparece. Su interpretación de Misaki es llena de matices, mostrando una amplia gama de emociones con solo expresiones faciales y gestos sutiles.

La enfermedad como metáfora:

El film utiliza la enfermedad de Misaki como una metáfora del tiempo y la mortalidad. La progeria no solo acelera su envejecimiento físico, sino que también simboliza cómo el tiempo puede arrebatar abruptamente las oportunidades y los sueños. Esta interpretación se refuerza visualmente a través de los cerezos en flor, un símbolo recurrente en la cultura japonesa que representa la belleza efímera de la vida.

El tema del sacrificio:

Otro aspecto temático importante es el sacrificio. Misaki decide alejarse de Haruto para «protegerlo» del dolor de verla deteriorarse, mientras que Haruto, por su parte, se dedica a su fotografía como una forma de honrar su memoria. Estas decisiones subrayan la idea de que el amor verdadero a menudo implica renunciar a algo valioso.

Conclusión:

Love Like the Falling Petals es una película que desafía al espectador a reflexionar sobre la naturaleza transitoria de la vida y el amor.

Reparto

Fotos: The Movie Database (TMDB)

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