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La mano de Dios: una historia íntima con peso histórico

Martin Cid Magazine

La escena inicial de The Hand of God es un terremoto literal y metafórico: una pantalla de televisión que se desprende de la pared durante el sismo del 1980 en Nápoles, aplastando a Fabietto Schisa bajo su peso. Es una imagen poderosa que resume el tono de esta película de Paolo Sorrentino: lo trágico intersectándose con lo cotidiano, lo íntimo con lo histórico.

Sorrentino, conocido por su estilo visual exuberante (como en The Great Beauty), aquí opta por un enfoque más contenido pero igualmente evocador. La Nápoles de los 80 se retrata como un personaje más: desordenada, vibrante y llena de contradicciones. La fotografía captura la decadencia gloriosa de la ciudad, con planos que se detienen en detalles arquitectónicos o en el rostro de Filippo Scotti (el joven Fabietto), cuyos ojos transmiten una mezcla de asombro y desencanto.

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El corazón de la película late en los momentos que exploran la relación entre Fabietto y su familia disfuncional. Toni Servillo, como el padre Saverio, roba escenas con su presencia magnética, especialmente en un diálogo crudo sobre la paternidad fallida. La escena donde la familia Schisa se reúne alrededor del televisor para ver a Maradona es un ejemplo de cómo Sorrentino equilibra lo político y lo personal: el fútbol no es solo entretenimiento aquí, sino un reflejo de las aspiraciones colectivas de una nación.

Sin embargo, The Hand of God tropieza en su estructura fragmentada. La película salta entre momentos clave sin siempre justificar la conexión emocional entre ellos. Algunas secuencias, como el romance breve y poco desarrollado con Patrizia (Luisa Ranieri), sienten que están ahí más por obligación del género coming-of-age que por una necesidad narrativa auténtica.

La presencia de Diego Maradona es el otro gran acierto. No solo como figura deportiva, sino como símbolo de redención e identidad nacional. La secuencia donde Fabietto conoce al ídolo en un set de filmación es conmovedora, no por lo que dice, sino por lo que no dice: la cámara se acerca a los ojos del joven, mostrando su mundo interior colapsando bajo el peso de la admiración.

Pero Sorrentino a veces cae en la trampa de su propio estilo. La música de Lele Marchitelli, aunque evocadora, es utilizada con tanta frecuencia que roba impacto a escenas que merecían respirar por sí mismas. Y aunque el guion tiene destellos de poesía («La vida no es justo, pero es hermosa»), también incluye momentos predecibles, como la muerte de un personaje secundario que parece más un recurso dramático que una consecuencia orgánica de la trama.

MCM Score: 6.7/10 — craft 2 / story 2 / performances 2 / originality 1 / genre_fit 1.7

La película funciona mejor cuando se enfoca en lo pequeño: el primer beso de Fabietto, su fascinación por el cine (con cameos de actores como Marlon Joubert), o la relación tensa pero amorosa con sus padres. Esas escenas, llenas de detalles observados con ternura y crudeza, elevan The Hand of God más allá del típico drama adolescente. Pero cuando intenta abarcar demasiado—la historia de Italia, el mito de Maradona, la búsqueda de identidad—a veces pierde claridad en su mensaje.

Al final, Sorrentino entrega una película personal pero desigual: un collage de recuerdos que a veces emociona, otras confunde, y siempre fascina visualmente. No es su obra maestra, pero confirma que sigue siendo uno de los cineastas más interesantes trabajando hoy.

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