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El callejón de las almas perdidas: el noir de del Toro donde el único monstruo es un hombre

Molly Se-kyung

Empieza con un hombre arrastrando un cuerpo hacia un agujero en el suelo y termina con la pregunta que el dueño de una feria le hace a cada vagabundo desesperado que entra en su recinto: ¿puedes con un trabajo que solo es temporal? El callejón de las almas perdidas está construida como un círculo, y la primera vez no notas la soga hasta que aprieta. Guillermo del Toro filma la feria en ámbar y podredumbre, y la podredumbre es lo importante: todos venden aquí una versión de la esperanza, y el que aprende más rápido es el que más tiene que perder.

Es la primera película de del Toro sin una criatura dentro. Ni hombre anfibio, ni faunos, ni fantasmas de corazón mecánico. El monstruo es una persona y el horror es un oficio: la lectura en frío, el arte de decirle al desconocido lo que ya anhela escuchar. Esa sola decisión lo reordena todo. Sin una bestia a la que compadecer, la cámara solo puede mirar la ambición, y el Stanton Carlisle de Bradley Cooper le da mucho que estudiar.

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Un timo aprendido dos veces

Stanton llega con nada y un don para observar. Aprende de Zeena (Toni Collette) y de su marido arruinado, Pete (David Strathairn), que guarda un cuaderno de códigos verbales: toda una gramática para fingir clarividencia. Pete también lanza la advertencia que la película existe para demostrar: el número del espiritismo, decirle al que sufre que sus muertos están cerca, es la línea que un mentalista no debe cruzar. En la ciudad, el ámbar se vacía y todo se vuelve cristal y cromo. Allí aparece la doctora Lilith Ritter (Cate Blanchett), una psiquiatra que graba los secretos de sus pacientes ricos y reconoce a un depredador igual en cuanto él intenta jugar con ella.

Bradley Cooper en El callejón de las almas perdidas (2021), de Guillermo del Toro
El callejón de las almas perdidas (2021), de Guillermo del Toro.

Cooper interpreta a Stanton como un hombre que ha decidido que el encanto es una herramienta, no un don, y la tensión de esa decisión se le nota en la mandíbula antes que en la trama. Blanchett le responde con una femme fatale tallada en hielo. Rooney Mara sostiene la película como Molly, la única a la que Stanton todavía podría amar, razón precisa por la que el guion se lo impide. La fotografía de Dan Laustsen hace la mitad del relato; el diseño de producción y el vestuario le valieron tres de sus cuatro nominaciones al Óscar junto a la de Mejor Película.

Por qué perdura: el geek

La novela de Gresham (1946) y el filme de Edmund Goulding (1947) ya sabían adónde tenía que ir esta historia, y del Toro se niega a suavizarlo. El círculo se cierra. El hombre que aprendió a leer a los desesperados se vuelve el más desesperado de la sala, y la última frase de Cooper es uno de los finales más crueles del noir reciente. Funciona porque la película lo ganó dos horas antes. No es el film más cálido de del Toro, ni lo pretende: es el más disciplinado, una fábula sobre el apetito de que nos digan lo que queremos oír, con la ropa más hermosa que ha vestido un noir en años.

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