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The Photographer: un documental riguroso pero convencional

Veronica Loop

Imagina una escena: un cuerpo calcinado dentro de un automóvil abandonado en la costa argentina. Esa imagen, el punto de partida del documental The Photographer: Murder in Pinamar (2022), dirigido por Alejandro Hartmann, es el detonante de un escándalo que sacudió a Argentina en 1997 y sigue reverberando hoy. La película examina el asesinato del fotoperiodista José Luis Cabezas, un crimen que destapó una red de corrupción que llegaba hasta las altas esferas políticas y económicas.

El documental, con sus 106 minutos de duración, se presenta como un ejercicio meticuloso de reconstrucción histórica. Hartmann recopila testimonios, archivos periodísticos y material fílmico de la época para armar el rompecabezas del caso Cabezas. La estructura es lineal, casi cronológica, lo que permite seguir el desarrollo de los hechos con claridad. Sin embargo, esta linealidad también es su mayor limitación: el subgénero del true crime está saturado y exige innovación formal para destacar. The Photographer no arriesga en este sentido; se aferra a un formato convencional, con entrevistas frente a fondo neutro y montaje tradicional.

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Donde la película sí acierta es en su capacidad de transmitir la gravedad del caso. La reconstrucción del contexto histórico—la Argentina de los años 90, sumida en la corrupción y el descontento social—es uno de sus puntos fuertes. Hartmann logra mostrar cómo el asesinato de Cabezas no fue un hecho aislado, sino el síntoma de una enfermedad sistémica. Las entrevistas con periodistas, familiares del fotógrafo y expertos en derecho aportan capas de profundidad al relato, aunque algunas repiten información sin añadir nuevos matices.

El mayor problema de The Photographer es su falta de originalidad en la forma. En un momento en el que documentales como The Act of Killing o Citizenfour han redefinido los límites del género, este filme parece anclado en fórmulas antiguas. La ausencia de creatividad visual o narrativa hace que, pese a su relevancia temática, resulte predecible. Hay momentos en los que la película podría haber explorado más el impacto emocional del crimen—la pérdida de Cabezas para su familia, el miedo entre sus colegas periodistas—but these angles are glossed over in favor of sticking to the facts.

Aún así, The Photographer: Murder in Pinamar cumple con su objetivo principal: mantener al espectador enganchado a una historia que, por sí misma, es fascinante.

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