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Zadi y Quenard se cuelan en la NBA como agentes en ‘El sueño americano’

La comedia de Anthony Marciano juega la historia real de Bouna Ndiaye y Jérémy Medjana como un farol que sale bien
Liv Altman

El cine sobre agentes deportivos es un género pequeño y algo extraño. Toma a quien suele ser una nota al pie en el éxito ajeno —el intermediario, el que cierra el trato, la voz al otro lado del teléfono— y le entrega el relato entero. El sueño americano lo hace con dos hombres que no pintaban nada en esa sala: uno colocando cintas en un videoclub de provincias, el otro empujando un carro de limpieza por una terminal de aeropuerto, ambos convencidos de que la salida más rápida de un empleo sin futuro pasa directamente por la NBA.

Ese es el chiste y también el motor de la comedia de Anthony Marciano, y encima es cierto. La película sigue a dos amigos que deciden que la manera de hacerse ricos es representar a jugadores de baloncesto, sin un solo cliente, sin credibilidad y con un inglés sostenido a base de morro. Lo que les falta en cualquier cualificación medible lo compensan con descaro, y el resultado es prácticamente un estudio, en formato largometraje, de hasta dónde puede llevar el descaro antes de que llegue la factura.

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Elegir a Jean-Pascal Zadi y Raphaël Quenard para la pareja es la declaración de intenciones más clara del proyecto. Zadi, que se hizo un nombre con una comedia que deja que lo absurdo se juegue en serio, encarna a Bouna, el limpiador de sonrisa más ancha y farol más largo. Quenard, una de las presencias más inquietas del cine francés reciente, es Jérémy, el dependiente del videoclub cuya labia lo resuelve casi todo. Ninguno de los dos adula a su personaje: la película quiere que veamos el pánico bajo la chulería, que es justo lo que mantiene la estafa graciosa y no petulante.

Marciano, que también firma el guion, viene de la comedia popular francesa y mantiene el tono ligero incluso cuando la apuesta sube de Amiens a Manhattan. Su instinto es el del dúo —el ritmo de una amistad que discute su camino a través de cada obstáculo— más que el de la mecánica del negocio. Es una elección con consecuencias: hace que la película sea cálida y rápida, pero también que el propio mundo del baloncesto quede cómodamente desenfocado, más admirado que examinado.

Los verdaderos Bouna Ndiaye y Jérémy Medjana no son un invento de guionista. A partir de los años noventa se hicieron con una agencia en apuros, Comsport, y la convirtieron en una de las oficinas de representación más poderosas del baloncesto europeo, hasta colocar a toda una generación de jugadores franceses en la NBA. La película se sitúa en la línea que va de Jerry Maguire —la que convirtió por primera vez al agente en figura romántica— a cada comedia de farol y ambición posterior. Donde aquellas tenían que inventarse una redención, esta la tenía esperando en el expediente.

Hay además una tradición más larga: la de los europeos midiéndose contra una mitología americana en la que solo creen a medias. El título no es casual. Lo que filma Marciano no es tanto la NBA como su fantasía: esa convicción exportable y resistente de que la reinvención está al alcance de cualquiera dispuesto a hablar lo bastante rápido. La película funciona mejor cuando trata esa fantasía como un timo y como un plan de negocio a la vez, y se niega a elegir cuál prefiere.

Lo que no acaba de resolver es si quiere interrogar esa historia o simplemente disfrutarla. Representar en la élite del deporte profesional es un oficio despiadado y éticamente resbaladizo, y una película construida sobre el encanto tiene un incentivo evidente para dejar las aristas fuera de campo. El molde de comedia de colegas favorece a sus protagonistas por diseño: la audacia que desde un ángulo parece heroica, desde otro se parece bastante a la improvisación temeraria. Se agradece su compañía, pero rara vez se detiene a preguntar qué dirían los que salieron perdiendo en esos tratos.

Raphaël Quenard and Jean-Pascal Zadi in the comedy The American Dream, 2026
Raphaël Quenard and Jean-Pascal Zadi in The American Dream (2026)

Junto a Zadi y Quenard, el reparto incluye a Etienne Guillou-Kervern y Josh Casaubon, con Gregory Defleur entre los secundarios. Gaumont produce y distribuye, con Quad Films y France 2 Cinéma en el proyecto, y el rodaje se movió entre Francia y Canadá para dar cuerpo a las ciudades estadounidenses que los dos hombres se propusieron conquistar. Dura ciento veintidós minutos y, hay que reconocerlo, nunca estira el chiste más de la cuenta.

El sueño americano se estrena en los cines españoles el 24 de julio, después de haber pasado por las salas francesas desde febrero y por el Festival de Cine de Sídney este verano boreal; de momento no hay fecha confirmada de estreno en Estados Unidos ni en el Reino Unido. Para una película sobre dos forasteros que se colaron hablando, un desembarco escalonado por el mundo resulta de lo más apropiado.

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