Cine

El horror analógico pierde fuerza por efectos débiles

Una película que logra darnos una película de terror honesta y distinta por su formato y concepto
Martin Cid

Imagina la escena: un estudio de televisión en 1977, luces brillantes, una audiencia cautiva. De repente, lo que comienza como un espectáculo inocente se transforma en un portal al horror. Así arranca Late Night with the Devil, el último ejercicio en analog horror de los hermanos Cairnes. La película, una coproducción australo-estadounidense-emiratí, sigue la desastrosa emisión de un programa nocturno que invita a una niña supuestamente poseída para intentar superar las audiencias de Johnny Carson.

Lo que funciona aquí es el ambiente. Los hermanos Cairnes logran capturar la textura granulada y el encanto kitsch de la televisión analógica, usando hábilmente elementos de found footage y documental para sumergirnos en una época donde lo sobrenatural aún tenía un aire de misterio genuino. La elección de ambientar la película en 1977 no es casual: permite explorar temas como el culto a la personalidad, la obsesión por las audiencias y la línea borrosa entre entretenimiento y explotación. Escenas como la confrontación entre Christou (Fayssal Bazzi) y Carmichael Haig (Ian Bliss) destacan por su tensión bien construida, donde el escepticismo se choca de frente con lo inexplicable.

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Sin embargo, Late Night with the Devil tropieza en su ejecución. Los efectos demoníacos, aunque pasables, carecen del impacto visual que se espera en un género que exige lo espectacular. La niña poseída (Ingrid Torelli) no logra ser tan perturbadora como debería, y los momentos de terror dependen demasiado de recursos ya vistos: levitaciones, voces distorsionadas y mensajes crípticos. Además, la película intenta abarcar demasiado: desde el culto a lo oculto hasta la crítica al precio de la fama, diluyendo su impacto en una mezcla confusa que no siempre encuentra equilibrio.

Donde sí destaca es en las actuaciones. David Dastmalchian como Jack Delroy entrega un desempeño sólido, captando la desesperación de un hombre que lo arriesga todo por el éxito. Laura Gordon como June Ross-Mitchell aporta profundidad a su personaje, aunque su relación con Delroy se siente subdesarrollada. Ian Bliss roba escenas como Carmichael Haig, llevando el escepticismo hasta límites casi cómicos.

El mayor problema de Late Night with the Devil es su falta de originalidad. Aunque mezcla bien sus influencias—desde The Exorcist hasta Poltergeist—no aporta nada realmente nuevo al género.

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