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Fin de semana en Croacia es un thriller tonto y adictivo que cumple como pasatiempo

El thriller de Netflix de Kim Farrant (2022), con Leighton Meester, convierte una amnesia en Croacia en entretenimiento sin pretensiones.
Martha O'Hara
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Beth se despierta aturdida, con la noche anterior hecha jirones, y su mejor amiga ya no está. De ese arranque vive Fin de semana en Croacia, un thriller de Netflix dirigido por Kim Farrant a partir de la novela de 2020 de Sarah Alderson, que la propia autora adaptó al guion. Beth es una estadounidense afincada en Londres, madre reciente, que viaja a Croacia con Kate para pasar juntas un fin de semana. La película no tiene sutileza. Cuesta, eso sí, apartar la vista.

El planteamiento corre. Entre copas, Beth confiesa que su matrimonio atraviesa un bache y que no sabe qué hacer. Salen a bailar, dos hombres se acercan a ellas y Kate le propone a su amiga una aventura de una noche. A la mañana siguiente, el vacío. Rob, el marido de Beth, y la policía se muestran indiferentes ante la desaparición, y la única persona dispuesta a ayudar es Zain, el taxista que las llevó a la discoteca. Leighton Meester está mejor en este tramo que en ningún otro. Interpreta a una mujer que no puede fiarse de su propia memoria, y el guion convierte esa debilidad en un arma contra ella. La frustración se le ve en la cara mucho antes de que levante la voz.

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Ziad Bakri tiene el papel más delicado. Un desconocido que ofrece ayuda a una extranjera asustada es justo el tipo de personaje del que un thriller quiere que sospechemos, y Bakri lo interpreta con una decencia cauta que deja abiertas las dos lecturas. Beth recupera el bolso y el teléfono de Kate después de que Zain amenace a uno de los hombres de la discoteca. Entonces la película aclara quiénes eran: acompañantes que Kate había contratado y que, además, son estafadores acostumbrados a drogar y desvalijar a las mujeres a las que atienden. Es un buen desvío de la atención, y también el momento en que la película funciona mejor.

Luego deja de hacerlo. Aparece el cadáver de Kate. En su teléfono hay mensajes con Rob que delatan una aventura entre ambos. Los análisis encuentran drogas en el organismo de las dos mujeres, lo que da la razón a Beth, pero la policía, que antes la ignoraba, la cita como principal sospechosa y le retira el pasaporte. Después la acusa de haber contratado a Zain para matar a Kate. Sebastian, el anfitrión del alojamiento de Beth, graba a sus inquilinos, y sus imágenes muestran a Beth acostada temprano, a Kate víctima del robo de los acompañantes y a Kate subiendo a un taxi para seguirlos y regresando más tarde en otro coche. Ese coche es de Pavić, el policía que dudó de la versión de Beth desde el principio. El taxista que llevó a Kate esa noche cuenta que la dejó en la comisaría. Zain se entrega para que Beth pueda huir.

Cada uno de estos giros se sostiene por separado. Apilados, ponen a prueba la paciencia, y en la parte central el guion parece ir despachando trámites. Pavić muere al caer de un edificio durante un forcejeo con Beth, la policía da el caso por cerrado y todo indica que la película ha terminado. Falta un tramo. De vuelta en Londres, Rob quiere reconciliarse. Beth encuentra en el bolsillo de su abrigo las cuentas de un collar que ella le había regalado a Kate y lo encara mientras mantiene la línea abierta con la policía. Él admite que viajó a Croacia para impedir que Kate destapara la aventura, que discutieron y que la empujó al agua. La revelación funciona. Pero los mensajes salieron a la luz mucho antes, así que llega más como confirmación que como sorpresa. Además se pega a un final que ya parecía cerrado, y la confrontación pesa menos de lo que debería.

El reparto es desigual. La Kate de Christina Wolfe es una presencia fugaz y un nombre que repiten todos los demás, y la amistad que se supone que debe importarnos no llega a cuajar junto a la intensidad de Meester. Luke Norris compone a un Rob que siempre parece estar un poco en otra parte. Eso encaja con la última escena, pero durante casi todo el metraje es poco más que una pieza del engranaje. Amar Bukvić tiene un papel ingrato como Pavić, que primero debe resultar sospechoso y después culpable, y Adrian Pezdirc apenas tiene material con Sebastian.

Las opiniones andan repartidas. La reseña de RogerEbert.com la define como el mejor tipo de folletín deliberadamente disparatado, con paisajes preciosos y giros que mantienen la adrenalina alta. Otra reseña atribuye a Meester el mérito de sostener una película tensa pero escasa de fondo. Entre los espectadores de IMDb, hay quien enumera los errores de continuidad y aun así la considera un thriller por encima de la media. Yo me quedo en un punto intermedio. Según el top 10 de Netflix, sumó 79,95 millones de horas de visionado entre el 27 de febrero y el 20 de marzo de 2022. Es una cifra enorme, pero solo mide cuánta gente la puso, no cuánta la defendería.

La trama se olvida pronto. Lo que queda es la amistad que la sostiene y las traiciones que la rodean: Beth pierde a Kate, descubre que Kate le ocultaba cosas y averigua, al final, que el responsable vivía en su propia casa. Farrant no profundiza demasiado en nada de eso, y la película lo paga. Aun así, los paisajes croatas y una protagonista que hace creíble su desconcierto compensan bastante. Es un thriller para una noche de sábado y no pretende ser otra cosa, y dentro de ese margen cumple con holgura.

Reparto

Fotos: The Movie Database (TMDB)

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