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Kate: Una venganza sin alma

Cedric Nicolas-Troyan firma un impecable recopilatorio de John Wick, Crank y Kill Bill, y su protagonista merecía una película con voz propia.
Camille Lefèvre
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La sangre salpica su rostro como si fuera pintura abstracta mientras Mary Elizabeth Winstead, con los ojos inyectados en adrenalina, aprieta el gatillo por última vez. Esa imagen inicial de «Kate» (2021) no es solo un shock de violencia gratuita; es una declaración de intenciones: esto será crudo, visceral y sin concesiones. Dirigida por Cedric Nicolas-Troyan – conocido por dirigir The Huntsman: Winter’s War – y escrita por Umair Aleem, la película se presenta como un thriller de acción con pretensiones de profundidad emocional. Y aunque cumple en algunos aspectos, tropieza en otros donde el género exige más precisión quirúrgica que explosiones espectaculares.

El problema central de «Kate» no es su premisa – una asesina implacable (Winstead) con menos de 24 horas para vengarse antes de morir por envenenamiento – sino cómo la ejecuta. La trama sigue estructuras conocidas: el reloj que avanza inexorablemente, los aliados inesperados (Ani, la hija de una víctima anterior interpretada por Miku Martineau), y el villano carismático (Woody Harrelson como Varrick). Donde la película podría haber innovado es en el desarrollo de estos elementos. Winstead tiene química con Martineau, pero sus interacciones rara vez trascienden lo superficial. Hay momentos de ternura genuina entre ellas – especialmente cuando Kate le enseña a Ani a manejar un arma mientras comparten una botella de sake -, pero estos instantes quedan ahogados por la necesidad constante de avanzar hacia el siguiente clímax action.

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Donde «Kate» brilla es en su coreografía física. La secuencia del ascensor – donde Kate lucha contra varios atacantes mientras el compartimento se llena de sangre – es un tour de force (sí, lo sé) de dirección y edición. Nicolas-Troyan utiliza planos cerrados para enfatizar la claustrofobia, mientras que los cortes rápidos mantienen la tensión en niveles estratosféricos. Es cine puro, diseñado para hacer latir el corazón del espectador. Pero incluso aquí hay cabos sueltos: ¿por qué los antagonistas insisten en luchar cuerpo a cuerpo cuando podrían haber disparado desde fuera? Preguntas así revelan que, aunque la película se toma su violencia en serio, no siempre piensa con la misma rigurosidad.

El mayor activo de «Kate» sigue siendo Winstead. Su interpretación oscila entre lo brutal y lo vulnerable con una facilidad envidiable. Hay un momento, después de una pelea particularmente sangrienta, donde su personaje se desploma contra una pared y rompe a llorar. Ese instante de humanidad, filmado en un primer plano desgarrador, es cuando la película encuentra su pulso emocional más auténtico. Lástima que momentos así sean escasos.

Harrelson, por otro lado, parece estar interpretando a un personaje escrito para alguien como Mads Mikkelsen o Christoph Waltz – villanos con capas de complejidad. En lugar de eso, Varrick queda atrapado en arquetipos conocidos: el jefe criminal que disfruta del juego tanto como del poder. Tadanobu Asano y Jun Kunimura tienen papeles menores pero memorables como miembros de la yakuza, aportando un aire de autenticidad a las escenas ambientadas en Japón.

El mayor pecado de «Kate» es su falta de originalidad. No se trata solo de que la premisa sea familiar (recuerda ecos de John Wick mezclados con el drama emocional de The Equalizer), sino de cómo se repiten estructuras narrativas sin aportar nada nuevo. La relación entre Kate y Ani, por ejemplo, podría haber sido explorada con mayor profundidad – ¿cómo afecta la muerte de su padre a la niña? ¿Qué significa realmente ser una asesina cuando tu última misión implica proteger a alguien que simboliza todo lo que odias? Estas preguntas se plantean pero nunca se desarrollan.

A nivel técnico, la cinematografía de Nicolas-Troyan merece elogios. Su uso de colores fríos y tonos sepia durante las escenas en Japón crean una atmósfera distintiva, aunque a veces los cambios de paleta parecen más decorativos que narrativamente necesarios. La banda sonora, compuesta por Steve Jablonsky, es funcional pero olvidable – un problema común en películas donde la acción debería hablar por sí misma.

Comparada con otras películas del género, «Kate» queda en una posición intermedia. No alcanza el nivel de Atomic Blonde (2017) en términos de innovación visual, ni la profundidad emocional de Widows (2018). Pero tampoco cae en los excesos de Bright (2017), que priorizaba la espectacularidad sobre todo lo demás. En cierto modo, es un producto competente pero anodino – el tipo de película que disfrutarás si te gustan las historias de venganza y las heroínas fuertes, pero que olvidarás tan pronto como los créditos terminen.

¿A quién va dirigida? Probablemente a fans del cine de acción sin pretensiones. Quienes busquen algo más allá de explosiones y peleas bien coreografiadas encontrarán que «Kate» no ofrece suficiente sustancia. Sin embargo, para quienes disfrutan viendo a Winstead en modo «terminator femenino», la película cumple su cometido.

MCM Score: 6.3/10 — craft 7 / story 5 / performances 8 / originality 4 / genre_fit 7

La puntuación refleja una ejecución técnica sólida (especialmente en acción y actuación) que no puede compensar las deficiencias en narrativa y originalidad. Winstead merece una mejor película, pero mientras tanto, «Kate» sirve como un entretenimiento decente para noches de Netflix.

Reparto

Fotos: The Movie Database (TMDB)

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