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Bankrolled: una sátira que no alcanza su potencial

Martin Cid
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La escena inicial de Bankrolled es una tormenta de alcohol y ambición mal dirigida: Blas (Ricardo Polanco) y Polo (Aldo Escalante), dos millennials desempleados, graban un video borracho para promocionar una app que no existe. El absurdo se convierte en pesadilla cuando el video se vuelve viral y recaudan millones en crowdfunding. Dirigida por Marcos Bucay y estrenada en Netflix en julio de 2021, esta comedia mexicana intenta satirizar la cultura startup y las promesas vacías de la era digital, pero termina atrapada entre su deseo de ser una crítica mordaz y una farsa absurda.

El mayor acierto de Bankrolled es su tono desenfadado durante los primeros actos. La química entre Escalante y Polanco funciona especialmente en las escenas iniciales, donde la improvisación parece genuina. El dúo captura bien esa mezcla de incompetencia y carisma que define a muchos emprendedores de garaje. Natalia Téllez, como Natalia, aporta un contrapeso necesario al caos masculino, aunque su personaje queda subutilizado. Bucay demuestra un buen ojo para la sátira cuando se centra en la hipocresía de los inversores y el frenesí mediático que rodea a las startups. La secuencia del evento de lanzamiento, donde la app falla espectacularmente, es uno de los momentos más divertidos de la película, gracias a su ritmo ágil y al diseño de producción colorido.

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Sin embargo, Bankrolled tropieza cuando intenta equilibrar su crítica social con una trama convencional. La estructura se vuelve predecible: los protagonistas intentan (y fracasan) en crear algo funcional, las mentiras se acumulan, y el clímax depende de un giro forzado que involucra a Natalia. Bucay no logra decidir si quiere hacer una comedia absurda o una crítica mordaz del capitalismo tecnológico, lo que debilita el impacto final. La dirección de arte y el diseño de producción, aunque coloridos, carecen de distinción visual, algo crucial para destacar en un género tan saturado como la comedia.

La actuación de Escalante destaca por su capacidad para transmitir tanto incompetencia como carisma, mientras que Polanco roba escenas con su entrega física. Sin embargo, los personajes secundarios —como el de Fabrizio Santini (Aderales)— son bidimensionales, reducidos a estereotipos del mundo empresarial. La banda sonora, aunque pegadiza, repite fórmulas genéricas para las comedias modernas. Bucay intenta mezclar varios estilos, desde la comedia absurda hasta el drama de redención, pero el resultado es una identidad visual y narrativa confusa.

Bankrolled también falla en su intento de profundizar en temas más serios, como la autenticidad en la era digital o la presión social por tener éxito. Estas ideas aparecen en fragmentos, pero nunca se exploran a fondo. Por ejemplo, la relación entre Blas y Polo podría haber sido un vehículo para explorar la amistad y la lealtad bajo presión, pero se reduce a un conflicto superficial sobre el dinero y las mujeres.

En comparación con otras comedias recientes de Netflix, Bankrolled palidece. Películas como The Kill Team (2019) o The Trial of the Chicago 7 (2020) demuestran que la plataforma puede producir contenido con profundidad temática y dirección sólida. Bankrolled, en cambio, se queda en la superficie, contentándose con chistes fáciles y situaciones absurdas.

La película también sufre de un problema común en las comedias modernas: la sobreexposición de sus personajes. Blas y Polo son tan incompetentes que resulta difícil empatizar con ellos, y sus decisiones suelen ser impulsadas por la necesidad de avanzar la trama más que por una lógica interna coherente. Esto hace que el clímax, donde finalmente enfrentan las consecuencias de sus acciones, se sienta forzado y poco satisfactorio.

A pesar de estos defectos, Bankrolled tiene momentos brillantes. La escena en la que Blas y Polo intentan explicar su app a un grupo de inversores es particularmente efectiva, gracias a la entrega cómica de Escalante y Polanco. La película también hace un buen trabajo al satirizar la obsesión por las startups y el mito del «éxito overnight». Sin embargo, estos momentos no son suficientes para salvar una narrativa que se siente desconectada y un conjunto de personajes poco desarrollados.

En términos de audiencia, Bankrolled parece dirigida a jóvenes adultos familiarizados con la cultura startup y las redes sociales. La película asume que el espectador conoce los códigos de estas industrias, lo que puede alienar a aquellos menos versados en el tema. Sin embargo, incluso para este público objetivo, la película no ofrece suficiente sustancia para justificar su duración.

Bankrolled es una comedia que tiene momentos brillantes pero que no logra sostener su premisa de manera consistente. Bucay demuestra talento para la sátira, pero le falta pulir la narrativa y profundizar en sus personajes.

Reparto

Fotos: The Movie Database (TMDB)

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