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Bankrolled: comedia que no logra bancar su propia idea

Martin Cid

Imagina a dos millennials borrachos grabando un video de promoción para una aplicación que no existe. Es la premisa ridícula pero potencialmente hilarante de Bankrolled (2021), dirigida por Marcos Bucay y disponible en Netflix. La película sigue a Blas Solano (Ricardo Polanco) y Polo Ríos (Aldo Escalante), dos jóvenes desempleados que, tras una noche de excesos, publican un video falso sobre una app revolucionaria. Para su sorpresa, el proyecto se vuelve viral y recaudan millones. Ahora, la verdadera comedia comienza: tienen que crear la aplicación.

La película satiriza el mundo de las startups tecnológicas y el crowdfunding, un terreno fértil para el humor absurdo. Bucay aprovecha esta premisa para criticar la cultura del hype y los inversores ingenuos que financian proyectos sin sustento real. La idea central es sólida y relevante en la era de las criptomonedas y las IPOs cuestionables, pero Bankrolled tropieza al ejecutarla.

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El mayor problema de la película es su falta de consistencia cómica. Las situaciones absurdas —como los protagonistas improvisando respuestas a preguntas técnicas— podrían ser divertidas, pero el guion no logra mantener un tono equilibrado. Hay momentos que rozan lo ingenioso, como cuando Blas y Polo intentan explicar su app inexistente con jerga tecnológica inventada, pero estos destellos de humor se pierden en una narrativa que se siente desenfocada.

Las actuaciones de Polanco y Escalante son decentes, aunque sus personajes carecen de profundidad. Son arquetipos del millennial vago pero carismático, y aunque su química es evidente, no logran elevar el material. Natalia Téllez, como Natalia, aporta un contrapunto más serio, pero su rol se reduce a ser la voz de la razón en medio del caos.

Técnicamente, Bankrolled es competente pero anodina. La dirección de Bucay es funcional, con planos que buscan capturar el estilo de vida desordenado de los protagonistas, pero nada destaca visualmente. La banda sonora y el diseño de sonido intentan añadir dinamismo, pero se quedan cortos.

Donde la película sí acierta es en su crítica social. La sátira del mundo startup es afilada y oportuna, aunque a veces demasiado obvia. Bucay no se anda con rodeos al mostrar cómo los protagonistas manipulan a inversores y medios para mantener su farsa, un reflejo de casos reales como los de Elizabeth Holmes o Adam Neumann.

Sin embargo, Bankrolled nunca logra equilibrar su tono. Oscila entre la comedia absurda y el drama empresarial sin encontrar un ritmo coherente. Las escenas más prometedoras —como las reuniones con inversores— se diluyen en una trama que pierde fuerza a medida que avanza.

En resumen, Bankrolled tiene una premisa interesante y algunos momentos entretenidos, pero sufre por su falta de enfoque y profundidad cómica. Es una película que podría haber sido más audaz en su sátira o más pulida en su ejecución, pero termina siendo un esfuerzo mediocre.

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