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Pål Øie sumerge Kraken en un fiordo noruego que te devuelve la mirada

Jun Satō

La premisa de Kraken es, casi por completo, una cuestión de superficie. Una bióloga marina llega a una piscifactoría de una comunidad tranquila junto al fiordo para estudiar qué está haciendo el agua, y poco a poco el agua empieza a hacer algo a cambio. Pål Øie plantea la amenaza primero como una ausencia, una lisura que simplemente se sostiene, esa calma que una costa lleva puesta tanto tiempo que nadie la lee ya como advertencia. Entonces aparecen dos adolescentes muertos, desgarrados más que ahogados, y la lisura deja de parecer calma y empieza a parecer una tapa.

Lo que sostiene la película es su contención sobre lo que hay debajo. Esta cinta noruega de criatura mantiene a su monstruo mar adentro y fuera de plano todo el tiempo que aguanta, confiando en un plano aéreo de un único kayak que se desliza sobre una forma más oscura en el fondo. La forma se resuelve, cuanto más la miras, en el contorno tosco de un ojo, y el fiordo se convierte a la vez en escenario y en antagonista. Øie entiende que una criatura asusta más como un rumor que guarda el paisaje, y deja que la geografía amenace antes de que llegue ningún diente.

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Sara Khorami interpreta a Johanne, la bióloga, y el reparto fija la temperatura de la película. No es una heroína de acción metida a la fuerza en un traje de neopreno para una persecución. Es el instrumento racional que el relato sobrecarga lentamente, una científica cuyo trabajo consiste en explicar el agua y cuyas explicaciones se agotan lectura a lectura. A su alrededor, Mikkel Bratt Silset e Ingvild Holthe Bygdnes sostienen la escala humana de una pequeña comunidad costera que preferiría no creer en su propio fiordo. El conjunto está construido para quedar en inferioridad, y la película no deja de recordarte qué pocos son frente a tanta agua.

Øie llega al cine de criaturas desde el extremo más frío del género noruego. Se hizo un nombre con una película de catástrofe claustrofóbica ambientada dentro de un túnel de montaña que se derrumba, y antes con un terror doméstico y cerrado que funcionaba encerrando habitaciones en torno a la gente. Kraken extiende ese instinto hacia fuera, cambia la opresión del espacio cerrado por su imagen invertida: lo abierto y lo insondable. La mirada del director sigue siendo la misma, fija en el momento exacto en que un paisaje familiar se vuelve hostil, pero el lienzo no podría ser más amplio, y el miedo ya no es que las paredes estén demasiado cerca. Es que no hay paredes.

La película se apoya más en una angustia real que en una mitológica. Su piscifactoría no es atrezo: es el motor. Las jaulas, los conductos de alimento y las cámaras submarinas pertenecen a una industria que ha reorganizado esta costa y, sugiere la película, ha perturbado algo que la costa guardaba en silencio. Signature Entertainment, que se ha quedado con el film para el Reino Unido, calificó su mensaje de ecológico, y ese encuadre se lee en pantalla. El monstruo funciona menos como folclore que como la devolución de todo lo que se ha obligado al fiordo a absorber, una deuda que vuelve nadando hacia arriba. Si la metáfora está a la altura de su escala es la pregunta abierta que la película arrastra desde el primer plano.

Esa escala es también donde Kraken queda más expuesta. Una película de criatura vive y muere por la revelación, y la misma paciencia que hace funcionar la primera hora puede agriarse en mera reticencia si el tercer acto no la devuelve. El ojo en el agua es una promesa, y el presupuesto de una producción de género noruega no es el de Hollywood; la apuesta del film es que la sugerencia cargue con un peso que la partida de efectos no puede permitirse. Las muertes tempranas suben pronto lo que está en juego, pero la película todavía tiene que decidir cuánto enseña de su monstruo y cuánto deja a la oscuridad, y esa decisión es toda la partida. La contención es una estrategia hasta que se convierte en excusa.

Kraken dura noventa y cuatro minutos. Pål Øie dirige a partir de una producción de John Einar Hagen, Einar Loftesnes y Vindhya Sagar, con un reparto que incluye además a Øyvind Brandtzæg, Jenny Evensen y Steinar Klouman Hallert. TrustNordisk lleva las ventas internacionales, y la película ya ha recorrido el circuito de festivales, con estreno en Noruega y pases en festivales de cine fantástico por toda Europa, donde el cine de criaturas encuentra a la vez a su público más entregado y más exigente.

Samuel Goldwyn Films estrena Kraken en Estados Unidos el 12 de junio, en una distribución limitada en salas combinada con vídeo bajo demanda. Signature Entertainment se queda con el Reino Unido e Irlanda. En España no hay todavía fecha de estreno confirmada, de modo que, por ahora, el público de aquí conocerá el agua a través de su reputación en festivales y de esa única imagen que observa, más que de una fecha en cartelera. Para una película cuyo método entero consiste en hacerte mirar una superficie quieta y esperar, la demora casi le va al personaje.

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