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Reda Kateb da vida al falsificador que hizo temblar al Banco de Francia en «La copia perfecta»

Camille Lefèvre

Hay una tradición del cine francés que observa al criminal no como un problema por resolver sino como un artesano por estudiar, y la nueva película de Jean-Paul Salomé se instala en ella con comodidad. Su protagonista es un falsificador, un ingeniero polaco llegado a Francia que descubrió que sus manos podían producir billetes más convincentes que los que imprimía el propio Estado. A la película no le interesa, en el fondo, el delito. Le interesa la paradoja que late en su centro: un hombre cuya obra maestra jamás podría firmar y cuyos únicos admiradores verdaderos eran los policías encargados de detenerlo.

La historia es real, o lo bastante real como para inquietar. Un emigrado sin papeles y sin manera de patentar los inventos que se le agolpaban en la cabeza, Bojarski se refugió en un cobertizo del jardín y allí fabricó francos de una precisión que ponía en aprietos al Banco de Francia para distinguir sus billetes de los propios. Mantuvo el negocio oculto incluso para su familia, una segunda vida plegada con cuidado en las rutinas de un hogar corriente. Salomé construye la película alrededor de ese ocultamiento y de la obsesión creciente del comisario Mattei, el agente para quien el caso deja poco a poco de ser un trabajo y se convierte en algo parecido a una vocación.

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Salomé ya ha trabajado esta veta. Tras «La Syndicaliste», su retrato de una alertadora triturada por la maquinaria empresarial, vuelve a fijarse en una figura real que vive a contrapelo del sistema y confía en la reconstrucción para sostener el argumento moral. La época — la Francia de las décadas de posguerra, sus barras de zinc, sus talleres y sus ministerios grises — llega sin nostalgia, tratada como textura y no como postal. Filma la propia falsificación con la concentración que una película menor reservaría para un atraco: las planchas, el papel de trapo, la tinta, la exasperante paciencia de arrancarle una marca de agua al papel.

El Bojarski real ejerció su oficio durante casi dos décadas, y la película honra la pura duración del engaño: la forma en que un fraude sostenido tanto tiempo deja de ser una travesura para volverse una vida. Lo que el Banco de Francia terminó por enfrentar no era una banda, sino un técnico solitario cuya paciencia sobrevivió a cada método enviado contra él, y Salomé deja que esa asimetría marque el compás. El Estado tiene laboratorios, archivos, personal; el falsificador tiene un cobertizo, una lupa y tiempo.

Reda Kateb dota a Bojarski de una quietud monacal, la absorción de un artesano que ha encontrado lo único que hace mejor que nadie y no logra parar. Es una interpretación levantada sobre la contención, y sostiene en pie toda la película. Frente a él, Bastien Bouillon — cuyo investigador obsesivo de «La noche del 12» no se ha borrado aún de la memoria — interpreta a Mattei como un espejo más que como un contrario: dos perfeccionistas girando en torno al mismo objeto desde lados opuestos. Sara Giraudeau, como la esposa mantenida en la ignorancia, aporta la gravedad doméstica que impide que el relato se evapore en puro ingenio.

Esa misma seducción es también la exposición de la película. La idea del falsificador como artista halaga un poco: invita al espectador a admirar el oficio y a extraviar en silencio el fraude, la moneda envilecida, la gente corriente a la que se pagó con papel sin valor. Salomé se resiste en general a canonizar a su protagonista, pero el encuadre se inclina hacia el romance, y quien busque un ajuste de cuentas más duro con lo que costó la falsificación puede encontrar una película más enamorada de su héroe que dispuesta a interrogarlo. Tampoco escapa del todo a la gravitación de su género: el esquema del gato y el ratón es elegante pero conocido, y el desenlace aterriza más o menos donde la forma siempre prometió.

Reda Kateb as counterfeiter Bojarski in The Money Maker directed by Jean-Paul Salome (2026)
Reda Kateb in The Money Maker (2026)

Nada de eso anula el placer de ver a un director tan seguro manejar una historia tan inverosímil. Salomé ha hecho ese raro thriller de época que confía en que el público se quede con el proceso, que encuentre el suspense en un pulso firme y en una hoja de papel secándose.

«La copia perfecta» llega a los cines españoles el 10 de julio, después de su estreno francés a comienzos de año y antes de su salida alemana a finales de mes. Es la ocasión de descubrir a un hombre cuyo arte entero consistía en hacer creer.

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