Cine

La cumbre de los dioses: una montaña de belleza, un valle narrativo

Veronica Loop

La cámara en la niebla

La escena inicial de The Summit of the Gods es inolvidable: Makoto Fukamachi, un fotógrafo japonés, encuentra una cámara antigua en una tienda de antigüedades en Katmandú. La luz tenue del local ilumina el objeto como si fuera un tesoro, y la voz en off de Éric Herson-Macarel narra con gravedad lo que podría cambiar la historia del alpinismo. Esta apertura es prometedora, pero el resto de la película no siempre mantiene esa intensidad.

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Dirigida por Patrick Imbert y adaptada del manga de Jiro Taniguchi, The Summit of the Gods (2021) sigue a Fukamachi mientras investiga el paradero de Jōji Habu, un climber legendario que desapareció en las montañas. La animación es, sin duda, uno de los puntos fuertes del filme. Los paisajes nevados y las cumbres imposibles están dibujados con una delicadeza que evoca lo sublime, recordando a películas como Kubo and the Two Strings (2016) o incluso Your Name (2016). La animación no solo es visualmente deslumbrante, sino que también logra transmitir la soledad y el aislamiento de los personajes en medio de la naturaleza.

Sin embargo, la estructura narrativa es uno de sus mayores problemas. El filme alterna entre el presente de Fukamachi y los recuerdos de Habu, pero estas transiciones no siempre son fluidas. Hay momentos en los que la película se siente como dos historias distintas que luchan por coexistir. Además, el ritmo inicial es lento, casi ponderoso, lo que puede desanimar a algunos espectadores antes de que la trama realmente despegue.

Otro aspecto destacable es la voz del reparto. Damien Boisseau, como Fukamachi, y Éric Herson-Macarel, como Habu, logran transmitir la obsesión y el desgaste emocional de sus personajes. La actuación vocal es sutil pero efectiva, especialmente en las escenas más íntimas, donde la soledad y el arrepentimiento de los personajes se hacen palpables.

Pero donde la película realmente brilla es en su exploración de temas como la adicción al riesgo y la búsqueda de la verdad. La obsesión de Habu por escalar el Everest no es solo una meta física, sino también una huida emocional. Fukamachi, por otro lado, está obsesionado con descubrir la verdad detrás de la desaparición de Mallory e Irvine, lo que refleja su propia lucha interna.

A pesar de sus logros visuales y temáticos, The Summit of the Gods no logra mantener un equilibrio consistente entre su narrativa y su ritmo. La película se siente a veces como una colección de momentos hermosos pero desconectados, en lugar de una historia cohesiva. Además, el final, aunque emotivo, llega demasiado tarde para compensar la lentitud del desarrollo previo.

En resumen, The Summit of the Gods es un filme que merece ser visto por su animación impresionante y su exploración profunda de la obsesión humana, pero sufre por una estructura narrativa desequilibrada y un ritmo irregular.

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