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La escena final de *My Best Friend Anne Frank* es una imagen desgarradora que se clava en la retina

Martin Cid Magazine
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La escena final de My Best Friend Anne Frank es una imagen desgarradora que se clava en la retina: Hannah Goslar, demacrada y con los ojos llenos de lágrimas, mira a través de una pared de madera astillada mientras su mejor amiga, Anne Frank, le devuelve la mirada desde el otro lado. Esta reunión en el campo de concentración de Bergen-Belsen es el corazón emocional del filme, pero también su mayor debilidad.

Dirigida por Ben Sombogaart, esta película holandesa de 2021 se adentra en un territorio narrativo difícil: la amistad entre dos niñas judías durante el Holocausto. Basada en las memorias de Hanneli Goslar (interpretada por Josephine Arendsen), la historia comienza con una inocencia que rápidamente se ve eclipsada por el horror. La dirección de Sombogaart es competente, aunque a veces cae en lugares comunes del género dramático histórico: los planos amplios de Amsterdam bajo ocupación, las miradas cargadas de significado entre las protagonistas, los silencios incómodos que sustituyen al diálogo.

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El mayor acierto del filme es la química entre Arendsen y Aiko Beemsterboer, quien interpreta a Anne Frank. Su amistad en pantalla es creíble, llena de risas compartidas y complicidad infantil, lo que hace aún más dolorosa su separación forzada. Sin embargo, el guion flaquea cuando intenta equilibrar la nostalgia con el horror: las transiciones entre los recuerdos felices y la realidad del campo de concentración son abruptas, como si el filme no supiera cómo manejar el peso emocional de su propia historia.

La fotografía es otro punto fuerte, especialmente en las escenas ambientadas en Amsterdam. Los tonos cálidos de los interiores contrastan con el gris opresivo de los campos de concentración, pero esta elección visual a veces se siente demasiado obvia, como si el filme estuviera recordando constantemente al espectador cuándo y dónde ocurre la acción.

La actuación de Arendsen destaca por su capacidad para capturar la esencia de Hannah Goslar: inteligente, curiosa y, al mismo tiempo, terriblemente vulnerable. Sin embargo, el reparto secundario no siempre está a la altura. Algunos personajes, como el padre de Hannah (Roeland Fernhout), parecen más arquetipos que individuos, lo que debilita las relaciones emocionales en pantalla.

La mayor crítica que se le puede hacer a My Best Friend Anne Frank es su falta de originalidad. Aunque el enfoque desde la perspectiva de Goslar es interesante, el filme no logra distinguirse de otras películas sobre el Holocausto. La estructura narrativa es predecible, y las escenas clave—como la separación de las familias o el encuentro en el campo de concentración—carecen del impacto emocional que podrían haber tenido con un guion más audaz.

El tema central del filme, la amistad bajo condiciones extremas, es poderoso pero no suficientemente explorado. La relación entre Hannah y Anne podría haber sido desarrollada con mayor profundidad, especialmente en lo que respecta a sus diferencias y similitudes. El filme parece contentarse con mostrar su cercanía sin indagar en cómo esta relación les ayuda a sobrevivir o, al menos, a mantener la cordura.

Además, el ritmo del filme es irregular. Las primeras escenas, ambientadas en Amsterdam, fluyen con naturalidad, pero una vez que las protagonistas son deportadas a Bergen-Belsen, la narrativa se vuelve más torpe. La secuencia del encuentro entre Hannah y Anne, aunque emotiva, está mal ejecutada: la música dramática, los primeros planos excesivos y el diálogo forzado restan autenticidad al momento.

La película también adolece de una falta de contexto histórico. Aunque es comprensible que el enfoque sea personal, un poco más de información sobre el entorno político y social habría enriquecido la narrativa. Por ejemplo, las escenas en el campo de concentración podrían haber mostrado con mayor detalle las condiciones de vida, en lugar de limitarse a un escenario genérico.

En cuanto a su público objetivo, My Best Friend Anne Frank parece dirigirse tanto a espectadores jóvenes como adultos. La historia de amistad puede atraer a un público más joven, mientras que el contexto histórico y la crudeza del Holocausto pueden interesar a los adultos. Sin embargo, esta dualidad no se maneja con suficiente habilidad: el filme oscila entre un tono infantil y otro más sombrío sin lograr una transición fluida.

La película fue bien recibida en su país de origen, obteniendo el premio Golden Film en 2021 tras vender más de 100.000 entradas. Sin embargo, su estreno internacional a través de Netflix no generó el mismo impacto.

En definitiva, My Best Friend Anne Frank es una película bien intencionada pero convencional. Aunque tiene momentos emotivos y una actuación destacable por parte de Josephine Arendsen, su falta de originalidad y su estructura narrativa predecible la convierten en una experiencia cinematográfica olvidable.

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Fotos: The Movie Database (TMDB)

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