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Don’t Kill Me: promesa fallida en el horror

Martin Cid
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La primera imagen de Don’t Kill Me es impactante: Mirta (Alice Pagani) convulsionando en los brazos de su novio Robin (Rocco Fasano), espuma blanca brotando de sus labios mientras se debate entre la vida y la muerte. Pero donde el género de terror nos ha acostumbrado a ver a las víctimas quedarse en el suelo, De Sica hace algo distinto: ella abre los ojos de nuevo. No como una sobreviviente, sino como un depredador hambriento. Esta premisa central—la transformación de una joven adicta en un ser mitad humano, mitad monstruo—es el único momento donde la película sugiere que podría ofrecer algo más que otra historia de zombis predecible.

Andrea De Sica, nieto del legendario director Vittorio De Sica y heredero de su estilo narrativo, intenta mezclar elementos góticos con el horror moderno en Don’t Kill Me, adaptación de la novela Non mi uccidere de Chiara Palazzolo. La película fue estrenada primero en Italia en 2021 antes de llegar a Netflix internacionalmente en 2022, lo que sugiere una apuesta por el mercado global del género. Sin embargo, el resultado es una obra confusa que oscila entre el drama romántico y el terror visceral sin lograr equilibrar ninguno de los dos.

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La idea de los «Overdead» —criaturas resucitadas con instintos asesinos—tiene potencial para explorar temas como la adicción, la pérdida de humanidad y la redención. Pero De Sica abandona rápidamente estas posibilidades filosóficas en favor de una sucesión de escenas violentas que carecen de coherencia emocional o narrativa. La película se estructura como un collage de momentos: Mirta escondiéndose del sol, atacando a extraños en callejones oscuros, y ocasionalmente interactuando con Robin, quien parece más confundido que asustado por su nueva condición.

La dirección de De Sica es irregular. En algunos momentos, como durante los ataques de Mirta, intenta un estilo visual agresivo con planos subjetivos que pretenden sumergir al espectador en la experiencia del personaje. Sin embargo, estos intentos a menudo resultan torpes o incluso cómicos. La fotografía, dominada por tonos oscuros y grano excesivo, podría haber funcionado en una película de terror atmosférico, pero aquí solo sirve para ocultar la falta de claridad en el guion.

Las actuaciones son otro punto débil. Alice Pagani, conocida por su papel en Baby, hace lo que puede con un personaje que nunca se desarrolla más allá de sus instintos básicos. Su Mirta es una criatura de necesidades primarias: hambre, miedo, confusión. Rocco Fasano como Robin y Silvia Calderoni como Sara tampoco logran transmitir profundidad emocional. Los diálogos son artificiosos y las relaciones entre los personajes carecen de la química necesaria para hacer creíble el conflicto central.

Uno de los mayores problemas de Don’t Kill Me es su falta de identidad clara. ¿Es un drama romántico oscuro sobre una pareja enfrentando una crisis sobrenatural? ¿Un thriller de terror gótico que explora temas como la adicción y la redención? ¿O simplemente otra película de zombis convencional con un giro superficial? La respuesta es ninguna de las anteriores, ya que la película no logra comprometerse con ninguno de estos enfoques. Los saltos temporales abruptos y la estructura narrativa fragmentada solo empeoran el problema, dejando al espectador preguntándose qué tipo de historia está viendo exactamente.

A pesar de sus defectos, hay algunos momentos que funcionan. La secuencia del ataque en el hospital es tensa y bien coreografiada, con un uso efectivo del sonido para aumentar la presión. Algunas escenas entre Mirta y Robin también tienen destellos de emoción genuina, especialmente cuando ella lucha contra su nueva naturaleza mientras él intenta entender lo que le está pasando.

Pero estos momentos son demasiado escasos como para salvar el filme en su conjunto. Don’t Kill Me es una película que parece no saber exactamente qué quiere ser, atrapada entre varios géneros sin lograr destacar en ninguno. La dirección es inconsistente, las actuaciones carecen de profundidad y la narrativa nunca logra encontrar un rumbo claro.

En comparación con otras películas del género, como Parasite (9.4 MCM Score), que logra equilibrar múltiples elementos narrativos y temáticos de manera magistral, o incluso Past Lives (8.7 MCM Score), que explora temas complejos con una narrativa coherente y actuaciones memorables, Don’t Kill Me queda en un nivel muy bajo. Películas como The Killer (6.8 MCM Score) tienen problemas similares de identidad y dirección inconsistente, pero al menos logran mantener un tono y ritmo más consistentes.

El público al que va dirigida esta película es difícil de determinar. Los fanáticos del terror clásico podrían sentirse decepcionados por la falta de originalidad, mientras que los amantes del drama romántico oscuro probablemente encontrarán el enfoque demasiado superficial. Incluso dentro del subgénero de zombis, Don’t Kill Me no aporta nada nuevo.

En última instancia, Don’t Kill Me es una película que promete más de lo que entrega. Su premisa central—una joven resucitada con instintos asesinos—tiene potencial para explorar temas profundos y emocionantes, pero la dirección de De Sica nunca logra aprovecharlo.

Reparto

Fotos: The Movie Database (TMDB)

  • Federico Ielapi

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