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Old Dads: una sátira fallida sin profundidad emocional

Martin Cid
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La escena inicial de Old Dads (2023) es un golpe bajo: Bill Burr como Jack Kelly, con su rostro desencajado por la indignación, siendo humillado públicamente por la directora de preescolar de su hijo por llegar dos minutos tarde. La cámara se cierne sobre él mientras los otros padres lo miran con una mezcla de compasión y juicio moral. Es un momento incómodo, crudo, y justamente ese es el problema: la película quiere ser una sátira mordaz sobre las tensiones generacionales, pero en lugar de profundizar en esa incomodidad, se conforma con convertirla en un chiste fácil. Y así, desde el primer acto, Old Dads anuncia que su ambición narrativa será tan limitada como el vocabulario emocional de sus personajes.

Dirigida por Burr en su debut detrás de las cámaras y coescrita junto a Ben Tishler, la película sigue a tres amigos de mediana edad—Jack (Burr), Connor Brody (Bobby Cannavale) y Mike Richards (Bokeem Woodbine)—que descubren que el mundo ha cambiado sin ellos. Tras vender su negocio de camisetas retro a una pandilla de millennials, los tres se ven obligados a navegar un entorno laboral donde las reglas han sido reescritas por jóvenes CEOs con nombres como Aspen (Miles Robbins). La premisa es interesante: explorar cómo hombres que crecieron en la era pre-digital lidian con conceptos como la neutralidad de género y el activismo ambiental. Sin embargo, el guion tropieza una y otra vez con su propia rigidez ideológica.

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El mayor problema de Old Dads no es su falta de originalidad—que también existe—, sino su incapacidad para trascender el nivel superficial del humor que propone. La película recurre constantemente a chistes sobre pronombres, sensibilidad política y la generación millennial, muchos de los cuales ya han sido agotados en memes de internet. Es el tipo de comedia que apela a un público muy específico: hombres de mediana edad que se sienten marginados por los cambios sociales y buscan validación para su frustración. El problema es que, al hacerlo, Old Dads reforzará sus prejuicios en lugar de desafiarlos.

Donde la película podría haber brillado es en el desarrollo de sus personajes. Jack, Connor y Mike tienen potencial para ser figuras trágicas—hombres atrapados entre un pasado que ya no existe y un futuro que no entienden—. Sin embargo, el guion los reduce a caricaturas: Jack es el gruñón, Connor el mediador y Mike el soltero divorciado. Incluso sus interacciones con personajes femeninos—como la esposa de Jack, Leah (Katie Aselton), o la novia embarazada de Mike, Britney (Reign Edwards)—carecen de profundidad. Las mujeres en Old Dads existen principalmente como obstáculos para el progreso de los protagonistas masculinos, lo que solo refuerza la narrativa misógina que la película pretende satirizar.

La dirección de Burr es competente pero carece del pulso narrativo necesario para elevar el material. Hay momentos en los que la cámara parece perdida, especialmente durante las escenas de transición entre subtramas. La película salta de un conflicto laboral a un problema familiar sin una conexión clara, lo que hace que la narrativa se sienta fragmentada. Incluso cuando intenta ser visualmente creativa—como en la escena del armadillo, donde el amigo eremita Ed Cameron (interpretado por un actor no creditado) aparece repentinamente—, la dirección falla al no establecer un tono coherente.

Donde Old Dads sí funciona es en su elenco. Burr transmite bien la exasperación de Jack, aunque su interpretación carece del matices que podrían haber elevado al personaje de un estereotipo gruñón a algo más humano. Cannavale y Woodbine, por otro lado, aportan química y momentos de comedia auténtica, especialmente en sus interacciones con el joven empleado Travis (Robbins). Sin embargo, incluso estos momentos se ven lastrados por el guion. La escena del casino, por ejemplo, tiene potencial para ser hilarante, pero la película no logra capitalizarlo debido a su ritmo irregular y su falta de cohesión narrativa.

La subtrama de Mike y Britney es particularmente problemática. La película intenta explorar temas como la paternidad tardía y las relaciones intergeneracionales, pero lo hace de manera superficial. La relación entre Mike y Britney se siente forzada, como si hubiera sido añadida para añadir diversidad al elenco pero sin un desarrollo orgánico. Y aunque la escena del strip club proporciona algunos momentos de comedia física, carecen de la profundidad necesaria para sentir que son parte de una historia más grande.

Old Dads también tropieza en su intento de ser una crítica social. La película quiere atacar la hipocresía de los millennials y sus valores políticos, pero termina siendo un collage de bromas sobre diferencias generacionales que no añaden nada nuevo a la conversación. Es el tipo de comedia que apela a la nostalgia de un público específico, pero que carece del alcance necesario para trascender su nicho.

En definitiva, Old Dads tiene momentos brillantes y un elenco talentoso, pero se ve lastrada por un guion débil y una dirección que no logra equilibrar el humor con la profundidad narrativa.

Reparto

Fotos: The Movie Database (TMDB)

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