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Old: una carrera contra el tiempo fallida

Martin Cid

Imagina la escena: una familia disfrutando de un día soleado en una playa paradisíaca, las risas de los niños se mezclan con el sonido de las olas. De repente, la piel comienza a arrugarse, el pelo a encanecer, y lo que debería ser un breve descanso se convierte en una carrera contra el tiempo. Así arranca Old (2021), el último thriller de M. Night Shyamalan, una distopía horripilante donde el reloj biológico se acelera hasta reducir vidas enteras a pocas horas.

Basada en la novela gráfica suiza Sandcastle, la película sigue a Gael García Bernal y Vicky Krieps como Guy y Prisca, una pareja en crisis que, junto a sus hijos Trent (Alex Wolff) y Maddox (Thomasin McKenzie), descubre que la arena de esta playa remota acelera el proceso de envejecimiento. Shyamalan, conocido por su dominio del suspense y los giros argumentales, construye aquí una historia claustrofóbica donde el verdadero monstruo es el tiempo mismo.

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Donde Old brilla es en su atmósfera opresiva y la dirección visual. La playa, filmada con planos angustiantes que enfatizan la soledad de los personajes, se convierte en un personaje más: hermosa pero letal. Shyamalan juega con el ritmo de manera inteligente, alternando momentos de calma tensa con explosiones de violencia inesperadas. La escena del colapso de Chrystal (Abbey Lee), por ejemplo, es perturbadora precisamente porque rompe la monotonía del horror cotidiano que domina gran parte del metraje.

Sin embargo, el guion adolece de algunos problemas estructurales. El ritmo irregular hace que ciertos momentos pierdan impacto: hay secuencias emotivas, como el reencuentro entre padre e hijo, que se sienten apresuradas o forzadas por la premisa en lugar de orgánicas. Además, aunque los saltos temporales son ingeniosos, a veces dificultan la conexión emocional con los personajes. Thomasin McKenzie, por ejemplo, tiene un arco que podría haber sido más conmovedor si el tiempo (nunca mejor dicho) le hubiera permitido desarrollarse.

El reparto, en general, cumple con solidez. Gael García Bernal destaca como Guy, transmitiendo con gestos sutiles la desesperación de un padre atrapado en una pesadilla sin salida. Vicky Krieps, aunque su personaje no tiene tanto peso narrativo, logra ser convincente en los momentos clave. Rufus Sewell, como el villano Charles, aporta una presencia inquietante que equilibra bien el tono de la película.

Donde Old tropieza es en su falta de originalidad dentro del catálogo de Shyamalan. Comparada con obras anteriores como The Sixth Sense o Signs, le faltan capas temáticas profundas: aquí, el mensaje sobre la fugacidad de la vida y las relaciones familiares se queda en un nivel superficial. Además, aunque el giro final es ingenioso (típico del director), no llega a justificar del todo los vacíos argumentales previos.

Old es una película que, como su premisa, parece más larga de lo que realmente es. Tiene momentos brillantes—la fotografía, la banda sonora minimalista, algunas interpretaciones—, pero también flaquea en coherencia emocional y profundidad temática.

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