Cine

Almodóvar deja sin resolver en Amarga Navidad quién inventa a quién

Molly Se-kyung

La nueva película de Almodóvar abre una puerta entre dos habitaciones y se niega a cerrarla. En una está Elsa, directora de publicidad, que acaba de perder a su madre y vuelve de inmediato al trabajo, como si el duelo fuera un plazo de entrega que pudiera esquivar. En la otra, un cineasta llamado Raúl Durán trabaja en un guion sobre una mujer que hace exactamente eso. Amarga Navidad vive en el corte entre ambas habitaciones, y en la decisión de Almodóvar de no decirnos nunca, con claridad, cuál de los dos está inventando al otro.

Esa negativa es toda la apuesta. La historia de Elsa y la del director que quizá la está escribiendo avanzan en paralelo hasta que el paralelo deja de ser la palabra honesta. El teaser entrega la acusación sin suavizarla: estás confundiendo la ficción con la realidad. Al principio suena a un personaje advirtiendo a otro. Luego parece la película hablando consigo misma, y un cineasta dando vueltas a la pregunta que nunca abandona: cómo se fabrica una emoción y qué cuesta fabricarla bien.

YouTube video

Los rostros del teaser son el argumento. Bárbara Lennie construye a Elsa desde la compostura contenida, una mujer convencida de que funcionar equivale a sostenerse, y completamente equivocada. Leonardo Sbaraglia encarna al director, Raúl Durán, cuyo bloqueo creativo se alimenta del duelo de la trama vecina. Alrededor de Elsa, Almodóvar coloca a las personas tras las que uno se esconde: Aitana Sánchez-Gijón como Mónica, Victoria Luengo como Patricia, la amiga que la saca de Madrid, y Patrick Criado como Bonifacio, la pareja que se queda. Ninguno sobreactúa. Es un reparto capaz de sostener un primer plano sin explicarlo.

Hay un chiste enterrado en el oficio de Elsa, y la película lo sabe. Dirige anuncios. Fabrica ficciones breves y persuasivas, de las diseñadas para que un desconocido sienta algo a la hora exacta. El duelo es lo único que no puede poner en escena, ni montar, ni venderse a sí misma en treinta segundos. Así que sigue trabajando, porque el trabajo es el lugar donde la emoción se mantiene manejable, y la película observa cómo esa estrategia se desmorona en pequeños incrementos reconocibles.

Es Almodóvar en su registro reciente: mujeres al borde de sí mismas, el duelo tratado primero como un problema logístico y solo después como una herida, y la maquinaria del cine arrastrada al encuadre como un personaje más. Varios de los títulos internacionales de la película prescinden de la Navidad y la llaman directamente Autofiction. No es un capricho de la distribuidora. El director lleva su obra reciente apretando la costura donde una vida y el relato que se hila a partir de ella dejan de ser separables, y aquí ya no finge que la costura esté oculta.

El motor es un viaje. Cuando un ataque de pánico por fin detiene a Elsa, deja Madrid y vuela a Lanzarote con Patricia mientras Bonifacio se queda. La llanura volcánica de la isla, roca negra y cielo abierto, no es el interior frondoso y saturado por el que se reconoce a Almodóvar, y el cambio se lee como deliberado. Una mujer que ha pasado la película escondida en el trabajo aterriza en un sitio donde ya no queda dónde esconderse. Entretanto, la trama del director sigue escribiendo hacia ella, o desde ella, según qué habitación decidas creer.

Lo que la película se guarda es si el espejo aguanta. La autoficción es una estructura generosa para un director que examina su propio método, y también indulgente: puede vestir el ensimismamiento de rigor y llamar honestidad al resultado. El teaser que más circula es una promo subtitulada pensada para el público estadounidense, y sin embargo no hay tras él una fecha de estreno en Estados Unidos, y en varios mercados grandes el lanzamiento sigue sin anunciarse. La muestra de espectadores es todavía escasa. Nada de eso resuelve la pregunta de fondo: si el paralelo entre Elsa y su posible autor cuaja en algo o solo se admira desde dos ángulos a la vez. El planteamiento es fácil de enunciar. Es lo más difícil de dramatizar de toda la película.

Almodóvar dirige a partir de su propio guion. Bárbara Lennie encabeza el reparto como Elsa, con Leonardo Sbaraglia como el cineasta Raúl Durán, Aitana Sánchez-Gijón como Mónica, Victoria Luengo como Patricia y Patrick Criado como Bonifacio. La película dura 112 minutos y se mueve entre el drama y esa comedia seca y magullada que es su propio registro, donde un funeral y un remate pueden compartir escena sin que ninguno pestañee.

Amarga Navidad se estrenó en España el 20 de marzo y desde entonces ha llegado a las salas de Francia e Italia. El 28 de mayo se expande por Latinoamérica, con estrenos en Argentina, Brasil y México, y a lo largo del año alcanza el resto: Alemania el 30 de julio, Reino Unido e Irlanda el 28 de agosto, Suecia el 18 de septiembre. No hay fecha confirmada de estreno en Estados Unidos. Para una película sobre la distancia entre una vida y la versión que termina llegando a una pantalla, ese goteo país por país, con meses de diferencia, parece menos un calendario que una parte del guion.

Debate

Hay 0 comentarios.