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Shamshera: un épico caótico sin rumbo claro

Martin Cid Magazine
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Hay una escena en Shamshera (2022) que resume su ambición desordenada: Ranbir Kapoor, empapado por la lluvia, se balancea colgado de un acantilado mientras grita el nombre de su padre, Shamshera. La imagen es poderosa, pero también ridícula en su exageración. Esta contradicción encapsula el problema central de la película dirigida por Karan Malhotra: quiere ser un drama histórico épico sobre la resistencia tribal contra el colonialismo británico, pero termina siendo una mezcla confusa de acción, romance y melodrama sin rumbo claro.

El filme sigue a Balli (Kapoor), un joven miembro de la tribu Khameran en 1896, quien sueña con unirse a la policía colonial. Cuando se ve obligado a demostrar su lealtad mediante actos de violencia injustificada, descubre el legado de su padre, Shamshera (también Kapoor), un líder tribal traicionado y ejecutado por los británicos décadas antes. La estructura narrativa alterna entre 1871, mostrando la lucha de Shamshera contra los colonizadores, y 1896, donde Balli se convierte en una especie de vengador enmascarado. Esta división temporal promete profundidad, pero en la práctica crea un ritmo irregular que dificulta la conexión emocional con los personajes.

Donde Shamshera logra destacar es en sus actuaciones. Ranbir Kapoor ofrece un desempeño sólido en ambos roles, aunque su interpretación de Balli a veces carece de la intensidad necesaria para vender el arquetipo del héroe trágico. En las escenas donde Balli descubre la verdad sobre su padre y decide rebelarse contra los británicos, Kapoor transmite una determinación convincente, pero su actuación flaquea cuando la película exige matices emocionales más sutiles. Por ejemplo, en los momentos de tensión entre Balli y Sona (Vaani Kapoor), su química parece forzada, como si estuviera repitiendo gestos aprendidos de películas anteriores.

Sanjay Dutt roba cada escena como Daroga Shuddh Singh, el villano principal: su presencia física y su sonrisa siniestra recuerdan a los antagonistas clásicos de Bollywood, pero con un toque moderno de sadismo calculado. Dutt equilibra perfectamente la crueldad del personaje con momentos de humor negro, especialmente en las escenas donde manipula a los británicos para sus propios fines. Su actuación es el recordatorio más claro de lo que Shamshera podría haber sido: una sátira política afilada o un drama histórico visceral.

Vaani Kapoor como Sona, una bailarina que se convierte en aliada clave para Balli, aporta un contraste necesario al tono general oscuro del filme. Su personaje es uno de los pocos que evita caer en el melodrama exagerado, aunque su arco narrativo parece más decorativo que esencial. Kapoor maneja bien las escenas de comedia y acción, pero la película no le da suficiente espacio para desarrollar a Sona más allá de un interés romántico conveniente.

El mayor problema de Shamshera es su guion. La historia intenta abordar temas serios como el colonialismo, la opresión de castas y la lucha por la dignidad humana, pero lo hace con una mano torpe. Las escenas políticas—como cuando los británicos negocian con los líderes locales para exterminar a los Khameran—carecen del peso dramático necesario. En lugar de explorar estas ideas con profundidad, la película recurre a clichés: el salvador que se sacrifica por su pueblo, el romance improvisado entre Balli y Sona, y un villano cuya maldad parece más caricaturesca que orgánica.

La dirección de Karan Malhotra es competente pero carece del pulso seguro que define a los grandes directores de acción. Las secuencias de pelea son visualmente impresionantes—especialmente el asalto al fuerte británico—but they often feel disconnected from the emotional core of the story. La fotografía, aunque técnicamente sólida, no logra capturar la atmósfera opresiva del período colonial. Las canciones, un elemento tradicional en las películas de Bollywood, interrumpen el flujo narrativo sin aportar nada sustancial a la trama.

Shamshera parece dirigida a dos audiencias: los fans de acción espectacular y los espectadores que buscan una narrativa histórica más profunda. Sin embargo, no satisface plenamente a ninguno de los dos grupos. Para los amantes del género, las escenas de lucha son entretenidas pero predecibles; para aquellos interesados en el drama histórico, la trama carece de la complejidad necesaria.

La película también falla en su intento de ser una crítica al colonialismo. Aunque muestra la brutalidad británica y la corrupción de los colaboradores indios, nunca explora las contradicciones morales de sus propios personajes. Balli, por ejemplo, quiere unirse a la policía colonial pero también roba a los ricos para ayudar a los pobres—una dicotomía que nunca se resuelve de manera convincente.

Shamshera es una película con buenas intenciones y momentos memorables, pero su ejecución fallida la convierte en un esfuerzo olvidable. La dirección indecisa, el guion confuso y las actuaciones desiguales impiden que alcance su potencial.

La película podría haber beneficiado de una visión más clara de lo que quería ser: ¿una épica histórica, un thriller de acción o un drama político? En su lugar, Shamshera intenta abarcar demasiado y termina siendo un pastiche de géneros. La estructura narrativa, aunque innovadora en teoría, resulta engorrosa en la práctica. Los saltos entre 1871 y 1896 no solo distraen del desarrollo emocional de los personajes, sino que también diluyen el impacto de las escenas clave.

La dirección de arte es otro aspecto donde Shamshera tropieza. Si bien los decorados y vestuarios son visualmente atractivos, carecen del realismo histórico necesario para sumergir al espectador en la época. Los trajes británicos, por ejemplo, parecen más apropiados para una producción teatral que para un filme ambientado en el siglo XIX.

El sonido y la banda sonora también son áreas problemáticas. Las canciones, aunque bien coreografiadas, no se integran orgánicamente en la narrativa. En lugar de avanzar la trama o profundizar en los personajes, sirven principalmente como pausas entre las escenas de acción. La banda sonora, por otro lado, es funcional pero carece del impacto emocional que podría haber elevado las secuencias más dramáticas.

Shamshera fue un fracaso de taquilla, y no es difícil entender por qué. La película intenta abarcar demasiado sin ofrecer nada distintivo. En un año lleno de dramas históricos bien ejecutados—como RRR—Shamshera se siente como una imitación pálida de lo que podría haber sido.

A pesar de sus defectos, Shamshera no carece completamente de mérito. La actuación de Sanjay Dutt es un recordatorio del poder de un buen villano, y Ranbir Kapoor demuestra una vez más su versatilidad como actor. Las escenas de acción son técnicamente sólidas y ofrecen momentos de entretenimiento puro.

Sin embargo, estos aspectos positivos no son suficientes para redimir los muchos problemas de la película. Shamshera es un ejemplo de cómo buenas intenciones y talento no siempre se traducen en una buena película.

Reparto

Fotos: The Movie Database (TMDB)

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