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Sympathy for the Devil: Cage y Kinnaman brillan en un thriller claustrofóbico

Martin Cid
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Imagina un coche acelerando por una carretera desierta bajo la lluvia, los faros iluminando apenas unos metros adelante. Dentro, Joel Kinnaman clava sus dedos en el volante mientras Nicolas Cage, con esa mirada desquiciada que solo él puede lograr, le apunta a la cabeza con una pistola. «¿Qué tal si te cuento una historia, David?», dice Cage, y así comienza Sympathy for the Devil (2023), el thriller psicológico de Yuval Adler que transforma un viaje en coche en una pesadilla claustrofóbica llena de giros inesperados.

La película, estrenada el 28 de julio de 2023 por RLJE Films tras su paso por el Fantasia International Film Festival, es un ejercicio de suspense que prioriza la tensión psicológica sobre los golpes de acción pura. Aunque algunos críticos han señalado que le falta el ritmo frenético de otros thrillers del género (The Action Elite), lo cierto es que esa decisión estilística es intencional: Adler busca crear una atmósfera opresiva, donde cada silencio entre Cage y Kinnaman pesa más que cualquier explosión. Y en eso, la película triunfa.

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El núcleo del filme es la química entre sus dos protagonistas. Kinnaman, como David (el Conductor), ofrece un rendimiento sólido pero contención, interpretando a un hombre común atrapado en una situación extraordinaria. Su actuación es el ancla emocional de la película, y aunque no tiene los momentos más memorables, su capacidad para transmitir miedo y desesperación es palpable. Sin embargo, es Cage quien roba cada escena. Desde su entrada en pantalla, con esa mezcla de carisma y locura que lo ha convertido en una leyenda del cine, el actor domina la película. Su interpretación del Pasajero es un tour de force (si se me permite el cliché) de matices: oscila entre lo cómico y lo aterrador, entre lo filosófico y lo grotesco.

El guión de Luke Paradise es inteligente en su simplicidad. La premisa —un hombre secuestrado por un desconocido que parece saber demasiado— no es nueva, pero la ejecución es fresca. Paradise juega con las expectativas del espectador, mezclando elementos de suspense, terror y drama criminal. Hay momentos brillantes, como cuando el Pasajero le cuenta a David la historia del libro mayor en Brooklyn, revelando poco a poco su conexión con él. Esos instantes de tensión narrativa son donde la película brilla más.

Sin embargo, Sympathy for the Devil no es perfecta. A pesar de sus méritos, la película tiene algunos problemas estructurales que le impiden alcanzar un nivel superior. Uno de los principales es el ritmo. Aunque Adler mantiene una atmósfera tensa durante gran parte del metraje, hay momentos en los que la película se estanca, especialmente cuando el Pasajero y David entablan discusiones filosóficas sobre el bien y el mal. Estas escenas, aunque interesantes, a veces ralentizan el ritmo de la película.

Otro problema es el final. Después de construir una tensión tan palpable durante casi toda la película, el tercer acto se precipita hacia un desenlace que deja varias preguntas sin respuesta. No es tanto que el final sea malo, sino que parece apresurado en comparación con el resto del filme. Es como si Paradise y Adler hubieran decidido concluir la historia antes de que realmente estuviera lista.

Técnicamente, Sympathy for the Devil es competente pero no innovadora. La cinematografía, aunque adecuada, no destaca por nada en particular. Los planos cerrados dentro del coche son efectivos para crear claustrofobia, pero faltan momentos visualmente impactantes que marquen la diferencia. La banda sonora y el diseño de sonido podrían haber sido más audaces para realzar la atmósfera opresiva.

Donde la película sí destaca es en su exploración de temas universales como la culpa, la redención y la identidad. El Pasajero no es solo un villano; es un hombre atormentado por su pasado, buscando desesperadamente una forma de expiar sus pecados. David, por otro lado, representa al hombre común que se ve obligado a enfrentar situaciones extraordinarias. La dinámica entre ellos es fascinante, y aunque la película no profundiza tanto como podría en estos temas, ofrece suficiente material para reflexionar.

Sympathy for the Devil es una película dirigida a los fans del thriller psicológico clásico, aquellos que disfrutan de la tensión narrativa por encima de los efectos especiales. Es un filme íntimo, casi teatral, donde el duelo entre Cage y Kinnaman es el verdadero espectáculo. No es una película para todos, pero quienes aprecian el suspense bien construido y las actuaciones memorables encontrarán mucho que admirar en ella.

En última instancia, Sympathy for the Devil es un thriller sólido que destaca por la actuación de Nicolas Cage y su guión inteligente. Aunque tiene algunos problemas de ritmo y estructura, ofrece suficiente tensión y momentos memorables para mantener al espectador enganchado.

Reparto

Fotos: The Movie Database (TMDB)

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