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The Night House (2020): la viuda, el lago y la casa que dejó un arquitecto

Martin Cid

El thriller de David Bruckner deja a Rebecca Hall sola en la casa lacustre que diseñó su marido y permite que el edificio lleve buena parte del relato. El resultado es una historia de fantasmas de combustión lenta que se gana sus sustos sin teatralidad.

Beth (Rebecca Hall) es una viuda reciente. Su marido, un arquitecto, acaba de quitarse la vida y la deja sola en la casa junto al lago que él diseñó y construyó para ella. Intenta beber, dormir y trabajar para sobrellevar los peores días. La casa no la deja: pasos en habitaciones vacías, música que ella no puso, un sueño recurrente que vuelve siempre a la misma puerta. Contra el consejo de sus amistades más cercanas, empieza a abrir cajones y carpetas que su marido habría preferido dejar cerrados.

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The Night House fue dirigida por David Bruckner a partir de un guion de Ben Collins y Luke Piotrowski, con David S. Goyer como productor y Searchlight Pictures como distribuidora. Se estrenó en el Festival de Sundance en enero de 2020 y llegó al público amplio en plataformas digitales y de streaming en octubre de 2021. El rodaje principal se hizo en torno a Syracuse, Nueva York, y el lago fuera de temporada le da peso real a la ambientación: árboles desnudos, luz gris y baja, un embarcadero que siempre parece medio abandonado.

La película se apoya en Rebecca Hall del modo en que una obra de teatro se apoya en un único intérprete sobre un único decorado, y ella la sostiene. Hay tramos largos, casi de monólogo, que la dejan a solas con la cámara; juega la viudez, la ironía, la rabia súbita y el miedo sordo en sucesión rápida y sin anunciar el siguiente paso. El guion, por su parte, se niega a explicar de más qué hacía su marido en sus horas libres. Beth descubre las cosas en el orden en que las encuentra, y el público se entera con ella, no por delante.

La nota de oficio que se queda contigo es el sonido. Bruckner y su equipo construyen tensión a partir del espacio negativo: un disco que salta en una habitación vacía, una pisada sobre una tarima de madera, una pared que no devuelve el eco como debería. La fotografía acompaña: planos generales limpios del lago al anochecer, después encuadres cerrados súbitos que convierten las esquinas de la casa en sospechosas. La banda sonora es austera; los silencios trabajan más que la mayoría de partituras del género.

Como entrada en el terror, The Night House se sitúa en el rincón más callado y psicológico del género, lejos de la fábrica del susto fácil. Hay sobresaltos, pero están repartidos con cuentagotas y ganados por lo que viene antes. La película se mantiene fiel a su idea central: lo que persigue a Beth podría no ser sobrenatural en absoluto, o podría ser sobrenatural y arquitectónico a la vez. La revelación, cuando llega, inquieta más de lo que libera, y eso parece deliberado.

Cinco años después, The Night House aguanta como un terror de cámara a pequeña escala que se toma en serio su premisa y le da a Rebecca Hall un papel suficiente para llenar la pantalla. Premia una noche a solas con las luces bajas y el volumen alto, y premia más todavía un segundo visionado, una vez se conoce el truco de la geometría.

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