Cine

El secreto de las promesas vacías: un drama familiar decepcionante

Veronica Loop
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The Secret: Dare to Dream comienza con una imagen que promete más de lo que cumple: Katie Holmes como Miranda Wells, una viuda agotada, lucha por reparar su techo mientras una tormenta azota su casa en Nueva Orleans. La cámara se enfoca en los detalles—la ropa empapada, las manos temblorosas, el sonido del viento—, pero rápidamente abandona esta promesa de intimidad para sumergirse en un mar de clichés del pensamiento positivo.

Dirigida por Andy Tennant (Sweet Home Alabama), esta adaptación del libro de autoayuda The Secret de Rhonda Byrne (2006) es un intento fallido de equilibrar drama romántico y filosofía New Age. La premisa es simple: Miranda, una viuda con tres hijos, conoce a Bray Johnson (Josh Lucas), un profesor universitario que le enseña el poder del pensamiento positivo para manifestar deseos. Sin embargo, la película nunca logra decidir si quiere ser un melodrama familiar o un manual de superación personal.

Lo poco que funciona en The Secret: Dare to Dream es la química entre Holmes y Lucas. Holmes, con su mirada cansada pero esperanzadora, logra transmitir la vulnerabilidad de Miranda sin caer en lo melodramático. Josh Lucas, por su parte, evita que Bray caiga en el estereotipo del gurú New Age gracias a su encanto natural y su capacidad para entregar líneas absurdas con convicción. Sin embargo, estos destellos son demasiado escasos.

El mayor fallo de la película es su estructura descuidada. La primera mitad se arrastra con diálogos expositivos y escenas redundantes. Por ejemplo, la tormenta que azota la casa de Miranda, en lugar de ser un clímax emocional, se convierte en una excusa para que Bray aparezca como el héroe de turno. La resolución del conflicto con Tucker (Jerry O’Connell), el novio controlador y egoísta, es tan abrupta que parece sacada de otro guion. Después de construir lentamente la tensión entre Miranda y Tucker, la película lo resuelve en un par de escenas sin ningún desarrollo emocional convincente.

La dirección de Tennant carece de pulso narrativo. Las transiciones entre escenas son bruscas, los planos no tienen coherencia visual y la banda sonora—con su insistente uso de violines empalagosos—anula cualquier intento de crear tensión o intimidad. La película también cae en el cliché del «final feliz forzado»: de repente, Miranda y sus hijos se mudan con Bray a Tennessee, y todo es color de rosa. Este tipo de resolución simplista ignora las complejidades emocionales que la historia podría haber explorado.

Otro problema es la falta de profundidad en los temas que intenta abordar. Donde The Secret: Dare to Dream podría haber explorado el duelo, la resiliencia o incluso las contradicciones del pensamiento positivo, termina siendo una colección de mensajes superficiales. La escena en la que Bray le dice a Miranda que «el universo te dará lo que pidas si lo crees» suena más a eslogan de motivación barata que a diálogo con peso emocional.

En el reparto, Jerry O’Connell como Tucker roba algunas escenas con su interpretación exagerada pero efectiva del novio poseso. Celia Weston, como Bobby (la suegra de Miranda), aporta un toque de realidad en medio del caos New Age. Sin embargo, incluso estos pequeños aciertos no compensan la falta de profundidad en el guion.

El filme fue lanzado en 2020 a través de video on demand y en cines selectos en varios países (Roadside Attractions y Gravitas Ventures). A pesar de su elenco y dirección, no logró destacar en la taquilla ni en la crítica. Esto no es sorprendente dado el historial de Tennant, cuyo trabajo anterior (Sweet Home Alabama, Anna and the King) a menudo se caracteriza por su enfoque en narrativas convencionales y finales felices.

Comparado con otras películas del mismo género, The Secret: Dare to Dream palidece. Películas como Past Lives (2023), que explora temas similares de amor, pérdida y redención, lo hacen con una sensibilidad mucho más refinada y un guion que respeta la inteligencia del espectador. En cambio, The Secret: Dare to Dream parece dirigido a un público específico: aquellos que buscan confirmación de sus creencias en el pensamiento positivo sin cuestionarlas.

El filme también sufre de una identidad visual confusa. Tennant no logra establecer un tono coherente. Las escenas familiares tienen un aire de comedia ligera, mientras que los momentos románticos intentan ser dramáticos pero caen en lo melodramático. La fotografía es funcional pero carece de estilo distintivo, y la edición es torpe, con saltos entre escenas que no fluyen naturalmente.

En cuanto a la actuación, Katie Holmes hace lo mejor que puede con un material limitado. Su interpretación es sólida, aunque el guion no le permite explorar plenamente las capas emocionales de su personaje. Josh Lucas, por otro lado, tiene momentos de brillantez pero también cae en lo predecible. Jerry O’Connell y Celia Weston son los únicos que logran destacar, pero sus papeles son demasiado pequeños para compensar las deficiencias generales del filme.

El mayor problema de The Secret: Dare to Dream es su falta de originalidad. La película no ofrece nada nuevo ni en términos de narrativa ni de temática. Se siente como una mezcla de ideas ya vistas en otras películas, sin aportar ninguna perspectiva fresca. Incluso los temas centrales—el poder del pensamiento positivo y la importancia de creer en uno mismo—son tratados de manera superficial.

En resumen, The Secret: Dare to Dream es un filme decepcionante que promete más de lo que cumple. A pesar de algunos momentos de química entre Holmes y Lucas, y actuaciones destacadas de O’Connell y Weston, la película carece de una narrativa coherente, una dirección sólida y una exploración profunda de sus temas.

Reparto

Fotos: The Movie Database (TMDB)

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