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Made in Italy: una promesa sin profundidad

UYna comedia agradable, simpática light... sin complicaciones
Elisabeth Plank
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La primera vez que vemos la villa italiana en Made in Italy (2020), está cubierta por una capa de polvo y años de abandono, con las paredes descascaradas y los muebles rotos. Es una imagen poderosa, cargada de simbolismo: esa casa no es solo un edificio, sino el corazón del conflicto entre Robert (Liam Neeson) y su hijo Jack (Micheál Richardson). El director James D’Arcy, en su debut detrás de cámaras, elige este plano para establecer el tono de la película—una historia sobre la reparación, tanto física como emocional. Pero ese potencial inicial se desvanece rápidamente en una narrativa que nunca logra profundizar lo suficiente.

La premisa es sencilla pero prometedora: un artista bohemio y su hijo estrangado viajan desde Londres a Italia para vender la casa heredada de la esposa y madre fallecida. El elenco, liderado por Neeson y su hijo en la vida real, Richardson, tiene una química palpable que se nota en cada interacción. Valeria Bilello como Natalia, la vecina italiana, y Lindsay Duncan como Kate, la exesposa de Robert, aportan capas adicionales a la trama, aunque sus personajes quedan subutilizados. El guion, también escrito por D’Arcy, tiene momentos de sinceridad emocional, especialmente en las escenas entre Neeson y Richardson, donde el dolor del duelo y la distancia familiar se sienten reales.

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Sin embargo, el mayor problema de Made in Italy es su narrativa superficial. La película intenta equilibrar el drama familiar con elementos de comedia romántica y un toque de cine de restauración, pero nunca logra encontrar un ritmo coherente. Las escenas de restauración de la casa son visualmente agradables—D’Arcy aprovecha bien los paisajes toscanos y las casas de campo italianas—but fallan en conectarse emocionalmente con el público. Hay una falta de conflicto real que mantenga al espectador enganchado. El viaje emocional de Robert y Jack debería ser el centro de la película, pero el guion nunca explora sus miedos, esperanzas o conflictos internos con la profundidad necesaria.

La dirección de D’Arcy es competente pero carece de originalidad. Hay momentos en los que la cámara captura bellamente el paisaje italiano, como un plano amplio de la villa al atardecer, pero estos instantes se pierden entre una estructura narrativa predecible y diálogos que a menudo caen en lo genérico. La película intenta evocar emociones a través de clichés visuales—como las escenas de comida italiana o los paseos por los viñedos—but nunca logra trascender el nivel superficial.

El sonido y la música también son puntos débiles. La banda sonora es demasiado convencional, utilizando clichés musicales para intentar evocar emociones que el guión no logra transmitir por sí mismo. Los efectos de sonido durante las escenas de restauración son realistas pero carecen de impacto emocional. Hay una escena en particular, donde Robert y Jack discuten en la cocina, que podría haber sido un momento clave en su relación, pero el sonido ambiente y la música de fondo distraen en lugar de sumergir al espectador en la tensión del diálogo.

El tema central de Made in Italy—la reconciliación familiar—es relevante y universal. La película se dirige a un público que busca historias familiares conmovedoras con un toque de humor y romance. Sin embargo, el enfoque de D’Arcy es demasiado ligero para abordar temas tan profundos. Hay momentos en los que la película toca brevemente la complejidad del duelo y la paternidad, pero nunca se sumerge lo suficiente.

En comparación con otras películas del mismo género, como The Big Chill (1983) o Little Miss Sunshine (2006), Made in Italy palidece. Estas películas logran equilibrar el drama y la comedia con una narrativa más sólida y personajes mejor desarrollados. Made in Italy podría haber aprendido de ellas, especialmente en cómo manejar las dinámicas familiares y los conflictos internos.

A pesar de sus fallos, Made in Italy tiene momentos de ternura genuina entre Neeson y Richardson. La relación padre-hijo es el corazón de la historia, y hay escenas en las que su dinámica se siente auténtica y conmovedora. Sin embargo, estos momentos son demasiado escasos para salvar una narrativa que, en general, se siente superficial y predecible.

La película también intenta aprovechar el atractivo del «Made in Italy», un sello de calidad reconocido a nivel mundial. La villa, los paisajes toscanos y la cultura italiana son elementos visualmente atractivos, pero la película nunca explora lo que significa realmente ser «Made in Italy» más allá de su superficie. Hay una escena en la que Robert y Jack visitan un mercado local, donde se muestra la artesanía italiana, pero esta exploración cultural queda sin desarrollo.

En resumen, Made in Italy es una película con buen corazón pero ejecutada con falta de ambición. Tiene todos los ingredientes para ser una historia conmovedora sobre la familia y el duelo, pero nunca logra cocinarlos correctamente.

Reparto

Fotos: The Movie Database (TMDB)

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